Maras 13 y 18 extienden sus tentáculos en Nicaragua

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Los jóvenes de Nicaragua que migran a Honduras y El Salvador para trabajar han sido influenciados por las poderosas pandillas MS13 y Barrio 18, llevando al desarrollo de grupos locales que siguen el modelo de estas pandillas. Una transmisión radial examina este fenómeno.

Diez grupos de pandillas irrumpen la tranquilidad de los ciudadanos en los municipios de Somoto y San Lucas, en el departamento de Madriz. Los líderes son jóvenes influenciados por la Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18, cuando salen por puntos ciegos de la frontera nicaragüense para realizar trabajos agrícolas en Honduras y El Salvador.

“A mi me vinieron a avisar como a las 5 de la mañana, y ahí en el estadio estaba él. Ahí lo habían dejado, yo le encontré desnudo, bien herido y bien golpeado. La cara no se reconocía, estaba bien inflamado, y en el pecho le habían hecho una letra, una Z”.

Los siguientes son extractos de una transmisión radial de ABC Noticias. La transmisión apareció originalmente en Connectas y fue transcrita con permiso. Escuche la transmisión original aquí.

Doña Miriam Antonia López narraba el crimen violento de su hijo, Henry Bayardo López de 22 años, a manos de pandilleros, cuando regresaba del trabajo como vigilante. Casos como este no son muy comunes en Somoto, una ciudad con apenas 35.000 habitantes que es fronteriza con Honduras, y declarada como la capital de la amistad. Sin embargo, los hechos más violentos en los últimos años están relacionados con la actuación de las pandillas.

En los últimos diez años, la proliferación de las pandillas -o grupos juveniles como se les llama en Nicaragua- ha ganado territorio en los barrios y en la zona rural de Somoto y San Lucas. A estos grupos se les señala de hacer constantes enfrentamientos, [de perpetrar] robos con intimidación, lesiones, cobrar peaje a peatones, taxistas, y a los conductores de camiones repartidores de productos que surten los pequeños negocios.

VEA TAMBIÉN: Perfil de la MS13

El inspector Óscar García de la dependencia asuntos juveniles -creada por la policía nacional en 2003 con el fin de ejecutar un plan de prevención de ingreso a las pandillas- dijo que la transculturización de los jóvenes ha dado paso a su organización en Nicaragua, pero [que el fenómeno] no ha alcanzado los niveles de violencia [vistos] en los países vecinos.

“En Nicaragua no tenemos grupos llamados, conocidos, como maras. Pero sí, tampoco podemos tapar el sol con un dedo frente al hecho de que estos jóvenes se han involucrado con este otro tipo de jóvenes [pandilleros] y han traído algún tipo de transculturización a nuestro país. Por lo menos nosotros vamos a San Lucas y los jóvenes se identifican como MS13 y MS18”.

“Se puede decir que sí [hay contacto directo con las maras de países vecinos], pero nosotros hemos venido fortaleciendo el trabajo de seguimiento y de detectar. Ese es el objetivo también de asuntos juveniles. Por lo que estamos luchando, y lo que tratamos de prevenir es que no se venga una célula de ellos o un líder de este tipo de maras a apoderarse”.

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Según archivos de informaciones, en el año 2003, el entonces director general de la Policía Nacional de Nicaragua, el comisionado Edwin Cordero, alertó sobre la posibilidad de que pandilleros nicaragüenses se [estuvieran] entrenando en Guatemala, Honduras y El Salvador, con el fin de regresar al país a poner en práctica todos los conocimientos adquiridos en el exterior. Aunque los niveles de violencia no han transcendido en los últimos diez años, el periodista de Somoto, Cesar Páez, afirma que los grupos juveniles están creciendo en su nivel de organización, tal y como sucedió en El Salvador y Honduras, cuyos jóvenes que migraron a Estados Unidos aprendieron de las pandillas y se convirtieron en sucursales del crimen organizado.

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“Yo fui el jefe de la Mara 18 en Ocotal hace diez años. Allá se llamaba los ‘Tres Puntos’, y sí tenía muchas conexiones con mareros de Honduras, de Barrio 18. En el barrio éramos alrededor de unos 180 o 200 jóvenes. Todos con problemas de drogadicción, todos con problemas de alcoholismo, y pues yo era el que más influencia tenía”.

Ángel Sánchez es un joven desmovilizado de las pandillas en la ciudad de Ocotal, vecina con Somoto. Una oportunidad le hizo cambiar la vida para bien, pero la falta de atención a la juventud somoteña -que es parte del 56 por ciento de la población- los acerca más a las maras vecinas, con quienes, producto de la migración, se comunican por los 13 puntos ciegos que han sido identificados en la franja fronteriza.

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Para conocer más de cerca la situación de las pandillas juveniles en las comunidades rurales viajamos hasta la comunidad La Manzana. Ahí los pobladores, a quienes no identificamos para proteger su identidad, manifiestan que hay entre 250 y 300 chavalos organizados –miembros de pandillas.

Al igual que en la ciudad, los chavalos en el campo se identifican con la Mara 13 y la Mara 18, con quienes mantienen rivalidades por el dominio del territorio. Se concentran a las orillas de los caminos para robar las compras a las personas que regresan de la ciudad, por lo que la única seguridad que han encontrado los ciudadanos está en el transporte público hacia la zona. Sin embargo, éste [también] ha sido blanco de ataques.

VEA TAMBIÉN: Perfil de Barrio 18

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Los jóvenes con quienes conversamos, afirman que en Somoto y San Lucas hay dos bandos de pandillas que luchan por el territorio: la MS13 y la MS18. Ambas con presencia en el campo y la ciudad, que podrían llegar a sumar cerca de 800 chavalos organizados.

Para el delegado de gobernación en el departamento de Madriz, Evelio Obando, el problema de las pandillas no se puede resolver echando presos a todos.

“Nos preocupa que tengamos grupos juveniles en comunidades rurales. Prácticamente ya tenemos un diagnostico por barrio, por comunidad.  Acordémonos que esto ha tenido una influencia mayor por la migración que hemos tenido a El Salvador, de jóvenes que se van a trabajar allá y cuando regresan, vienen influenciados por la actividad que realizan las maras. Hemos unido esfuerzos, y como gobierno les hemos venido ofreciendo alternativas de educación, becas técnicas, por ejemplo en institutos tecnológicos y también en cursos de oficio. Pero no es sólo que aprendan un oficio, sino también que se integren en las labores de su barrio y de su comunidad, que participen. Por ejemplo, desarrollamos con ellos campeonatos de fútbol, básquetbol, y otras actividades que ellos plantean en función de lograr una integración a la sociedad”.

Organismos no gubernamentales han hecho un gran esfuerzo para rescatar a los jóvenes pandilleros, quienes piden atención para abandonar las pandillas o maras, cuya existencia tanto niegan las autoridades de Nicaragua, considerado el país más seguro de Centroamérica. 

*Una versión de esta transmisión radial de ABC Noticias apareció originalmente en Connectas, y ha sido transcrita con permiso. Escuche la transmisión original aquí.

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