Los piratas de la droga: Parte uno

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Ecuador se ha convertido en un punto de transborde marítimo para traficantes colombianos y mexicanos. Los barcos pesqueros son secuestrados o utilizados como estaciones de servicio, y los puertos, el mayor punto débil para el gobierno de Rafael Correa.

Marco Sánchez se dedicó durante años a cargar cubetas llenas de pescado desde los botes de sus colegas hasta la orilla de la playa en Jaramijó, un pequeño poblado al lado de San Pablo de Manta o Manta, como se le llama comúnmente a este municipio de la provincia de Manabí, una de las ciudades portuarias más importantes de Ecuador.

Marco los limpiaba y llevaba al centro para venderlos, hasta que un día le ofrecieron ser cocinero de un barco pesquero. Tenía 24 años y un hijo. Hacía tiempo que estaba cansado de limpiar pescado y enseguida aceptó el trabajo, aunque su padre, un marinero retirado, le había advertido sobre los peligros del mar: las tormentas, los 18 días o más sin tocar tierra, las enfermedades, los problemas mecánicos. Y sí, también los narcotraficantes.??

*Este artículo fue publicado originalmente en Domingo de El Universal, y publicado con el permiso de los autores. Lea el original aquí. Este es el primero de una serie de dos partes.

En los últimos años los marineros contaban en los puertos de Ecuador historias sobre los narcos, piratas con AK-47 que asaltaban barcos en medio de la noche, los secuestraban para transportar droga o les robaban la gasolina y víveres dejándolos solos en medio de la nada hasta que otro pesquero los rescataba. Según esos relatos, algunos seducían a los pescadores con grandes cantidades de dinero. Aquellos que se enfrentaban a ellos nunca regresaban a tierra.

Marco no titubeó. Decidió integrarse a la tripulación en la que trabajaba su primo Jorge en busca de tollos, peces que abundan en el mar peruano. Su madre había muerto recientemente en Guayaquil, así que el dinero le vendría bien para apoyar a su familia. Cualquier cosa era mejor que vender pescado mientras sus amigos regresaban de altamar.

??Una noche oscura, un par de meses después, una pequeña embarcación que supuestamente necesitaba auxilio los abordó. Subieron siete hombres armados. Escondido y sin decir una palabra, Marco Sánchez observó cómo cargaban el barco con paquetes plastificados y maletas llenas de dinero.??

—¡O nos ayudan o aquí se quedan! —sentenció uno de los hombres con acento colombiano.

??Los pescadores se sometieron frente los asaltantes, que los acercaron hasta otro barco donde dejaron la mercancía. Llevaban radios y sabían perfectamente las coordenadas donde se encontraban. La pequeña embarcación, supuestamente averiada, quedó abandonada.??

Antes de bajar, los narcotraficantes le ofrecieron un trato al cocinero novato:??

—Ven a cocinar para nosotros. Vas a tener más dinero del que jamás te imaginaste…

??Marco Sánchez se quedó callado. Los piratas bromearon diciendo que probablemente no cocinara tan bien y se fueron. Él no recuerda nunca haber tenido tanto miedo. Sólo imaginaba que en cualquier momento lo tirarían por la borda.

??—Si uno se mete a eso ganas mucho dinero, pero sólo hay dos salidas: o pierdes la vida o la pasas en la cárcel —afirma el ex cocinero, un hombre delgado, con un bigote de tres días y ojos achinados, que se retiró hace un par de años y hoy trabaja en una lancha-taxi llevando a gente de un barco a otro a las orillas de Jaramijó. Su primo Jorge se fue con los narcotraficantes.

Cuando se adueñaron del mar

Jaramijó huele a pescado. Todo el pueblo gira en torno al mar. Su costa está llena de atuneros, camaroneros, pangas y lanchas rápidas. Los hombres de piel curtida y manos callosas arreglan redes y se preparan para su próxima salida. Se dice que los ecuatorianos de esta zona preservan la misma virtud que sus antepasados —los Hara-miasus y los Hara-way, tribus polinesias que se asentaron aquí hace siglos— de poder navegar a mar abierto durante semanas y regresar sin brújula.??

