A pesar de mayor militarización, violencia persiste en ciudad portuaria de Colombia

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La ciudad portuaria de Buenaventura, Colombia, está otra vez en alerta máxima tras el descubrimiento de fosas clandestinas y cuerpos desmembrados, lo cual plantea interrogantes acerca de si la militarización de la ciudad el año pasado ha tenido un efecto duradero.

La ciudad portuaria más grande de Colombia fue centro de atención el año pasado después de que se informara sobre diversas atrocidades generalizadas, incluidos actos de violencia contra las mujeres y “casas de pique”, donde los grupos criminales desmembraban personas con motosierras.

A esto le siguió poco después un despliegue militar, junto con la promesa de cientos de millones de pesos en inversión social. Y aunque según los informes el año pasado la violencia en el municipio de Buenaventura registró un descenso del 38 por ciento, esta paz temporal ha sido interrumpida por una serie de macabros descubrimientos. Desde comienzos de este año, los funcionarios han descubierto cuatro fosas clandestinas en Buenaventura, mientras que se ha informado sobre dos desmembramientos —una escalofriante táctica que se ha vuelto característica de la violencia criminal en la ciudad—.

Luego del descubrimiento, el defensor del pueblo, Jorge Armando Otálora, emitió una alerta de seguridad y señaló que la defensoría municipal tenía información sobre varios casos más de desapariciones y torturas, informó Caracol Radio.

Los residentes de la zona de la ciudad donde se encontraron las cuatro fosas le dijeron a El Colombiano que la situación de seguridad se había deteriorado significativamente desde noviembre, cuando varios miembros de La Empresa, una de las dos organizaciones criminales que compiten por el control de Buenaventura, salieron de la cárcel.

Según los habitantes, a pesar de que a principios del año pasado se tomaron nuevas medidas, la extorsión a los negocios continúa presentándose y las “fronteras invisibles” que dividen a los barrios en territorios de pandillas siguen siendo vigiladas con una violencia brutal.

“Esta es una tierra de nadie, aquí pasa de todo y nadie se da cuenta”, dijo un residente a El Colombiano.

Análisis de InSight Crime

Buenaventura ha sido uno de los territorios más codiciados por el hampa colombiano. El puerto está rodeado por un laberinto de manglares, que proporcionan acceso a laboratorios de procesamiento de cocaína escondidos y a los puntos de los que parten barcos cargados de droga que se dirigen hacia Centroamérica. La ciudad es también un centro de logística y blanqueo de dinero y representa una fuente de ingresos adicionales provenientes de extorsiones, tráfico local de drogas y explotaciones de minería ilegal cercanas.

En los últimos dos años, la ciudad portuaria ha sido el campo de batalla de dos organizaciones criminales: La Empresa, una facción del cartel que alguna vez gobernó la región del Pacífico colombiano, y Los Urabeños, grupo descendiente de los paramilitares, principalmente en la costa Caribe, al norte de Colombia.

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Cuando InSight Crime visitó Buenaventura a principios de 2014, la ciudad se encontraba en un momento crítico. Los asesinatos, las desapariciones y los desplazamientos estaban en niveles críticos, mientras que las noticias sobre las “casas de pique” habían comenzado a atraer la atención de los medios de comunicación y grupos de derechos humanos internacionales.

La respuesta del gobierno colombiano consistió en militarizar la ciudad, aumentando las fuerzas de seguridad con 2.400 efectivos más, según informó Semana.

A primera vista, parece que esta táctica por lo menos logró detener la espiral de violencia. Según estadísticas oficiales citadas por Verdad Abierta, en 2014 el número de asesinatos en la ciudad disminuyó en un 22 por ciento en comparación con el 2013, mientras que se informó que las desapariciones forzadas se redujeron en un 40 por ciento.

El año pasado también se capturaron varias figuras de alto rango de ambos grupos criminales. La Empresa perdió a su presunto jefe máximo, así como a dos hombres que se cree que eran los financistas del grupo. Los Urabeños, por su parte, perdieron un presunto líder local y decenas de miembros de menor rango.

Sin embargo, aparte del reciente descubrimiento de fosas clandestinas y cuerpos desmembrados, numerosos indicios sugieren que estas mejoras representan, a lo sumo, un respiro temporal de la violencia de la guerra del narcotráfico.

Durante todo el año, las redes criminales de Buenaventura han demostrado consistentemente su determinación de mantener el control territorial y social en la ciudad portuaria, mediante amenazas contra periodistas, defensores de derechos humanos y líderes comunitarios.

También está claro que siguen realizando operaciones de narcotráfico y pueden incluso estar desarrollando nuevas técnicas y conexiones para traficar cocaína hacia el norte.

Cuando InSight Crime habló con funcionarios de la guardia costera en enero de 2014, estos hicieron hincapié en que la mayor parte de la cocaína se transporta a través de los manglares, y que el puerto se utiliza únicamente para cargas ocasionales y más pequeñas, de hasta 50 kilos. Sin embargo, en marzo los funcionarios incautaron una tonelada de cocaína en un contenedor del puerto, que según las autoridades pertenecía a Los Urabeños.

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Los líderes comunitarios locales también han dicho que las notorias mejoras del año pasado solo reflejan el interés de los grupos por disminuir la violencia y adoptar un perfil más bajo. El padre John Reina, de la diócesis de Buenaventura, le dijo a Verdad Abierta que la guerra entre La Empresa y Los Urabeños “nunca ha cesado”, y que ambas partes han acordado evitar enfrentamientos directos para no llamar la atención de las autoridades.

Por lo tanto, a pesar de la disminución de la violencia, es evidente que Los Urabeños y La Empresa continúan sus actividades delictivas y su disputa por el control de Buenaventura y la región circundante, lo que pone en duda si la militarización de la ciudad tendrá un efecto duradero.

Los despliegues de control militar y de policía son casi siempre medidas temporales, destinadas a lograr un nivel de seguridad que permita realizar reformas más profundas. Sin embargo, en Buenaventura hay pocas señales de este tipo de reformas, y las redes de crimen organizado de la ciudad parecen estar preparadas para enfrentar a las autoridades. Dado que lo que está en juego es el control sobre una amplia variedad de actividades criminales altamente lucrativas, Buenaventura parece estar lejos de dejar atrás la violencia brutal de su pasado.

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