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ANÁLISIS

Misión de Verificación de las Naciones Unidas jugará papel esencial en el cese bilateral del fuego en Colombia

COLOMBIA / 4 MAY 2016 POR ADAM ISACSON* ES

Se espera que una Misión de Verificación de la Organización de Naciones Unidas (ONU) desempeñe un papel fundamental en el cese bilateral al fuego entre las FARC y el gobierno de Colombia. Adam Isacson, coordinador principal del Programa de Políticas de Seguridad Regional de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus iniciales en inglés), examina qué forma podría tomar la presencia de la ONU en este país.

El gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) podrían acordar pronto, tal vez esta semana o tal vez un poco después, un cese bilateral de hostilidades. Como se discutió en un artículo anterior, esto implicaría que los guerrilleros comiencen  a concentrarse en zonas desmilitarizadas en todo el país.

Este artículo hace parte de una serie sobre el proceso de paz en Colombia realizado por la Oficina en Washington sobre Asuntos Latinoamericanos (WOLA). Fue publicado y editado con permiso pero no necesariamente refleja las opiniones de InSight Crime. Vea la versión original aquí.

En un periodo de 30 días  después de la firma de este posible acuerdo, según una resolución del Consejo de Seguridad del 25 de enero, los detalles deben ser finalizados para poder instalar una misión de verificación de la ONU en Colombia. Todavía no sabemos cuál será el nombre de dicha misión, sin embargo sabemos lo siguiente.

La misión se encargará de supervisar y verificar que las FARC “dejen las armas”. Los guerrilleros no entregarán sus armas al gobierno de Colombia. Esto sería visto como símbolo de rendición. Cualquier propuesta de este tipo sería contraria al espíritu de las negociaciones, y habría sido rechazada por las FARC. Además,  la historia reciente de Colombia, lleva a miembros de las FARC a preocuparse por su propia protección después de la  desmovilización. Como resultado, el desarme sucederá lentamente como sucedió en Irlanda del Norte y estará a cargo de la misión de la ONU.

La ONU junto con el gobierno de Colombia y las FARC serán parte de un “mecanismo tripartita” para verificar el cese de hostilidades. La misión  de la ONU estará presente cerca de las aún no determinadas zonas de concentración para la guerrilla, que muy probablemente serán cuidadas por personal militar Colombiano. La misión tendrá acceso completo a estas zonas. Allí, la misión jugará un rol como de árbitro. Junto con el gobierno y representantes de la guerrilla, los miembros de la misión se desplegaran rápidamente para investigar cualquier reclamo hecho por las partes sobre la presunta violación a  los términos acordados para el cese al fuego. El órgano tripartita tendrá que decidir si ocurrió una violación, informar y recomendar las medidas que deben tomarse para evitar una repetición.

Funcionarios entrevistados por WOLA describen coloquialmente el modelo tripartita como “tres personas en un jeep”: equipos de investigadores con representantes de las FARC, los militares colombianos y la misión de la ONU. (Posiblemente los equipos estarán compuestos por seis, no tres personas).

Es probable que la misión esté compuesta de un personal de 350 militares internacionales desarmados,  además de personal de apoyo. Estos no serán tropas de cascos azules de paz: esta es una misión política, no una misión de mantenimiento de la paz. (Esto también significa que es probable que la misión no sea generosamente financiada como las misiones de mantenimiento de paz). El personal militar estaría en servicio activo o personal retirado, probablemente vestido de civil.

Su personal vendrá de todo el mundo, a pesar de que la resolución del Consejo de Seguridad “espera la contribución de los Estados miembros de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC)”, un cuerpo de países del hemisferio occidental, que no incluye Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, según la costumbre, los países de la ONU que comparten una frontera con Colombia no pueden participar (Brasil, Ecuador, Panamá, Perú, Venezuela, y  debido a su frontera marítima con Colombia, Nicaragua tampoco podría participar). Es posible que exista cierta flexibilidad en esta costumbre, ya que Colombia junto con sus países vecinos reúne más de la mitad de la población de los estados miembros de  la CELAC.

La misión de la ONU tendrá su sede en Bogotá, pero tendrá oficinas satélites en otras siete u ocho regiones. Será importante para los equipos tripartitas encargados de investigar violaciones del cese al fuego que puedan ser desplegados, tan a menudo como sea posible, fuera de las grandes ciudades, donde sedes regionales de la misión estarán ubicadas, y más cerca de los sitios remotos donde es probable que sea necesaria la verificación.

El mandato de la misión tendrá una duración de 12 meses, pero éste puede ser ampliado si  el gobierno y las FARC solicitan su extensión.

El jefe de la misión será Jean Arnault, el diplomático francés que dirigió la misión de posconflicto MINUGUA en Guatemala entre 1997 y 2000.

La misión no va a incorporar muchas de las otras agencias de la ONU que operan en Colombia, tales como el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, la Oficina de las Naciones Unidas sobre Droga y el Delito, y otros. Esta es una buena noticia para la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, cuyo mandato debe ser extendido con regularidad. Debido a retos de derechos humanos en Colombia, la Oficina de Derechos Humanos tendrá que permanecer en el país después de que el mandato de 12 meses de la misión de verificación termine. La oficina de derechos humanos no debe cerrar sus puertas cuando la misión lo haga.

VEA TAMBIÉN: Noticias y perfiles de Colombia

Se espera un informe al Secretario General de la ONU cada 90 días aproximadamente  sobre el cumplimiento del cese al fuego, pero sería una mejora significativa si los informes públicos de la mision fueran  aún más frecuentes, especialmente durante el período de movimiento rápido cuando se establezcan las zonas de concentración, se empiece a construir confianza y se den momentos en los que puedan surgir actos violentos. Los informes formales de 90 días también serán documentos cruciales que nos digan mucho sobre la estabilidad del cese al fuego, y es de vital importancia que ni el gobierno ni las FARC tengan poder de veto formal o informal sobre su contenido. Las recomendaciones de la misión sobre presuntos o posibles violaciones al cese al fuego debe también ser un asunto de interés público.

La misión estará encargada sólo del monitoreo / verificación del cese al fuego y desarme, y no de cualquier otro acuerdo de paz. Con el tiempo, el gobierno de Colombia y las FARC llegarán a acuerdos finales que compromentan a las partes a importantes reformas en la política de desarrollo rural, participación de la oposición en la política, reducción de producción de cultivos ilícitos, justicia transicional, y asistencia a las víctimas.

VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre la Paz con las FARC

Estos otros acuerdos están fuera del ámbito de la misión de la ONU. Pero no pueden avanzar sin una verificación independiente. Si las partes no cumple con compromisos sobre estos acuerdos más grades, el proceso de posconflicto podría retroceder profundamente, incluso fatalmente. Por ejemplo, las FARC pueden alegar que el gobierno no está cumpliendo sus compromisos para ayudar a comunidades cocaleras, mientras que el gobierno puede reclamar que ex miembros de las FARC participan en el tráfico de drogas en las comunidades. Colombia necesitará algunos árbitro internacional, quizás la ONU, tal vez la OEA, o una conglomerado de países para verificar las denuncias de incumplimiento a los compromisos más amplios.

La misión de la ONU tiene que llegar “lista para trabajar”. Sin embargo, la misión es poco probable que este lista en el momento en que se firme un cese al fuego: Arnault, el jefe de la misión, y su equipo, sólo recientemente han comenzado un trabajo intensivamente para encontrar y establecer una oficina central y oficinas satélites, para adquirir equipos, hacer solicitudes de personal provenientes de estados miembros de la ONU, y la contratación de personal. Mientras tanto, las zonas de concentración  no estarán demarcadas y listas por algún tiempo. Durante semanas o meses después de la firma de un cese al fuego, el gobierno y la guerrilla estarán operando sin concentración geográfica y sin verificación.

Esta situación puede ser similar al cese al fuego de facto que existe ahora, en la cual ataques y combates se han detenido, pero los informes sobre actividades como la extorsión, la intimidación y la actividad económica ilegal continúan. En los ojos de la opinión pública colombiana, la credibilidad del proceso dependerá de una verdadera reducción de las hostilidades de no combate durante este período incierto. Cuanto más rápido se pueda establecer la misión de la ONU, más creíble será el proceso.

*Este artículo hace parte de una serie sobre el proceso de paz en Colombia realizado por la Oficina en Washington sobre Asuntos Latinoamericanos (WOLA). Fue publicado y editado con permiso pero no necesariamente refleja las opiniones de InSight Crime. Vea la versión original aquí.

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