‘Mafia China’ expande tácticas criminales en Argentina

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Una serie de ataques y amenazas contra comerciantes argentinos a manos de organizaciones criminales chinas en Buenos Aires ha revelado una posible expansión de sus tácticas criminales y las dificultades que las autoridades enfrentan para detener a estos grupos.

Según una investigación que se hizo pública recientemente, a principios del año, tres hombres armados dispararon contra una empleada de un mini mercado en la localidad de Quilmes, al sur de la Provincia de Buenos Aires, reportó Clarín.

*Este artículo fue escrito con la colaboración del Centro de Estudios sobre Crimen Organizado Transnacional (Centro de Estudios sobre Crimen Organizado Transnacional – CeCOT) en la Universidad de La Plata, Argentina.

Uno de los atacantes fue identificado como Jorge Alberto Karmazin, alias “El Karma”, jefe de la “barra brava” del club deportivo Tristán Suárez, una localidad en el Gran Buenos Aires.

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Pocos días antes, el dueño del comercio, de origen argentino, había recibido un mensaje extorsivo escrito en mandarín. Los autores exigían US$50,000 a cambio de “protección” y amenazaban a las victimas con violencia armada.

Otros dos comerciantes argentinos de la zona recibieron extorsiones similares de entre US$30.000 y US$50.000 a cambio de “protección”, según informó La Nación.

Análisis de InSight Crime

Los grupos criminales originarios de China han estado operando en la Argentina durante años. Sin embargo, hasta el momento, las extorsiones y ataques habían estado enfocados a miembros de la misma comunidad, quienes controlan pequeñas cadenas de supermercados en todo el país.

Los ataques más recientes hablan, por un lado, del gran poder que sostienen estos grupos criminales, demostrado en la presunta sensación de impunidad con la que manejan sus extorsiones y ataques.

Por otro lado, deja en evidencia las enormes dificultades que enfrentan las autoridades argentinas para detenerlos, a pesar de las operaciones exitosas que llevaron a cabo en el pasado.

En 2016, por ejemplo, las autoridades de Argentina, trabajando en conjunto con sus contrapartes en China, desarticularon a una poderosa organización criminal conocida como “Pixiu”. Los miembros del grupo están acusados de crímenes incluyendo la extorsión, amenazas a comerciantes y el lavado de dinero.

Unos meses después del arresto de los principales líderes de la organización en el marco de la llamada “Operación Cabeza de Dragón”, se descubrió que el grupo tenía vínculos con un funcionario de gobierno.

Leonardo Javier Rende, entonces jefe de la Mesa General de Migraciones de Argentina, fue acusado de recibir sobornos a cambio de facilitar una red de tráfico de personas dirigida por Pixiu.

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Pero a pesar del éxito de la operación, las autoridades continuaron registrando crímenes de tinte mafioso dentro de la comunidad china.

En uno de los más recientes casos, en Julio de 2019, tres ciudadanos chinos que trabajaban en un supermercado en la ciudad de Junín, en la provincia de Buenos Aires, fueron asesinados a balazos, según reportó Crónica.

Las dos personas sospechadas de ser autores del crimen, dos ciudadanos chinos, tenían un pedido de captura internacional; fueron detenidas en Dubai pocos días después mientras viajaban hacia China.

Un informe de Perfil reportó que las víctimas habían sido amenazadas unos días antes del asesinato.

Varias razones dificultan la tarea de las autoridades de acabar con estas mafias. Uno de los principales desafíos es la barrera idiomática. Por ejemplo, para la famosa operación que terminó con la organización Pixiu, se contó con la colaboración de un policía de la embajada china para realizar las escuchas. La necesidad de intérpretes ha sido uno de los principales problemas para la justicia argentina, ya que los traductores eran fácilmente influenciables porque vivían en la misma comunidad que los criminales, según un reporte de Infobae.

Por otro lado, un reporte del Departamento de Defensa de Estados Unidos identifica también una cierta “reticencia” de los ciudadanos chinos a confiar en las autoridades policiales o judiciales locales. Esto provoca que las actividades de las mafias se vuelvan “casi invisibles” o “muy difíciles de rastrear”.

*Este artículo fue escrito con la colaboración del Centro de Estudios sobre Crimen Organizado Transnacional (Centro de Estudios sobre Crimen Organizado Transnacional – CeCOT) en la Universidad de La Plata, Argentina.

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