En Jaramijó y en su vecina Manta, donde se encuentra uno de los puertos más importantes del país, así como en otros puntos clave de la costa ecuatoriana como Guayaquil, Bolívar o Puerto Esmeraldas, el narcotráfico se ha instalado desde hace varios años. Hasta 2009, se encontraba en Manta el Puesto de Operaciones de Avanzada de Estados Unidos (FOL por sus siglas en inglés), que durante 10 años realizó unas 7 mil 726 operaciones contra el tráfico de drogas en 11 países del Pacífico y llegó a hundir hasta 46 barcos comerciales en la costa ecuatoriana por su supuesta participación en este ilícito, según la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos. El actual gobierno de Rafael Correa decidió no renovar el convenio que Ecuador mantenía con los Estados Unidos desde hacía una década y cerrar la base para hacer de la lucha contra el narcotráfico un asunto nacional, tal como Venezuela y Bolivia, que también prescinden de la ayuda del gobierno estadunidense. Alrededor de la base sólo quedan algunos restaurantes abandonados y cabarets vacíos.

??La retirada militar atrajo a más narcotraficantes, principalmente a bandas criminales colombianas como Los Rastrojos y los Urabeños, además de células de cárteles mexicanos como Sinaloa, Golfo y Los Zetas, de acuerdo con Fernando Carrión, profesor investigador de FLACSO, un centro de estudios con presencia continental y sede en Quito. El país que marca la división entre el hemisferio norte y sur se convirtió en una de las principales rutas de tránsito en el mapa de la droga a nivel continental. Un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos señala que unas 120 toneladas de cocaína pasan por sus fronteras cada año, así como otros químicos necesarios para producir la droga. ?

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“Nosotros tenemos registrado que 270 toneladas pasan por Ecuador y además en el último año se encontraron 17 laboratorios, la mayoría en Manabí, que es una región con mucha vegetación, de difícil acceso e irregularidades en el terreno”, indica Daniel Pontón, coordinador de la Red Latinoamericana de Seguridad y Democracia.

??Ecuador sufre por su geografía. Se encuentra entre dos de los tres mayores productores de hoja de coca, Perú y Colombia, además de ser frontera con Brasil, el segundo mayor consumidor de cocaína. Su costa pacífica es una de las principales rutas de la droga hacia Centroamérica y Estados Unidos.

??Los puertos son el principal punto débil del gobierno de Correa. Cada año salen más de 712 mil contenedores de los puertos, pero sólo un pequeño porcentaje pasa por controles de seguridad. Según el Programa de Control de Contenedores de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés), menos del 2 por ciento que son enviados por el mundo cada año —unos 500 millones— son inspeccionados.??

Cuando la FOL estaba en Manta, se hacían numerosas operaciones para detectar embarcaciones ilegales, pero tras su salida disminuyeron. El propio ex ministro de Defensa, José Gallardo, afirmó que la salida de la base estadounidense fue un error porque bajó radicalmente el número de controles aéreos, así como el patrullaje en tierra.

??Fue entonces cuando los piratas del narco se adueñaron del mar.

¿Cómo operan los narcos?

??”Hay embarcaciones que te detienen en altamar pidiendo pescado. Se acercan con ese pretexto y entonces te abordan. Si a cierta hora de la madrugada te detienen es porque son traficantes”, afirma Raúl, un pescador que limpia el producto del día antes del atardecer en Jaramijó, mientras su hijo juega en la proa del barco.??

Al igual que las otras embarcaciones, los piratas llevan la bandera ecuatoriana para disimular su presencia. Van de bote en bote, transportando droga o dinero, en busca de víveres o gasolina. Algunos roban motores de lanchas, muy cotizados en esta zona. A veces, sólo necesitan camuflarse con otras tripulaciones para distraer a la policía.??

