ONU detalla cómo la pasta base de cocaína barata ha plagado a Suramérica

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Un nuevo informe de las Naciones Unidas sobre el uso y la venta de pasta base de cocaína en Perú examina el auge de una droga que ha arruinado a comunidades enteras alrededor de Suramérica, pero que se ha convertido en una bendición para los narcotraficantes y los grupos criminales.

La base de cocaína es la pasta producida durante la primera etapa de la producción de cocaína, que luego es usualmente procesada en polvo, clorhidrato de cocaína (HCL). No obstante, cuando se fuma, la base es también una droga altamente adictiva y destructiva.

Según un nuevo informe [pdf] de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), el primer consumo registrado de base de cocaína en Perú se remonta a los años setenta, aunque los investigadores creen que, al menos hace 15 años, se consume comúnmente en ciertas partes del país. En 1980, la droga se había extendido a las ciudades, aunque haste el día de hoy, su uso sigue siendo mayor en muchas zonas rurales que en Lima y otras ciudades.

En 1992, una organización peruana sin ánimo de lucro que monitorea el consumo de drogas, conocida como CEDRO, señaló que el 5,6 por ciento de la población había probado la base de cocaína, un récord en ese momento. Esto fue seguido por una tendencia general a la baja hasta 2005, cuando su uso se estabilizó entre el 2,1 y el 3,7 por ciento. Según la ONUDD, hay muchas explicaciones que dan cuenta de esta caída en el consumo, incluyendo el cambio en la percepción de los riesgos del uso de pasta base de cocaína y la creciente popularidad de las drogas sintéticas en Perú.

El último estudio del consumo de base de cocaína, publicado en 2012 por la agencia nacional antidrogas DEVIDA, encontró que sólo el 1,5 por ciento de la población la había probado, pero que esta cifra había aumentado considerablemente desde 2006.

El estudio de DEVIDA también sugirió que cerca del 60 por ciento de las personas que habían fumado base de cocaína el año anterior, mostraron signos de dependencia. La ONUDD atribuye este dramático aumento al creciente número de consumidores crónicos, el bajo precio de la droga y su mayor producción y disponibilidad.

La base de cocaína se produce sobre todo en las regiones cocaleras de Perú, principalmente en la zona conocida como el VRAE, aunque también se han descubierto laboratorios en las afueras de Lima y otras ciudades costeras.

El producto para uso interno se introduce de contrabando en las ciudades, utilizando vehículos pesados y entregándolo directamente a los proveedores, los cuales normalmente manejan entre dos y cuatro kilos a la vez. Los proveedores distribuyen la base a los traficantes, quienes a menudo son también usuarios, y por lo general manejan cantidades no mayores que decenas de gramos. Un estudio de 2012 de CEDRO identificó 1.350 sitios donde se vende la base en las ciudades de Lima y Callao.

Según la ONUDD, el comercio peruano no está controlado por los grupos criminales y por lo tanto funciona como un mercado relativamente abierto, en el que narcotraficantes independientes podrían participar sin temor a represalias violentas.

La base de cocaína traficada internacionalmente sale de Perú a través de varias vías y por lo general está destinada a mercados internos en Ecuador, Bolivia, Brasil, Chile, Argentina y Uruguay. En los últimos años, una mayor cantidad de pasta base de cocaína ha sido traficada a través de rutas del sur. Esto es debido a la creciente demanda de base de cocaína en Brasil, donde no sólo se fuma en forma de pasta, sino también se usa para producir crack, que anteriormente sólo se hacía con clorhidrato de cocaína. Gran parte de la base peruana destinada a Brasil no cruza la frontera compartida, sino que se trafica a través de Bolivia.

Análisis de InSight Crime

La base de cocaína es mucho más fácil y barata de producir que el clorhidrato de cocaína. Los precursores que se utilizan, como la gasolina y el cemento, son más baratos y fáciles de obtener que los productos químicos necesarios para procesar HCL. Además, el proceso requiere mucho menos experiencia y puede llevarse a cabo en laboratorios rudimentarios cerca de donde se cultiva la coca.

El producto final es una pasta que contiene una alta concentración de cocaína mezclada con impurezas. La diferencia fundamental con la cocaína en polvo, es que se puede fumar y por lo tanto ofrece efectos mucho más intensos, pero breves. Esto es lo que hace que la base sea mucho más adictiva que la cocaína en polvo (HCL), ya que los usuarios quedan atrapados rápidamente en un ciclo de efectos muchos más cortos e intensos, seguidos por un deseo de más; esta intensidad es proporcional a la intensidad de los efectos. El impacto en la salud de los usuarios puede ser brutalmente destructiva, tanto física como mentalmente – y devastadora para las familias y las comunidades.

En manos de narcotraficantes emprendedores, que entendieron que el bajo precio de venta de la droga podría ser compensado por su bajo costo de producción y la alta demanda de los consumidores, la venta de pasta base de cocaína para su consumo se ha extendido a través de Suramérica.

El bajo precio de la base ha hecho que sea ideal para su comercialización en las zonas económicamente deprimidas y su impacto ha sido especialmente devastador en los barrios urbanos pobres de Suramérica. La propagación de la base en estas áreas no sólo ha causado problemas sociales y de salud, sino que también ha generado una nueva fuente lucrativa de ingresos para las pandillas violentas que normalmente controlan el narcotráfico callejero (narcomenudeo).

Los países del Cono Sur han sido particularmente golpeados por este fenómeno. Según el gobierno argentino, el uso de base de cocaína o “paco”, creció 200 por ciento entre 2001 y 2005. Muchos analistas relacionan este aumento con la pobreza y la falta de oportunidades que siguió a la crisis económica del país en 2001. El uso en Brasil también se ha extendido rápidamente durante el mismo tiempo, culminando en un frenesí de los medios de comunicación en 2011 sobre “Oxi” – aparentemente un nuevo y sorprendentemente peligroso derivado de la cocaína, en realidad, un poco más que una base renombrada (un cambio de nombre como una marca).

Se puede argumentar que la expansión del consumo de base en Suramérica es una consecuencia directa de los esfuerzos de la fuerza pública por reprimir el tráfico de cocaína. Las mayores restricciones sobre los precursores químicos, así como el enfoque en la interdicción de cargamentos de droga con destino a los mercados extranjeros, ha hecho que sea más costoso y riesgoso para las organizaciones narcotraficantes suramericanas procesar cocaína y transportarla a Estados Unidos y Europa. Como resultado, la opción rápida y fácil de arrojar la base en el mercado doméstico de Suramérica se ha convertido en una opción cada vez más atractiva.

Como una cuestión de salud, el uso de pasta base de cocaína es una de las adicciones más difíciles de tratar, en términos de romper la dependencia para asegurarse de que no haya una recaída. Como un asunto de crimen organizado, la relativa facilidad con la que se produce y se trafica significa que es probable que sea igualmente difícil de enfrentar. Incluso más preocupante, cualquier éxito en la lucha contra el tráfico internacional de cocaína puede llevar al problema de la propagación y profundización en toda Suramérica a medida que los narcotraficantes perseguidos opten por el dinero fácil.

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