SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn

Las recientes masacres en tres regiones de México han llamado la atención sobre la importancia de analizar las estructuras de poder locales con el fin de entender la violencia.

México ha registrado niveles récord de violencia en los últimos tres años. Recientemente un atentado el 26 de junio contra el secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, donde murieron dos guardaespaldas y una mujer de 26 años que conducía su carro para ir al trabajo, además del asesinato de seis miembros de una familia en su casa en el céntrico estado de Guanajuato, han puesto la escalada de violencia en relieve.

A esto se suma, esa misma semana, las 75 bolsas con restos humanos  que fueron halladas en una tumba clandestina en Jalisco.

VEA TAMBIÉN: Noticias y perfiles de México

Aunque estos titulares pueden dar la impresión de que tales hechos son ubicuos en todo México, InSight Crime examina las tres masacres recientes que demuestran que este derramamiento de sangre se deben a dinámicas locales únicas.

Conflicto por tierras en Oaxaca

Un largo conflicto intercomunitario llegó a su fin el 21 de junio, cuando 15 miembros de la comunidad indígena Ikoots fueron brutalmente asesinados en San Mateo del Mar, una ciudad costera en el sur del estado de Oaxaca, según confirmó la fiscalía en un comunicado de prensa del 22 de junio.

Los miembros de la comunidad indígena dijeron que fueron emboscados por un grupo leal al alcalde Bernardino Ponce Hinojosa; por su parte, el alcalde culpó a los residentes locales por instigar el ataque, como indica Pie de Página. Según varios testigos, la Guardia Nacional y la policía municipal abandonaron la zona cuando comenzaron los combates.

A raíz de los ataques armados que se presentaron en mayo, los residentes les solicitaron a los gobiernos estatal y federal que se hicieran presentes para evitar que la situación se intensifique. La eventual lapidación, heridas con machetes e incluso incineración de algunas víctimas durante el asalto en el mes de junio, fue la culminación de tensiones que durante mucho tiempo habían estado cocinándose, según un informe de Página 3.

San Mateo del Mar se encuentra en el Istmo de Tehuantepec, la distancia más corta entre la costa del Pacífico y el Golfo de México y una de las regiones con mayores vientos en el país. Esto ha atraído la inversión extranjera, interesada en construir parques eólicos a escala industrial.

A la vez, esto ha creado desavenencias entre las comunidades indígenas de la región, que quieren proteger sus tierras ancestrales ricas en recursos, y los interesados en trabajar con foráneos para utilizar la tierra como fuente de energía renovable, así como para proyectos patrocinados por el Estado, como el Tren Interoceánico, que crearía algo así como un Canal de Panamá que uniría las costas del Pacífico y el Atlántico de México.

“Detrás de estos ataques hay un amplio contexto que involucra recursos, un corredor ferroviario entre las dos costas [y] parques eólicos. Estamos luchando contra un monstruo”, dijo un miembro de la comunidad local a Pie de Página.

Como respuesta, el 23 de junio las autoridades enviaron a la zona docenas de policías estatales y agentes de la Guardia Nacional para proteger a los miembros de la comunidad y detener la violencia. Sin embargo, no han abordado las causas profundas que llevaron al ataque.

Luchas intestinas en Sinaloa

El secretario de Seguridad Pública del estado de Sinaloa, Cristóbal Castañeda fue notificado el 24 de junio del hallazgo de 15 cuerpos baleados en Tepuche, un conjunto de pequeñas comunidades rurales al norte de la capital, Culiacán, como informó Ríodoce.

Se cree que los enfrentamientos, en pleno territorio del Cartel de Sinaloa, son la más reciente manifestación de las luchas internas entre la vieja guardia del grupo, liderada por Ismael Zambada García, alias “El Mayo”, y los hijos del convicto excapo Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, a quienes se les conoce como “Los Chapitos”.

Ambas partes han tratado de ejercer control sobre Tepuche en los últimos meses. Sin embargo, como afirma La Silla Rota, un sicario conocido como “El Ruso”, que supuestamente es leal a El Mayo y que opera bajo su dirección, supuestamente obtuvo el control de la zona.

Alrededor de una semana antes de la masacre, sicarios que supuestamente trabajaban para Los Chapitos habían amenazado con atacar a El Ruso.

     VEA TAMBIÉN: Autoridades liberan a hijo de ‘El Chapo’ tras violento ataque de cartel en México

Castañeda ha solicitado más refuerzos de la Guardia Nacional para tratar de sofocar la violencia, pidiendo que operen en 15 bases en lugar de las únicas cinco que tienen ahora, como informa Milenio.

