Mayor pandilla de Brasil apunta a expansión regional

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Varias noticias recientes indican que el PCC de Brasil está redoblando su actividad criminal en países de toda Suramérica, lo que según un experto es una clara señal de que la temible pandilla carcelaria busca convertirse en la organización narcotraficante más poderosa de la región.

El informe más reciente vino de Paraguay, donde el 30 de mayo las autoridades anunciaron el desmantelamiento de la mayor red de tráfico aéreo operada por el Primer Comando Capital (PCC) en el país.

Según la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD), de Paraguay, la red del PCC traficó hasta 5 toneladas de cocaína por mes y realizó hasta 20 narcovuelos en ese periodo. El grupo obtuvo cerca de US$3,5 millones por mes con el tráfico de cocaína, según los funcionarios.

El operativo que tenía como objetivo la red, denominado “Pulp Fiction”, dejó el decomiso de 513 kilogramos de cocaína y un avión usado para el transporte de los estupefacientes, así como dos hombres capturados. La cocaína se confiscó en la población de Bella Vista Norte, en la frontera paraguaya.

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Entretanto en Argentina, dos documentos de inteligencia oficiales a los que tuvo acceso Clarín señalaban que 30 miembros del PCC ingresaron a la provincia de Corrientes, en el norte. Los documentos afirmaban que no era claro por qué motivo entraría el PCC a Argentina, pero advertía que “podría haber un ataque contra el presidente”.

La alarma que estos documentos causaron fue tan grande que las autoridades han duplicado el número de agentes de seguridad que custodian al presidente argentino Mauricio Macri, informó Clarín.

También ha habido informes de posible actividad del PCC en Uruguay y Bolivia. Durante el fin de semana, la policía brasileño informó a sus contrapartes uruguayas que el PCC podría estar planeando un asalto de gran magnitud similar al que tuvo lugar en abril en la población paraguaya de Ciudad del Este. En ese caso, un grupo de unos 50 hombres fuertemente armados que se cree que pertenecían al PCC atacaron una firma de seguridad y robaron más de US$11 millones, en lo que se llamó el “robo del siglo”.

El 30 de mayo, el ministro del interior uruguayo Eduardo Bonomi admitió que los brasileños han cometido robos en el país, pero desvirtuó la idea de que el PCC estuviera preparando un ataque de esa magnitud, informó Montevideo Portal.

“No me parece que Uruguay sea un objetivo importante para una organización de esas características; pero tampoco es para que uno diga que no pasa nada”, comentó Bonomi.

Y a comienzos de este mes, el ministro boliviano del interior Carlos Romero anunció que era posible que el PCC y la pandilla carcelaria rival en Brasil, el Comando Vermelho (CV), estuvieran moviendo armas por el país. Sus comentarios se conocieron tal solo unos días después de que afirmara que las pandillas brasileñas estaban “extendiéndose” en Bolivia para cometer robos y tomar control del negocio de la droga. 

Las autoridades bolivianas creen que el PCC y el Comando Rojo fueron los responsables de varios robos denunciados en el mes de marzo, y del intento de secuestro de una familia a finales de abril.

Análisis de InSight Crime

Es importante señalar que varias de estas informaciones no contienen evidencia concluyente de actividad del PCC, y que su veracidad no ha sido verificada por organismos independientes. Pero en conjunto muestran una imagen de una pandilla expansionista ávida por explorar los límites de su poder.

De hecho, para Bruno Paes Manso, investigador en el Centro para el Estudio de la Violencia de la Universidad de São Paulo, los informes indicarían que el PCC está invirtiendo en su pretensión de ser el mayor actor del negocio de las drogas en la región.

“Ahora está claro que intentan convertirse en el mayor proveedor de cocaína del mercado suramericano”, dijo Manso a InSight Crime.

Según Manso, los vecinos de Brasil son atractivos para el PCC por diferentes razones. Paraguay es un importante productor de marihuana, mientras que Bolivia es un importante proveedor de base de coca sin refinar para la producción de cocaína. Ambos tipos de estupefacientes se consumen en grandes cantidades en Brasil y son fuentes de ingreso importantes para el PCC, que surgió en las cárceles de São Paulo, pero ha crecido desde entonces para convertirse en la única pandilla del país con influencia nacional.

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El PCC lleva años con presencia en Bolivia y Paraguay, aunque las noticias recientes indican que pueden tener mayor influencia de lo que se había pensado. Asegurando su posición en estos países, el PCC puede prescindir de los intermediarios en la cadena de suministro de los narcóticos y así incrementar sus ganancias.

Pero las noticias de las operaciones de su asentamiento en Argentina y Uruguay representan una dinámica totalmente distinta, opinó Manso. En primer lugar, anteriormente no se sabía que el PCC tuviera operaciones en alguno de esos países. En segundo lugar, no existen productores importantes de drogas ilícitas. En esos países, considera Manso, el PCC tiene interés en controlar la venta, más que la producción, de sustancias ilegales.

“Argentina, Uruguay, ellos son mercados consumidores”, observó.

Aún no hay respuestas definitivas sobre la fuerza que haya ganado el PCC fuera de Brasil, pero dada la reputación violenta de la pandilla, el solo prospecto de su expansión internacional basta para alarmar a los vecinos de Brasil. 

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