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La escena lo dice todo.

En medio de la noche en el desierto del norte de México, Rafael Caro Quintero, borracho o drogado, lanza granadas a un profundo agujero. Una, dos, tres. Una explosión espectacular. Agua. Un poderoso chorro de agua. La llave que le abrió la puerta a lo que se convertiría en un negocio multimillonario. La génesis del crimen organizado, tal como lo conocemos hoy.

Es imposible saber a ciencia cierta si el evento ocurrió exactamente así, o si fue la estrategia de la gigante Netflix para sumar aún más seguidores con su receta magistral.

Lo cierto es que el momento en el que Rafael Caro Quintero, Miguel Ángel Félix Gallardo y Ernesto “Don Neto” Fonseca Carrillo descubrieron cómo sembrar y cosechar marihuana a gran escala y unir plazas que controlaban los principales mercados del país en una federación, inauguraron el modelo de crimen organizado que controla la economía de gran parte de América Latina.

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En la cuarta temporada de la serie de Netflix, la interpretación del legendario Caro Quintero se roba todas las miradas. Carismático, desenfrenado, extremadamente violento, conectado con las principales élites políticas del país, y acusado del secuestro, tortura y asesinato del agente de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), Enrique “Kiki” Camarena.

Desde que fue puesto en libertad en 2013, pesa sobre Caro Quintero una orden de captura (se cree que puede estar escondido en Sinaloa, protegido por comunidades locales).

Tenoch Huerta, quien se puso en la piel de uno de los capos del narcotráfico más buscados por la Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI por sus siglas en inglés), habló con InSight Crime sobre los desafíos de interpretar a este personaje y el impacto del crimen organizado en México.

InSight Crime (IC): Narcos parece haber alcanzado “la mayoría de edad” en la nueva temporada.

Tenoch Huerta (TH): Creo que la serie ha adquirido un nuevo rostro. Cambiaron el formato de la fotografía para hacer planos más abiertos, lo que nos permite ver más. Tuvieron el buen tino de invitar a actores mexicanos para interpretar a personajes mexicanos, directores mexicanos. Creo que eso ayuda a darle profundidad y verosimilitud y un sabor tan a chile que tiene la serie.

IC: ¿Cómo fue interpretar a Rafael Caro Quintero?

TH: Yo quería hacerlo a él. Caro Quintero era el personaje donde podía aportar más. A primera vista puede parecer el más simple, pero para mí la pregunta es qué lo llevó en la vida a ser esto, y en la búsqueda de esas respuestas a mí se me antojaba un personaje muy complejo y lleno de matices.

IC: ¿Qué referencia o recuerdo tenías de él por haber crecido en México?      

TH: Cuando era pequeño se sabía poco del narcotráfico. Si bien México tiene una historia de narcotráfico de más de 100 años, no teníamos mucha idea de los narcotraficantes. No eran tan públicos. Caro Quintero cobró notoriedad por ser tan polémico en sus declaraciones. Mis papás me cuentan que alguna vez fueron a un centro nocturno y que Caro Quintero había llegado con unas chicas, cuando se supone que estaba en la cárcel. Hay un montón de gente que tiene anécdotas de haberlo visto en bares o fiestas cuando supuestamente estaba preso. Pero más allá de eso, no estaba tan presente.

El azote del narco se volvió un tema para nosotros a partir de las guerras entre los Arellano Félix, “El Güero” Palma y demás, posteriores al cartel de Guadalajara, y definitivamente se volvió un gran tema cuando Calderón declaró, hace doce años, la guerra fallida [contra el narco].

IC: ¿Qué opinas sobre la elección de ese período de la historia de México?

TH: Me parece que la selección del período fue muy acertada, porque el cartel de Guadalajara es el primer cartel mexicano. Si bien tenemos tradición de drogas desde hace más de 100 años, sobre todo en la frontera con Estados Unidos —porque no hay que olvidar que quienes se meten toneladas de drogas son ellos— no pasaban de ser productores locales con volúmenes de producción realmente bajos.

Con el cartel de Guadalajara vemos un cartel como los pensamos en términos modernos: un grupo estructurado, piramidal, donde hay producción, distribución, recolección, contactos, almacenamiento, gente que cuida el producto, un brazo armado de seguridad, aplicación de tecnologías, una empresa como tal. En esa época es donde todo nace, donde comienza nuestra historia lamentable de narcotráfico.

IC: Caro Quintero fue un pionero, que creó un imperio desde la nada, pero su sed de poder también fue su final.    

TH: Obviamente si entras a un negocio que genera millones de dólares te vas a hacer rico. Esa es la razón por la que el narcotráfico sigue captando tanta gente, y no solo en las clases marginales. En México están metidos todos. Aquí la gente de dinero se ha hecho rica negociando de una forma directa o indirecta con el narcotráfico.

Tenemos por ejemplo el escándalo de HSBC acusado de lavar dinero del narco, y dudo mucho que los dueños de ese banco fueran niños de la calle que vieron una serie y entonces quisieron meterse en el negocio del narcotráfico y entonces lavarles dinero. Ese es el poder corruptor del dinero y del poder. Estos personajes que vienen de la marginalidad, creo que son solo el rostro visible; los famosos que están detrás del narco, pero los que mueven los hilos son los que no tienes ni idea.

IC: ¿Cómo impacta el crimen organizado en México, y qué opinas sobre el abordaje de los diversos gobiernos?

TH: El problema del narco tiene muchos factores y es bastante complejo, pero uno de los problemas es que en México no hay movilidad social. Cuando mi papá era joven, si tú terminabas una licenciatura, podías aspirar a un nivel de vida diferente y cambiar tu posición social, tu nivel económico. Ahora es el crimen organizado, el narcotráfico principalmente, el principal móvil de este país.

Eso es brutal. Eso, sumado a la corrupción y a la impunidad, es el caldo de cultivo perfecto para que un país de lance casi a ciegas a los brazos del crimen.

IC: El panorama es desalentador …

TH: Es un panorama desalentador, pero lo alentador es que la gente ya no quiere vivir así. Creo que ahora los mexicanos tenemos una oportunidad tremenda de cambiar las cosas, pero lo tiene que cambiar la sociedad; eso no es solo trabajo del gobierno.

IC: ¿Qué etapa reflejarías en Narcos 5?

TH: El creador de la serie un día me dijo que el fenómeno del narco en México tiene tantos momentos y tantos protagonistas que podríamos hacer cinco series. Yo lo colocaría de sexenio en sexenio, cada uno con sus protagonistas: los Arellano Félix, el Güero Palma, El Señor de los Cielos… luego vienen otros que tomaron su lugar, El Chapo empoderado, los Beltrán Leyva. Luego la parte de la locura, cuando entra en juego el cartel del Golfo con Los Zetas, y la última etapa, la de ahora.

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