En octubre pasado, en su territorio de origen, el Cartel de Sinaloa demostró su capacidad para superar a las fuerzas de seguridad en número de integrantes y en armamento. Cuando las autoridades detuvieron por un corto periodo a Ovidio Guzmán López, grupos de pistoleros armados irrumpieron en la ciudad, bloquearon los puntos de entrada y salida con vehículos incendiados, y patrullaron las calles con armamento de alto poder como rifles calibre .50 instalados en camionetas, hasta que lograron que Ovidio fuera liberado.

Cualquier respuesta efectiva ante la violencia que se está presentando en Sinaloa debe tener en cuenta diversas variables, como el papel que desempeñan los recursos naturales, la dinámica política y económica local, así como las estratégicas características criminales del estado. Los planes anteriores han implementado estrategias ineficaces de línea dura, como los represivos programas de erradicación de cultivos de drogas, la persecución a líderes criminales y la militarización absoluta, lo cual ha hecho poco para mejorar la seguridad.

Batalla por el control de las drogas en Guanajuato

El 1 de julio, poco antes del anochecer, hombres armados irrumpieron en un centro de rehabilitación de drogas no registrado en Irapuato, ciudad de tamaño mediano en el estado de Guanajuato, y abrieron fuego contra todos los que estaban dentro, matando a 27 personas e hiriendo a varias más, según un comunicado de prensa del 6 de julio de la Fiscalía General del estado.

En el centro de este asalto se encuentra una batalla en curso entre el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cartel de Santa Rosa de Lima, que ha llevado a que Guanajuato se convierta en el estado más violento del país.

Esta violencia no tiene precedentes: la tasa de asesinatos de policías es más alta que la de cualquier otro estado. Se presentaron más de 200 asesinatos en solo las dos primeras semanas del año, y al parecer docenas más cada fin de semana.

Además de ser un importante centro manufacturero, Guanajuato sirve como vía de acceso de sustancias químicas precursoras y de drogas que ingresan a través de los puertos en la costa sur del Pacífico y hacen su recorrido hacia el norte por el centro del país, para atravesar la frontera entre Estados Unidos y México.

Al mismo tiempo, el mercado local de drogas de Guanajuato se ha expandido enormemente en los últimos años. Entre 2004 y 2018, el número de consumidores de metanfetaminas tratados por un centro de rehabilitación local aumentó casi el 55 por ciento, según datos de funcionarios de salud estatales. En 2018, más del 60 por ciento de los usuarios de drogas en un centro de rehabilitación dijeron que usaron esta droga sintética, un porcentaje apenas por debajo del de la marihuana. Mercados que el CJNG y el Cartel de Santa Rosa de Lima tratan de controlar.

En otras ciudades que cumplen un papel clave en el comercio internacional de drogas a lo largo de la frontera norte, como Tijuana, que también es un centro manufacturero, los trabajadores están cada vez más expuestos a drogas sintéticas baratas como la metanfetamina, cuyas dosis se pueden conseguir fácilmente por unos cuantos dólares.

En Tijuana, las bandas de narcotraficantes también luchan a menudo por la venta local de drogas mientras sirven como representantes de grupos criminales más grandes, como el CJNG y el Cartel de Sinaloa, que compiten por controlar las rutas de drogas en Baja California.

En los días posteriores al ataque, la respuesta de las autoridades consistió de nuevo en desplegar fuerzas de seguridad estatales y miembros de la Guardia Nacional para salvaguardar la zona. Tales respuestas fueron solo pañitos de agua tibia a corto plazo frente a la situación de seguridad, que requiere de un plan a largo plazo, acompañado de una cuidadosa consideración de las dinámicas locales.

¿Qué vendrá a futuro?

Las tres masacres tienen contextos y móviles muy diferentes, pero la respuesta del gobierno fue la misma: un despliegue de tropas reactivo y vertical.

“La dinámica de la violencia se basa en configuraciones locales complejas, que evolucionan dentro de las limitaciones políticas y responden a las fluctuaciones de los mercados legales e ilegales. Abordar esta complejidad es la clave”, dijo Romain Le Cour, presidente de Noria Research, en una entrevista con Forbes el 6 de julio.

De hecho, la violencia utilizada en cada masacre fue distinta: una potencial herramienta política para erradicar la resistencia a los polémicos proyectos de desarrollo en Oaxaca; una contundente herramienta para tratar de restablecer el orden al interior del Cartel de Sinaloa; y una herramienta criminal para sembrar el terror y asegurar las rutas y mercados de drogas en Guanajuato.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn