Mayores controles no hacen mella sobre tráfico de marihuana en Argentina

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La ubicación estratégica de Argentina y su floreciente mercado de consumo han hecho de este país un punto de trasbordo importante para sustancias ilícitas como la marihuana, y el aumento de los decomisos plantea el interrogante de hasta qué punto los traficantes se han adaptado para eludir el redoblamiento de los controles de seguridad por causa del coronavirus.

Recientemente, las autoridades desarticularon un conocido clan familiar que operaba en la provincia de Misiones, cerca de la frontera entre Argentina y Paraguay. La Gendarmería Nacional decomisó cerca de nueve toneladas de marihuana de varias propiedades repartidas en seis municipios en un operativo realizado el 8 de octubre, que cerró una investigación de un año de duración, según un comunicado oficial.

Se dice que la red criminal había adquirido villas en las riberas del río Paraná para usarlas como puntos de recepción de los estupefacientes que se introducían a Argentina por vía fluvial o terrestre. Las autoridades capturaron a cuatro individuos, e incautaron miles de dólares estadounidenses, nueve vehículos, dos botes y varias armas de fuego, según informó la Gendarmería Nacional.

El megaoperativo se presentó justo después de varios decomisos importantes de narcóticos en esta importante zona del país.

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El 5 de octubre, durante un patrullaje de rutina, efectivos de la Gendarmería Nacional se toparon con tres toneladas de marihuana abandonadas en matorrales en el municipio de Puerto Esperanza, provincia de Misiones, como informó un comunicado oficial.

Unos días antes, el 1 de octubre, unidades de la marina argentina anunciaron la incautación de más de 700 kilos de marihuana y detuvieron a un paraguayo que viajaba en barco cerca de Playita Paraíso, en la ciudad de Candelaria, en las orillas del río Paraná, en Misiones.

En el lapso de diez días a finales de septiembre, varias unidades de las fuerzas de seguridad argentinas captaron más de 11 toneladas de marihuana solo en Misiones. Las cargas se hallaban escondidas en grandes camiones, dejadas en zonas boscosas, ocultas en botes procedentes de Paraguay que hacían viajes matutinos hacia Argentina, y abandonadas en la selva, entre otros.

Análisis de InSight Crime

Los decomisos no son un indicador perfecto para medir los flujos de estupefacientes. Pero la seguidilla incesante de operativos recientes indica que los traficantes en Argentina no encuentran muchos obstáculos para abastecerse de marihuana proveniente de Paraguay, el mayor productor del alcaloide en Suramérica.

La marihuana viaja al noreste de Argentina desde centros de producción como el departamento de Amambay, que hace parte de la vasta región norte de Paraguay, donde se identificó alrededor del 93 por ciento de las plantaciones de marihuana detectadas por las autoridades en los últimos 10 años, según datos del Observatorio Paraguayo de Drogas (OPD).

Desde allí, se transporta la hierba hacia poblaciones como Pedro Juan Caballero, sobre la frontera Brasil-Paraguay. Las pacas se transportan hacia el sur en camiones a través de la porosa frontera Argentina-Paraguay atravesando rutas terrestres hasta llegar a las provincias de Misiones y Corrientes, o en barcos que bajan por el río Paraná.

En el lado argentino, la marihuana es recibida principalmente por clanes familiares locales, que desempeñan un papel central en la cadena de tráfico con el almacenamiento de la droga para transportar a grupos regionales más numerosos. Aunque últimamente las autoridades han decomisado cantidades considerables de la hierba, es probable que esta sea solo una fracción de la escala total de la droga que pasa por la región.

“Esta es una región fronteriza muy extensa, difícil de controlar, y los grupos locales que allí operan conocen el terreno mejor que cualquiera, incluidas las autoridades”, afirmó Carolina Sampó, coordinadora del Centro de Estudios sobre Crimen Organizado Transnacional (CeCOT) en la Universidad de La Plata, Argentina.

De hecho, este conocimiento local ha contribuido a hacer de pequeñas poblaciones asentadas a lo largo del río Paraná, como Itatí en Corrientes, importantes centros de transporte que facilitan el flujo de marihuana. Un grupo criminal, conocido como “Los Gordos”, corrompió desde el alcalde local hasta altos oficiales de la policía y otros funcionarios públicos para transportar hasta seis toneladas de marihuana semanales.

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Estos clanes familiares son cruciales para los grupos más grandes que atienden principalmente dos mercados específicos: los consumidores locales en toda Argentina y en grandes ciudades como la capital, Buenos Aires, además de los consumidores de marihuana en Chile. El vecino de Argentina en el oeste ha desarrollado un floreciente mercado doméstico propio en los últimos años, con una de las tasas más altas de consumo de cannabis de toda Latinoamérica, según datos del Observatorio Chileno de Drogas.

Sin embargo, los últimos decomisos también peuden apuntar a algunas de las dificultades que pueden estar experimentando los traficantes para transportar los cargamentos de marihuana dentro del territorio argentino y para hacer llegar el producto a los consumidores en las condiciones de confinamiento por el coronavirus y la presencia incrementada de fuerzas de seguridad.

“Podría haber un problema con la interrupción de la cadena de suministros desde las regiones fronterizas hasta los puntos finales de destino”, comentó un antiguo agente antinarcóticos argentino en diálogo con InSight Crime. “No parece haber problema en el traslado del producto desde los proveedores principales [en Paraguay] hasta los intermediarios”.

El exagente añadió que los decomisos también pueden ser resultado del intento de los grupos criminales de mover reservas de marihuana que se habían acumulado en los primeros meses de la pandemia, cuando las rutas de contrabando estaban fuertemente controladas por las fuerzas de seguridad locales y federales.

Dicho esto, Sampó alertó que la corrupción y la impunidad enquistadas, que han permitido el auge del tráfico de marihuana en las regiones fronterizas, muy seguramente permitirán a los traficantes superar cualquier problema en su intento de capitalizar el creciente mercado de consumo en el país.

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