Grupos criminales de Paraguay deforestan para suplir demanda de marihuana

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Los grupos criminales parecen haber participado en el inicio de los incendios forestales que se han extendido en días recientes por todo Paraguay, los cuales han despejado espacio para extender las plantaciones de marihuana y satisfacer la creciente demanda de esta droga.

A principios de octubre, Paraguay declaró el estado de emergencia luego de que gran parte del país fuera consumido por incendios forestales. Solo el primero de ese mes se registraron 5.231 eventos. El prolongado verano ha permitido que los fuegos se propaguen prácticamente sin control, pero un informe reciente señala que han sido grupos armados los que provocaron los siniestros.

La participación de grupos criminales en esta crisis ambiental quedó al descubierto luego de que el 13 de este mes las autoridades denunciaron que hombres armados ligados al cultivo de marihuana impidieron la llegada de los bomberos para contener los incendios del Parque Nacional Caazapá, como lo informó Última Hora.

Esta parece ser una práctica recurrente por parte de narcotraficantes dedicados a la producción de marihuana. En octubre de 2019, el comandante de Bomberos voluntarios de la municipalidad de Villarrica, cercana al parque Caazapá, señaló que los incendios podrían estar relacionados con la presencia de organizaciones criminales que aprovechan la quema de pastizales para el cultivo de marihuana.

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Caazapá forma parte de la reserva natural del Bosque Atlántico del Paraná. Allí, según reportes de Mongabay, la deforestación del bosque está fuertemente asociada al cultivo de marihuana, donde existen al menos 2.350 hectáreas de estas plantaciones.

Sin embargo, es probable que los cultivadores hayan aumentado sus plantaciones debido al incremento de la demanda de marihuana durante la pandemia de coronavirus. Las autoridades de países vecinos como Argentina y  Brasil, así como de Estados Unidos y países de Europa, han reportado el consumo excesivo de marihuana en los últimos meses.

Paraguay es el principal productor de marihuana en la región. La región nororiental del país, que concentra el 93 por ciento de las plantaciones de marihuana, es una de las zonas que presenta mayor deterioro ambiental.

Análisis de InSight Crime

Paraguay reporta una tasa muy baja de consumo de marihuana, pero a su alrededor tiene grandes mercados como los de Brasil, Argentina, Uruguay y Chile. Estos últimos tres países cuentan con la mayor tasa de consumo de esta droga en Suramérica, según el Informe sobre el consumo de drogas en las Américas 2019.

Autoridades brasileñas han manifestado que durante el 2020 se ha visto un incremento en la oferta de marihuana proveniente de Paraguay. Debido a las dinámicas presentadas por la pandemia, se han disminuido los operativos de erradicación de cultivos ilícitos y han aumentado las incautaciones en estados fronterizos. Según datos de la Policía Federal de Brasil, proporcionados al diario UOL, de enero a septiembre se han incautado 257 toneladas de marihuana en Paraná y Mato Grosso do Sul, mientras que el 2019 cerró con 107 toneladas.

El anuario de 2019 de la Secretaría Nacional Antidrogas de Paraguay (Senad) estableció que la marihuana producida por la zona norte va hacia el mercado brasileño; la zona este alimenta al argentino; y la producción del sur, además de Argentina, alcanza a llegar en un alto porcentaje a Uruguay y Chile.

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Paraguay es el segundo país más deforestado de Sudamérica y este daño ambiental se relaciona con las dinámicas transnacionales que se han establecido en torno a esta economía criminal. La reserva Mbacarayú, ubicada cerca de la frontera con Brasil, se ha convertido en una zona estratégica para el cultivo de marihuana, y la mayor parte de esta producción llega a territorio brasileño. En los últimos cinco años, esta reserva ha perdido cerca de 1.900 hectáreas, según Mongabay con datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wide Fund for Nature – WWF).

Los narcotraficantes y otros grupos criminales de América Latina también han aprovechado la tala ilegal para despejar terrenos para las plantaciones, construir pistas de aterrizaje para aviones cargados con drogas o para vender madera. Por ejemplo, en Brasil ha habido informes de que casi el 100 por ciento de sus incendios forestales fueron iniciados por grupos criminales.

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