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En la conferencia de celebración del décimo aniversario de InSight Crime, Robert Muggah, uno de los panelistas, se refirió a las reacciones que ha observado en su trabajo con la organización en proyectos en Brasil, Colombia, Perú y El Salvador.

“Dondequiera que vamos, siempre nos han reconocido —y rara vez nos han querido—”, expresó Muggah, cofundador del Instituto Igarapé, de Brasil.

Su comentario está estrechamente relacionado con una de las conclusiones de esta breve revisión a una década de información sobre crimen organizado: que a los criminales —bien sea que se trate de ricos empresarios, pandillas callejeras, capos de la droga, policías o políticos de alto rango— no les gusta ser descubiertos.

El codirector Steven Dudley habló sobre una de las primeras incursiones del equipo de trabajo en este tipo de investigaciones: un proyecto de tres años de duración sobre élites y crimen organizado, que aún hoy es una de las investigaciones más leídas en el sitio web. El proyecto se enfocó en analizar cómo “se crearon bloques políticos y económicos que se fueron fusionando con los intereses del crimen organizado, a tal punto que empezaron a otorgarles una gran cantidad de poder”, afirmó Dudley.

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Pero la dificultad para emprender este tipo de investigaciones, como dijo el codirector Jeremy McDermott, radica en que son “más complejas, no solo para realizar y narrar, sino también, y desafortunadamente, mucho más riesgosas”.

El evento comenzó con la intervención de Juanita León, fundadora y directora del medio colombiano La Silla Vacía, quien dialogó con los codirectores de InSight Crime sobre los inicios de la organización. En 2009, tanto McDermott como Dudley se desempeñaban como corresponsales en América Latina, y se dieron cuenta de que los medios de comunicación estaban recortando sus presupuestos para la investigación en la región. La organización nació un año después, gracias a un capital semilla de Open Society Foundations y el apoyo de American University en Washington, D.C.

Pero creció de una manera que ninguno de los dos llegó a imaginar. Actualmente, InSight Crime cuenta con un equipo de más de 50 investigadores en todo el continente. Antes de la pandemia por Covid-19, el equipo de InSight Crime estaba presente en diversos rincones de la región, a menudo en “lugares peliagudos”, como los denomina McDermott.

Los asistentes expresaron su curiosidad por lo que se requiere para desenmascarar el hampa. Dudley comentó que InSight Crime recurre a múltiples fuentes, como líderes comunitarios, víctimas de delitos, funcionarios de la ley, documentos judiciales y, en la medida de lo posible, a los criminales mismos.

“Se trata de un proceso gradual y de un trabajo con fuentes durante largos periodos de tiempo”, explicó.

Durante la segunda parte de la conferencia, Muggah, Dudley y McDermott analizaron temas específicos de la región en relación con la evolución del crimen organizado.

Comenzaron revisando el papel de Colombia en el panorama del crimen organizado, dado que la organización tiene su sede en Medellín y fue en esta ciudad donde tuvo sus inicios.

Colombia, señaló McDermott, continúa produciendo cantidades récord de cocaína, y los grupos criminales del país se han dirigido a mercados donde los precios de la droga al por mayor se han disparado: Europa, Asia e incluso Australia.

“Los colombianos han sido pioneros en el hampa, tanto hoy en día como cuando Pablo Escobar (capo del Cartel de Medellín) industrializó el tráfico de cocaína mediante el uso aviones”, explicó.

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Posteriormente, los tres hablaron sobre la violencia extrema de los grupos criminales mexicanos, que ha llevado a que el país sea uno de los más violentos del mundo, comenzando con el sanguinario grupo Los Zetas. Dudley les recordó a los asistentes los orígenes del grupo criminal como operadores del Cartel del Golfo. Los Zetas se desvincularon gradualmente de dicho cartel y se transformaron en un ejército criminal que incursionó en diversas actividades, como extorsión, secuestro, contrabando, prostitución y sicariato. El modelo de Los Zetas “persiste porque la barrera de entrada es mucho más baja”, explicó Dudley.

Actualmente hay grupos armados similares en confrontación en todo México, muchos de los cuales mantienen alianzas y rivalidades con las grandes organizaciones internacionales de narcotráfico.

“Esto nos permite hacernos una idea del caótico contexto que se genera, que es lo que México está viviendo en este momento”, añadió.

La violencia fue otro de los temas de discusión, que se abordó al hablar sobre la pandilla callejera MS13; en este sentido, Dudley señaló que la participación en actos atroces es algo que les da cohesión a los pandilleros. Dudley, quien recientemente escribió un libro sobre la MS13 apoyado en las investigaciones realizadas en InSight Crime, rebatió uno de los grandes mitos en torno a la pandilla.

“Existe la noción de que son un gran grupo criminal con un alcance y una sofisticación increíbles, que puede incluso participar en actividades como el narcotráfico. Pero realmente no pueden hacerlo”, explicó Dudley.

Luego Muggah indagó por una de las grandes preocupaciones del crimen organizado en la región: Venezuela. McDermott señaló que las redes del crimen organizado se infiltraron inicialmente en el Estado a instancias del difunto presidente Hugo Chávez y luego comenzaron a apoyar el régimen del presidente Nicolás Maduro en medio del colapso del país.

“Y la situación actual es que Venezuela está exportando crimen organizado”, afirmó.

La conversación concluyó con una mirada al futuro de InSight Crime. Dudley expresó que le gustaría expandirse hacia temas poco explorados, como el hecho de que el temor a la violencia sexual en las prisiones puede fomentar la conformación de poderosas pandillas.

McDermott expresó que quiere seguir desenmascarando a los principales criminales, que “ocupan sitios en el Congreso, habitan palacios presidenciales, o incluso representan las principales élites económicas”.

“No están siendo confrontados y disfrutan de una impunidad absoluta”, afirmó. “Me gustaría desestabilizarlos”.

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