Milicias de Río de Janeiro infiltran elecciones de Brasil

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Las violentas milicias de Río de Janeiro no sólo han conseguido expandirse dramáticamente –pasando de tener presencia en sólo seis comunidades en 2004 a 148 hoy en día- sino que también han hecho sentir su presencia en el período previo a las elecciones de este domingo.

En septiembre, la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Río de Janeiro lanzó una bomba para los analistas del crimen en Brasil: los infames grupos de milicias de la ciudad se habían expandido dramáticamente durante la última década.

Según la SSP, desde 2004, el número de comunidades de Río donde estos grupos operan ha pasado de tan sólo seis favelas, a 148 hoy en día. Adicionalmente, las autoridades creen que el fenómeno ha superado los límites de la ciudad, con las milicias controlando 195 comunidades en 23 de los 90 municipios del estado de Río de Janeiro.

Pero esta tendencia ha cobrado todavía más importancia durante el periodo previo a las elecciones generales de Brasil. Como la periodista Marsilea Gombata escribió recientemente en un artículo de la revista de noticias CartaCapital, también existen pruebas abrumadoras de que actualmente las milicias son una fuerza política en Río. Entre 2006 y 2008, el apogeo de la actividad miliciana en la ciudad, algunos políticos como el entonces alcalde Cesar Maia apoyaron abiertamente a las milicias como iniciativas de “autodefensa” de las comunidades.

El grupo de milicianos más conocido de Río, la “Liga de la Justicia”, incluso se las arregló para que sus líderes, los hermanos João Guimarães Filho y Natalino José Guimarães, fueran elegidos para el consejo de la ciudad y para la legislatura estatal en 2008, respectivamente, a pesar de que posteriormente fueron detenidos por cargos de asesinato.

Aunque algunos expertos han señalado que las milicias ya no pueden operar tan abiertamente, estas todavía ejercen influencia sobre los barrios que controlan. Además de controlar los proyectos de viviendas y obligar a los residentes de las favelas a pagar por la “seguridad” y servicios como el gas y la electricidad a precios inflados, las milicias también le han apostado al golpe de suerte que es poder “vender” el voto de su comunidad a los mejores postores. A cambio del pago, las milicias intimidan a los lugareños para que voten por su candidato predilecto y también impiden a los candidatos rivales hacer campaña en estas zonas.

En agosto las autoridades identificaron 41 zonas a lo largo del estado de Río de Janeiro donde algunos candidatos habían sido intimidados por los grupos criminales para que no hicieran campaña, aunque sólo 16 de estas fueron vinculadas específicamente a las milicias, como informó O Globo.

Análisis de InSight Crime

El domingo, mientras la presidenta Dilma Rousseff se enfrenta a una segunda vuelta contra Aecio Neves, los votantes en el estado de Río elegirán entre el actual gobernador Luiz Fernando de Souza -mejor conocido localmente como “Pezão”- y su contrincante, el obispo evangélico Marcelo Crivella. A pesar de que la diferencia en sus posiciones frente la política para combatir el crimen es mínima, durante los últimos meses Pezão ha intercambiado fuertes acusaciones con otros candidatos a la Gobernación por los vínculos del uno o del otro con las milicias de Río de Janeiro.

Por ejemplo, durante un debate el 2 de septiembre, Pezão quedó bajo fuego gracias a las revelaciones de que uno de sus consejeros estaría siendo investigado por recibir sobornos ilegales de una oscura figura asociada a los grupos de milicias en el occidente de Río de Janeiro. En respuesta, el gobernador replicó abiertamente al exgobernador Anthony Garotinho, aseverando que su rival era el que tenía “notorias” conexiones con los grupos de milicias. Los candidatos continuaron intercambiando acusaciones similares durante los siguientes debates, como señaló Noticias R7.

Pero a pesar de toda la atención prestada a las milicias gracias a las campañas políticas de este año, la discusión en cuanto a la mejor manera de desmantelarlas de una vez por todas ha sido mínima. Es cierto que recientemente la policía llevó a cabo una serie de arrestos con el objetivo de poner fin a las operaciones de la Liga de la Justicia en Campo Grande, al occidente de Río de Janeiro, pero esta milicia ya ha demostrado que es más que capaz de continuar con sus operaciones, incluso con su principales jefes tras las rejas: los líderes de la milicia han estado en prisión preventiva durante más de cinco años. Acabar con las operaciones de un grupo como la Liga de la Justicia requerirá de mucho más que simplemente encarcelar a sus dirigentes.

Según el Dr. Ignacio Cano, director del Laboratorio de Análisis de Violencia en la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ), resolver el problema de las milicias de Rio se dificulta por el énfasis actual del Estado en “pacificar” las favelas, controladas por los narcotraficantes y las pandillas callejeras. Al presentar su investigación el mes pasado (vea el escrito de Rio on Watch sobre la investigación), Cano lamentó el hecho de que “no haya estrategias en marcha para luchar contra las milicias y recuperar esas áreas [bajo el control de las milicias]”.

Otra complicación está en la composición de las milicias en sí: redes de agentes fuera de turno y antiguos miembros de las fuerzas de seguridad. Lo que significa que en ocasiones los miembros de las milicias son los mismos que los de la policía militar. Las fugas de inteligencia son entonces un riesgo constante, por lo que es difícil para los investigadores poner en marcha operaciones sorpresa. Y, teniendo en cuenta lo difícil que es responsabilizar a los policías de Río por abusos como ejecuciones extrajudiciales y desapariciones –a lo que algunos se han referido como una cultura que permite la brutalidad policial– esto también podría extenderse a algunos miembros de las milicias, complicando todavía más los esfuerzos para enjuiciarlos.

En cualquier caso, lo cierto es que las milicias de Río de Janeiro están en condiciones de continuar su expansión prácticamente sin obstáculos. Las últimas encuestas sugieren que Pezão goza de una ventaja de 12 puntos sobre su rival en la contienda para gobernador. Si gana, hay pocas probabilidades de que de un vuelco a la estrategia de seguridad actual. A pesar de que él se ha comprometido a establecer nuevas Unidades de Policía Pacificadora (UPP) en la zona alrededor de la región de Baixada Fluminense y en la vecina ciudad de Niteroi, Pezão aún no ha mencionado una nueva estrategia para enfrentar la propagación de las milicias.

Mientras tanto, la estimación revisada del SSP sobre las milicias es sólo el más reciente indicio alarmante de que los grupos se han extendido más allá de sus bastiones tradicionales en las zonas norte y occidente de la ciudad. De hecho, algunos analistas creen que las milicias controlan muchas más zonas que las que la SSP reconoce.

En diciembre de 2013, la antropóloga urbana de la UERJ, Alba Zaluar, y el investigador Cristóbal Barcellos de la Fundación Oswaldo Cruz dieron a conocer un estudio que sugiere que las milicias controlan 454 de las casi 1.000 favelas de la ciudad de Río de Janeiro. Esto equivale a un 45 por ciento, en comparación con el 37 por ciento (370 comunidades) que son manejadas por las pandillas de narcotraficantes, dejando sólo al 18 por ciento (174), efectivamente bajo el control de la policía militar y las UPPs.

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