Raul Paladines, un manabita entrecano, grueso, de nariz y barbilla anchas, es dueño de Puerto Atún, un territorio privado entre Manta y Jaramijó dedicado a la pesca de langosta, sardina y atún. Sentado a la barra del bar que hay en la terraza de su oficina en el puerto —allí hace fiestas con sus amigos— afirma que tuvo que redoblar la seguridad de sus barcos para evitar a los piratas y contratar agentes privados para que sus embarcaciones no fueran contaminadas. Además, puso cámaras de vigilancia para saber lo que pasaba en altamar.

??”Antes cuando un barco se acercaba para pedir ayuda o pescado, que era muy común, uno siempre se paraba para apoyarlo. Había solidaridad en el mar, pero ahora ya no se puede. No sé sabe quién se acerca y si su barco está ‘botado’ —como se dice popularmente a las embarcaciones contaminadas—”, afirma el empresario desde la terraza a orillas del mar, donde se alcanza a ver a una de las últimas ballenas que pasan por la costa durante esta temporada. Al fondo del muelle del puerto, se ven los restos de uno de los atuneros que naufragó unos meses antes.

Paladines sostiene que en las bitácoras de sus barcos sí se han registrado diversos intentos de los narcotraficantes que han querido interceptar sus atuneros. “Afortunadamente no han tenido éxito”.

??El año pasado se incautaron 53 toneladas de droga en los puertos ecuatorianos. José Marcos, capitán del puerto de Manta, señala que hay “indicios” de que por la provincia de Manabí sale droga al mar que después se lleva hacia el norte, pero no hay “ninguna prueba” que demuestre que los contenedores que salen de sus muelles hayan sido contaminados. ?

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Se encuentra entre dos de los tres mayores productores de hoja de coca, Perú y Colombia, además de ser frontera con Brasil, el segundo mayor consumidor de cocaína. Su costa pacífica es una de las principales rutas de la droga hacia Centroamérica y Estados Unidos. “En el área marítima conocemos que existen lanchas y bancos dedicados a eso, pero no los hemos podido comprobar. Muchos barcos de pesca se prestan para ser gasolineras flotantes de las embarcaciones de la droga, pero hay mucha distancia del conocimiento oficial a la comprobación legal”. Marcos afirma que en algunos GPS se ha podido rastrear cuando un barco hace varias escalas en distintos puntos del mar, lo cual alimenta la sospecha sobre las gasolineras flotantes. “Una lancha con la capacidad que tiene no llegaría siquiera a Galápagos sino tuviera aprovisionamiento en el mar”.

??En 2012, la Policía Antinarcóticos encontró 360 kilos de droga abandonados en la playa Punta Blanca. Dos semanas antes, un alijo de droga anclado de 150 kilos y una captura de dos personas que también transportaban cocaína en La Tiñosa, al sur de Manta. En más de una ocasión los pescadores se han encontrado sacos llenos de droga.??

Así pasó el 12 de febrero de 2006, cuando después de un enfrentamiento en altamar entre presuntos narcotraficantes y las autoridades navales, unos hombres que viajaban en una lancha rápida lanzaron al mar paquetes plastificados que nunca fueron recuperados. Pero días después, un grupo de pescadores del pueblo pesquero El Matal, también en Manabí, encontraron unos 20 bultos con cocaína. El caso, que se ha repetido en varias ocasiones, inspiró la película El Pescador, uno de los éxitos del cine ecuatoriano protagonizado por Andrés Crespo, que cuenta la historia de Blanquito, un hombre que tras encontrarse con uno de estos paquetes, decide cambiar su vida y buscar a su padre enfrentándose a los narcos colombianos.

*Este artículo fue publicado con el permiso de Alejandra S. Inzunza and Pablo Ferri. Sígalos en Twitter en @Dromomanos y lea más sobre su trabajo en https://www.dromomanos.com. Este artículo apareció originalmente en Domingo de El Universal. Este es el primero de una serie de dos partes.

 

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