Oleada de migrantes, gran oportunidad para grupos criminales de Colombia

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Una gran afluencia de inmigrantes procedentes del Caribe y otras regiones que han llegado a Colombia les ha proporcionado a los grupos criminales del país una perfecta oportunidad para incrementar las actividades de tráfico de personas.

Los migrantes, desesperados por salir de Cuba, donde el mísero salario mensual promedio es de unos US$17, tienen básicamente dos opciones, ambas desalentadoras: tomar la ruta por tierra a Estados Unidos pasando por Sur y Centroamérica, o probar suerte en el mar en improvisadas balsas de fabricación casera. La ruta por tierra implica recorrer miles de millas, atravesar numerosos puestos de control fronterizos y recurrir a traficantes de personas conocidos como “coyotes”, mientras que la ruta por el mar se extiende sólo 90 millas.

Una razón por la que algunos optan por la ruta terrestre, que es más larga y costosa, es la política de “pies mojados, pies secos” del gobierno de Estados Unidos, que exige que los cubanos descubiertos en el mar sean devueltos, mientras que los que son aprehendidos en tierra pueden entrar a Estados Unidos e iniciar el proceso de solicitar la residencia (la green card).

El viaje migratorio comienza a menudo en Ecuador, a donde hasta noviembre de 2015 los cubanos podían entrar sin necesidad de obtener una visa de turista. Los migrantes se dirigen luego hacia el norte, a Colombia y Centroamérica, con la esperanza de llegar a Estados Unidos, atraídos por la perspectiva de obtener mejores salarios y reunirse con sus familiares. Pero este proceso se vio afectado recientemente, cuando varios países centroamericanos comenzaron en serie a negar la entrada a los migrantes cubanos.

El tráfico de personas es una fuente de ingreso conveniente para los grupos criminales en Colombia porque suele coincidir con otras actividades criminales como el tráfico de drogas.


La primera ficha de dominó en caer fue Nicaragua. En noviembre de 2015, como respuesta al aumento de los cubanos en su frontera sur, Nicaragua decidió militarizar la frontera, dejando estancados a miles de cubanos en el norte de Costa Rica. Al mes siguiente, Costa Rica también dejó de recibir emigrantes cubanos, haciendo que el cuello de botella se desplazara hacia el sur, hacia Panamá. Luego siguió Panamá a principios de mayo de 2016, justo una semana después de que había acordado llevar por aire a México a casi 4.000 cubanos.

Esta serie de cierres fronterizos llevó a que unos 1.300 cubanos quedaran varados en la ciudad de Turbo, al noreste de Colombia. Fue en ese momento cuando las autoridades informaron que el grupo criminal más poderoso de Colombia, Los Urabeños, le estaba cobrando a los migrantes cubanos el derecho a pasar por la ciudad. Según el general Jorge Rodríguez Peralta, el grupo amenazaba con dejar a los inmigrantes en la gran franja de espesa selva que separa a Colombia y Panamá, conocida como el tapón del Darién, si no le pagaban cierta cantidad de dinero. Según los informes, las autoridades también estaban investigando si el grupo estaba utilizando el fuerte flujo de migrantes como una distracción para enviar cargamentos de droga por otras rutas de contrabando en Panamá.

Pero pronto surgió una amenaza mayor que la de las bandas de extorsionistas: los funcionarios de inmigración. A principios de agosto, las autoridades colombianas anunciaron que los migrantes serían deportados a Cuba. Esta declaración provocó un temor generalizado entre la comunidad migrante, y la semana pasada un portavoz le dijo a Associated Press que más de mil cubanos habían huido al tapón del Darién para evitar ser deportados. Unos 350 cubanos permanecían en Turbo, según funcionarios del gobierno.

Poco después, el gobierno colombiano anunció que “la crisis de los migrantes cubanos había sido superada”. Pero la “crisis” de los migrantes cubanos no ha sido el principio ni el fin de la inmigración y de los problemas de tráfico de personas en Colombia.

El año pasado, por ejemplo, las autoridades de la región de Urabá, donde se encuentra ubicada Turbo, dijeron que Los Urabeños fueron los responsables del tráfico de un grupo de cubanos, somalíes, afganos, nepalíes y ciudadanos de otros países a través de la zona. Y este año promete ser una bonanza aún más grande para las redes de tráfico de personas; según Migración Colombia, 9.377 migrantes pasaron por Turbo durante los primeros siete meses del año 2016, lo cual está por encima de los 8.885 migrantes en todo 2015. El mayor número de migrantes que llegan a Turbo no provienen de Cuba sino de Haití, y al país también han entrado indios, pakistaníes y africanos de distintos países.

“Ahora se ha movido mucho lo de los cubanos”, le dijo a El Tiempo Leonidas Moreno, un pastor de la ciudad de Apartadó, a principios de agosto. “Pero este problema no es nuevo, ni es solo de cubanos, y va a seguir”.

Análisis de InSight Crime

El tráfico ilícito de migrantes no es una fuente importante de ingresos para los grupos criminales de Colombia. En una reciente entrevista con El Colombiano, el profesor Pedro Piedrahíta Bustamante, de la Universidad Pontificia Bolivariana, dijo que este tipo de tráfico en Colombia genera unos US$5 millones al año. Y Christian Krüger, director de Migración Colombia, dijo a finales de julio que los coyotes cobran entre US$1.500 y 2.500 por cada migrante que pasa por Colombia. Si los 9.337 migrantes que según Bustamante han sido deportados de Colombia en lo que va corrido de 2016 pagaron la tarifa máxima, ello daría un total de US$ 23,4 millones.

De todas maneras, esta cifra es despreciable si se compara con los ingresos anuales por el tráfico de cocaína, que llega a los miles de millones.

Sin embargo, el tráfico de personas es una conveniente fuente de ingresos para estos grupos, ya que, según Bustamante, a menudo se entrecruza con otras actividades criminales, como la del narcotráfico.

“En Colombia […] cualquier grupo armado ilegal que usted se imagine está involucrado en el tráfico de personas porque por las mismas rutas que pasan los migrantes pasa la cocaína, la marihuana, todo el narcotráfico [y] las armas ilegales que vienen de diferentes partes del mundo”, dijo Bustamante.

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Esta oleada de migrantes cubanos tiene una doble explicación. El descongelamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha llevado a que los cubanos teman perder su estatus migratorio preferencial frente al gobierno de Estados Unidos, mientras que las reformas recientes por parte del gobierno comunista han disminuido las restricciones de los viajes para los ciudadanos.

Por otra parte, según el pastor Moreno, muchos haitianos vienen de Brasil, a donde llegaron tras el devastador terremoto de Haití en 2010, pero desde entonces los empleos allí han escaseado, lo que ha obligado a los haitianos a buscar trabajo en otros lugares.

Cualquiera que sea la razón para migrar o la nacionalidad, los migrantes seguirán llegando a Suramérica en su búsqueda de una ruta hacia Estados Unidos. Todos pasarán por Colombia, y muchos recurrirán inevitablemente a las depredadoras redes de tráfico de personas para que les den la oportunidad de alcanzar el sueño americano.

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4 Comentarios

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