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Un repunte en las matanzas de policías tiene nerviosos a los miembros del cuerpo, mientras en las redes sociales algunos piden que se ejecute extrajudicialmente a los presuntos integrantes de las pandillas callejeras, este será un problema central para el presidente recién electo Nayib Bukele.

Era el día después de que uno de los suyos cayera muerto a manos de presuntos pandilleros, pero en una estación de policía en el centro de San Salvador no se habría notado la diferencia.

No hubo evento especial ni remembranzas u oficios religiosos en honor al tiempo que Omar Rivas pasó en la institución. No se dieron instrucciones especiales a sus perplejos compañeros, que trabajaban con él en el centro histórico de San Salvador. No se abrió ninguna investigación especial para indagar si el homicidio de Rivera el 14 de enero estaba relacionado con su trabajo en la zona.

La hipótesis fue que Rivera había caído muerto como tantos otros: sorprendido por un enemigo que parece estar en evolución y en todas partes a la vez. Él es uno de los nueve policías asesinados en enero de 2019, en comparación con los 32 agentes de policía y los 2 administradores muertos en todo lo corrido de 2018.

Ese ritmo tiene a la policía con los nervios de punta. Los agentes de la estación pasaron inquietos ese día, pero se sentían impotentes y atemorizados. Se dice que los presuntos pandilleros que habrían matado a Rivas entraron a su casa, donde se encontraba con su esposa y su hija, y le dispararon seis veces. El rumor en la estación ese día, que no se confirmó, fue que llevaban uniformes de la policía y pasamontañas, y que portaban armas de grueso calibre.

“Eso es lo que más miedo me da” —le confesó un policía a InSight Crime con la condición de que se mantuviera su anonimato— “que lleguen vestidos como nosotros”.

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Los rostros de esa guerra permanecen en la sombra, y muchos policías están más dispuestos a recurrir a cualquier mecanismo necesario para repeler a un enemigo que creen que el gobierno no tiene la voluntad de combatir.

Es un problema que deberá que resolver el presidente electo Nayib Bukele, quien arrasó en las elecciones del 3 de febrero. Observadores internacionales y medios de comunicación han expresado su preocupación por las ejecuciones extrajudiciales. El problema no es nuevo. Desde los días de la guerra civil, organismos de seguridad y civiles por igual han acudido a instancias extrajudiciales para zanjar sus diferencias.

Aun así, el ojo por ojo entre las pandillas callejeras y las fuerzas de seguridad tiene algunas dimensiones nuevas, entre ellas cuentas de Twitter que promueven de manera anónima, otra solución, más permanente, al problema de las pandillas.

“No perdonen delen [sic] gas a todo bicho poste y pandilleros o mujeres y gente poste que colaboran con los malditos pandilleros”, dice un trino de Exterminio (@exterminio10_7). “ya es tiempo de ir limpiando parejo…”.

Exterminio se describe como “no soy el jefe, no soy el mejor”, pero recalca que “aquí solo gente de huevos hay y el que la caga y traiciona le damos en la madre”.

La cuenta relata esta guerra con lujo de detalles, con fotografías de “lacras” ensangrentadas, el apelativo que Exterminio y otros les dan a los pandilleros, y videos de detenidos retorciéndose durante los interrogatorios. Algunos presuntos pandilleros yacen muertos en las calles, otros junto a sus camas. Exterminio celebra sus muertes, lamenta sus capturas, y pide a sus compañeros policías que dejen a los escuadrones de la muerte hacer tranquilos lo suyo.

“Por favor azules no persigan unidades que se encuentran limpiando en varios lugares”, escribió Exterminio hace poco. “La misión es eliminar lacras”.

Otras cuentas son menos específicas, pero igual de radicales. Comandante Tornado (@cuernodedisco) prefiere la palabra “parásito” a “lacra”, y le gusta publicar fotografías de sus atracones con comidas rápidas, pero también llena su muro con fotografías de presuntos pandilleros muertos, que marca con su alias de Twitter.

“Aquí se habla sin timos, si quieren oír que todo está bien pues se equivocaron de cuenta”, trina Tornado.

Las pandillas han subido las apuestas y reforzado sus capacidades y su poder de fuego. Documentos judiciales muestran que las pandillas llevan comprando uniformes de la policía y material bélico por lo menos desde 2015, además de que han impartido órdenes especiales de recoger dinero para adquirir armas de asalto, y dan a sus miembros instrucciones rudimentarias sobre cómo dispararles.

No cabe duda de que las pandillas parecen más proactivas y agresivas. Ejecuciones anteriores de policías y militares, que perdieron 17 soldados en 2018, se realizaron en espacios públicos. La irrupción a la residencia de Rivera, así como la emboscada a una patrulla unos días después, la cual dejó otros dos policías muertos, conmocionó a los miembros del cuerpo.

Algunos le expresaron a InSight Crime su contrariedad por que nadie se pronunciara a su favor. Sus comandantes en su mayoría habían guardado silencio sobre la situación. Nadie quería alborotar avisperos.

“No hay una línea de ataque por parte de pandillas contra personal de la PNC”, declaró el jefe de la policía Howard Cotto a comienzos de enero, pocos días después de que presuntos pandilleros abalearan a un integrante de las Fuerzas Especiales de la Policía, cuando esperaba el autobús para ir a su trabajo.

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A mediados de enero, representantes de la Fiscalía General contradijeron a Cotto, cuando contaron a InSight Crime que a finales de diciembre las pandillas habían decidido aumentar la presión, en parte para obligar a los partidos políticos a negociar directamente con ellos en vísperas de las elecciones presidenciales.

Por su parte, Bukele, exalcalde de San Salvador, ya se ha sentado con las pandillas, negociando por medio de intermediarios el desarrollo de algunos sectores del centro de la ciudad para abrir paso a actividades comerciales y turísticas.

El presidente recién electo tendrá que caminar sobre terreno quebradizo. El Congreso destinó US$2 millones de presupuesto adicional para la Policía en enero, y el apoyo a las medidas represivas está muy arraigado.

Por su parte, la policía también respondió. Cotto suspendió por un breve lapso los descansos entre un turno y otro en enero, pues era en estos lapsos de tiempo cuando más se registraban ataques a la policía. Y para finales del mes, había más de 300 presuntos pandilleros detenidos, según declaraciones de oficiales de la policía. Otros más habían sido muertos, como se relata en cuentas de Twitter, como la de Exterminio.

“No andamos con tanta buya para arrancarles el Repollo”, decía un trino reciente. “Como dice el dicho que el que come callado come las veces que quiera”.

Imagen: AP Photo/Salvador Melendez

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