Pandillas evangélicas de Brasil en guerra contra religiones afrobrasileñas

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El Templo Cabocla Jurema Umbanda en las afueras de Brasilia se preparaba para celebrar su aniversario número 50 este mes de enero. No pudo ser: el templo fue incinerado totalmente el día de Navidad y todos sus objetos sagrados fueron robados. Este es el más reciente ataque de los cientos que ha cometido el nuevo actor criminal de Brasil: las pandillas evangélicas cristianas.

El ataque a Cabocla Jurema no dejó personas heridas ni muertos. No siempre ha sido así. En octubre de 2018, Romualdo Rosário da Costa, un conocido practicante de candomblé y defensor de los afrobrasileños a nivel internacional, quien es conocido como Moa de Katendê, fue apuñalado 12 veces en Salvador, capital del estado de Bahía al nororiente del país.

Rosário da Costa se encontraba celebrando los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, tras la cual hubo una segunda vuelta en la que se enfrentaron su candidato favorito, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), de izquierda, y Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), de extrema derecha.

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Su asesino, Paulo Sérgio Ferreira de Santana, era partidario del PSL y le confesó a la policía que atacó a Rosário da Costa porque este le dijo que no le gustaba Bolsonaro, según palabras del secretario de seguridad pública de Bahía en un informe de Globo.

Bolsonaro se posesionó como presidente casi dos meses después. Desde entonces, los ataques de los grupos religiosos criminales han aumentado. Solo en el estado de Río hubo 123 informes de violencia religiosa entre enero y octubre de 2019, a diferencia de los 14 que se presentaron durante todo 2016, según un informe de The Washington Post.

InSight Crime consultó a Robert Muggah, fundador del Instituto Igarapé, de Brasil, quien dijo que durante 2019 fueron cerrados 200 templos de candomblé y umbanda debido a amenazas e intimidaciones, cifra que duplica la de 2018.

El candomblé y la umbanda son dos religiones afrobrasileñas con millones de seguidores en todo el país. Su número de seguidores ha disminuido a medida que los devotos del neopentecostalismo han aumentado. Mientras que en la década del 50 el 5 por ciento de la población era neopentecostal, esta cifra aumentó al 22 por ciento en el censo de 2010, y Muggah cree que podría superar el 30 por ciento en el censo de 2020. Esta forma de protestantismo evangélico se ha convertido en una poderosa fuerza política que busca cambiar la perspectiva del país en temas como la sexualidad, la vida familiar e incluso la libertad de expresión y de culto. Las comunidades afrobrasileñas han sentido esta arremetida.

“Los practicantes de las religiones afrobrasileñas provienen de las poblaciones más pobres y vulnerables de las ciudades brasileñas. Existen fuertes prejuicios entre la población evangélica, cada vez más ortodoxa, contra las religiones no cristianas”, señaló Muggah.

“Dado que tienen poco apoyo de las comunidades vecinas y cuentan con acceso limitado a las instituciones legales, suelen ser víctimas de las milicias y las pandillas”.

El más reciente detonante de esta división social ha sido A Primeira Tentação de Cristo (La primera tentación de Cristo), una comedia satírica de la compañía brasileña Porta dos Fundos transmitida en Netflix, en la que se supone que Jesucristo era homosexual y que María fumaba marihuana.

En la víspera de Navidad, tres hombres con pasamontañas lanzaron cocteles Molotov contra la puerta principal del edificio donde se encuentran las oficinas de Porta dos Fundos en Río de Janeiro. Uno de los presuntos autores del ataque, Eduardo Fauzi, quien huyó a Rusia, declaró que era seguidor del presidente Bolsonaro.

A pesar de los ruegos para que el gobierno haga algo con respecto a estos ataques, un juez de Río ordenó que Netflix retirara la película, arguyendo que iba en contra del “honor de millones de personas”, pero esta prohibición fue revocada por la Corte Suprema el 10 de enero.

