México, el lugar más letal para ejercer el periodismo, avanza en caso de homicidio de reportero

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El 15 de mayo de 2017, el reconocido periodista mexicano Javier Valdez Cárdenas caminaba hacia su auto en su ciudad Culiacán, estado de Sinaloa sobre el Pacífico, cuando unos pistoleros se pararon junto a él, le ordenaron ponerse de rodillas y le dispararon hasta matarlo con una docena de tiros.

El asesinato de Valdez, quien era reconocido en el ámbito internacional por su audacia en la cobertura del crimen organizado, trajo una ola renovada de condenas internacionales a la violencia contra periodistas, en especial en México, país al que el Instituto Internacional de Prensa describió recientemente como “el lugar más letal del mundo para trabajar en periodismo”.

En el año transcurrido desde el homicidio de Valdez, su caso ha dejado en evidencia el esfuerzo de las autoridades mexicanas para investigar los crímenes contra trabajadores de los medios de información a la vez que recuerda los riesgos que conlleva cubrir el crimen y la corrupción en México.

Aunque la mayoría de los casos de homicidios de periodistas en México quedan impunes, ha habido varios hechos inéditos recientes en la investigación de la muerte de Valdez.

Para empezar, las autoridades identificaron a Damáso López Serrano, alias “Mini Lic”, como supuesto autor intelectual responsable de haber ordenado el asesinato de Valdez, según RíoDoce, el periódico fundado por Valdez. Mini Lic, hijo del jefe del cartel de Sinaloa Dámaso López Núñez, alias “Licenciado”, está preso en una cárcel estadounidense por cargos de narcotráfico y lavado de dinero. El mayor de los López está en prisión en México y podría ser extraditado a Estados Unidos.

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La policía federal mexicana también detuvo a dos de los presuntos autores materiales del homicidio de Valdez: Heriberto “N”, alias “El Koala”, el supuesto conductor en el plan de asesinato, y Juan Francisco Picos Barrueto, alias “El Quillo”, quien supuestamente estaba a bordo del vehículo.

Poco después del arresto de El Koala el 23 de abril en la ciudad fronteriza de Tijuana, el cuerpo carbonizado del presunto pistolero, Luis Idelfonso Sánchez Romero, alias “El Diablo”, se halló en el interior de un vehículo quemado en el vecino estado de Sonora, informó RíoDoce.

Según el director de RíoDoce Ismael Bojórquez, la información proporcionada por un testigo protegido en custodia de México llevó a las autoridades a rastrear y mantener vigilado a El Koala. Eventualmente esa vigilancia permitió a las autoridades interceptar las conversaciones por teléfonos celulares y recoger otra evidencia que vinculaba al Mini Lic, El Koala, El Diablo y El Quillo con la muerte de Valdez.

El motivo de la muerte de Valdez puede derivarse de su cobertura sobre uno de los grupos criminales más poderosos de México, el cartel de Sinaloa. Pero la causa exacta sigue sin ser aclarada.

Luego de que el jefe del cartel Joaquín “El Chapo” Guzmán fuera arrestado y posteriormente extraditado a Estados Unidos, se desató una lucha por el poder entre los hijos de El Chapo y su antigua mano derecha, Licenciado, quien asumiría el control de la organización criminal.

Esa guerra, según Ríodoce, pronto se extendió a los medios. En las semanas previas a su muerte, Valdez había publicado una entrevista con Licenciado. No es claro lo que sucedió después, pero no pasó mucho tiempo después de involucrarse en la disputa interna del cartel de Sinaloa Cartel, que Valdez murió acribillado.

Las autoridades dicen que como pago por el homicidio, los asesinos recibieron una pistola con las efigies de Licenciado y Mini Lic.

Análisis de InSight Crime

Aunque amigos y socios del difunto Valdez están complacidos de que haya habido algún avance en la resolución de su homicidio, mantienen sus reservas sobre si llegará a impartirse justicia por el asesinato.

“Creo que el camino por donde van las autoridades para resolver el caso de Javier es el correcto, Creo que tomaron la vía correcta”, comentó Bojórquez a InSight Crime.

Los periodistas en México enfrentan una creciente violencia tanto del gobierno como de los grupos criminales. Pero estos casos rara vez terminan en investigaciones exitosas, y mucho menos en procesos judiciales. Según un informe reciente de la organización para la libertad de prensa Article 19, los crímenes contra periodistas en México tienen una tasa de impunidad de 99,6 por ciento.

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Esto es lo que tiene a Bojórquez preocupado; si las autoridades podrán asegurar una condena, pese a que los supuestos responsables del hecho siguen en custodia.

“Nos preocupa no poder garantizar un proceso y la condena de los responsables, y si hay la capacidad o la voluntad para hacerlo”, explicó Bojórquez a InSight Crime.
De hecho, Bojórquez admitió que la fama de Valdez y la atención internacional que suscitó su homicidio pueden haber generado una presión importante en las autoridades para avanzar en la investigación sobre su muerte.

“Creo que el impacto que tuvo Javier y su trabajo dieron a la Procuraduría General un sentido de obligación de llevar a cabo una investigación muy detallada y rigurosa”, añadió.

En ese sentido, el caso de Valdez muestra que el gobierno mexicano sí puede conducir investigaciones efectivas en crímenes contra periodistas cuando tiene la motivación suficiente para hacerlo. Y otros casos recientes muestran que las autoridades pueden incluso asegurar condenas, en especial cuando se trata de víctimas de alto perfil.

Pero las muertes de muchos otros periodistas se quedan sin resolver después de cubrirse de polvo en los estantes judiciales. Esto crea un efecto negativo en la cobertura mediática del crimen y la seguridad, dos de los problemas más importantes que afectan no solo a México, sino también al conjunto de Latinoamérica y el Caribe. Son escasos los periodistas dispuestos a jugarse el todo por el todo.

La investigación minuciosa de crímenes contra periodistas y que los perpetradores rindan cuentas ante la justicia son un paso importante para garantizar que los medios puedan cubrir efectivamente estos importantes problemas. En ese sentido, el arresto de los sospechosos en el caso de Valdez puede tomarse como una señal positiva. Pero su caso es también un aviso de todo lo que aún tiene México por recorrer para proteger y promover la libertad de prensa.

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