En una declaración enviada a InSight Crime, Porta dos Fundos afirma: “Estamos en contra de cualquier acto de censura, violencia, ilegalidad y autoritarismo que creíamos que ya no debíamos enfrentar en pleno año 2020”.

Análisis de InSight Crime

Hasta la fecha, ni el presidente Jair Bolsonaro ni el gobernador de Río, Wilson Witzel, han rechazado el ataque a Porta dos Fundos y solo han hecho algunas menciones sobre la reiterativa violencia contra los practicantes y los sitios de culto del candomblé y la umbanda. Las pandillas religiosas han entendido esto como una aprobación.

Además, el fanatismo se ha extendido a las pandillas criminales de Brasil. Álvaro Malaquias Santa Rosa, alias “Peixão”, una figura de alto rango dentro de la pandilla Tercer Comando Puro (TCP), supuestamente ayudó a crear los Soldados de Jesús (Bonde de Jesús), un nuevo grupo criminal con motivaciones evangélicas, en Duque de Caxias, una ciudad cerca de Río.

Cartel en el que se ofrece una recompensa de 2.000 reales (US$500) por el líder del TCP, Álvaro Malaquias Santa Rosa, alias “Peixão”. Cortesía de la policía de Brasil

“Algunos de ellos se llaman a sí mismos ‘traficantes de drogas de Jesús’, con lo cual se crean una identidad particular. Cargan armas y venden drogas, y se sienten con derecho a prohibir las religiones con influencia africana, pues afirman que están relacionadas con el diablo”, dice Gilbert Stivanello, comandante de la unidad de delitos de intolerancia del departamento de policía de Río, en un informe de The Washington Post.

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En el mismo informe, un sacerdote de candomblé afirma que el TCP autoriza ceremonias religiosas solo en ciertos días, permite que a los templos acudan solo pocas personas y le prohíbe a la gente usar la ropa blanca tradicional de la fe afrobrasileña.

Ocho miembros del grupo Bonde de Jesus fueron arrestados en agosto pasado después de que saquearon un templo en Duque de Caxias y amenazaron con un arma a la madre del sacerdote principal, una mujer de 85 años, informó O Dia.

Estos arrestos no logran acabar la impunidad en torno a esta nueva forma de grupo criminal. Aunque se presentan a sí mismos como defensores de Cristo, su piedad es mínima. El TCP todavía está involucrado en violencia y narcotráfico. Y es posible que la impunidad por sus crímenes religiosos genere impunidad para todos sus crímenes.

“Hay un silencio absoluto de los funcionarios federales, estatales y municipales en torno a la violencia religiosa”, le dijo Muggah a InSight Crime.

El representante de Río ante la Comisión de Lucha contra la Intolerancia Religiosa, Ivanir dos Santos, criticó a Witzel, diciendo que ni siquiera se reunió con el gobernador a pesar de las reiteradas solicitudes para que lo hiciera, informó Globo.

Ha habido algunos intentos de responder a la violencia religiosa. En 2018, la policía de Río de Janeiro creó la Decradi, Delegacia de Crimes Raciais e Delitos de Intolerância (Comisaría de Delitos Raciales y Delitos de Intolerancia). En septiembre de 2019, la Fiscalía General le pidió al gobierno más acciones para detener los ataques religiosos, calificándolos como una amenaza a la “democracia de Brasil”. Aún no se han percibido los efectos disuasivos sobre estos ataques.

“No dudo de que si se hubiera tratado de una sinagoga o una iglesia cristiana, la actitud del Estado sería diferente”, dijo dos Santos en julio pasado durante una protesta contra los ataques a los templos de candomblé y umbanda.

Si bien la popularidad de Bolsonaro se está viendo afectada, es poco probable que comience a actuar en este sentido. Su silencio en torno a la violencia religiosa no parece ser la causa del descontento por su gobierno. Después de todo, la solicitud para prohibir la película de Netflix obtuvo más de 1 millón de firmas. Pero el silencio permanente significa que hay más aprobación tácita. Y entre tanto los templos continuarán ardiendo.

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