¿Paso en falso? Una mirada a la caída en los índices de homicidios en República Dominicana

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República Dominicana hace alarde de sus tasas de homicidios más bajas en años, pero estas cifras podrían no ser más que un velo sobre una amenaza mayor en la forma de manifestaciones más sofisticadas del crimen organizado.

República Dominicana —y en particular la provincia capital de Santo Domingo— ha exhibido un cambio asombroso en sus índices de criminalidad en años recientes. La provincia de Santo Domingo está registrando la tasa de homicidios más baja en quince años, con un registro de cerca de 13 homicidios por cada 100.000 habitantes, según cifras recientes divulgadas por la Fiscalía del Distrito Nacional.

En todo el país, los homicidios cayeron a cerca de 15 por 100.000 habitantes durante los primeros seis meses de 2015, en comparación con 18 a lo largo de 2014, que a su vez fue la cifra más baja en doce años en el país.

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Este abrupto cambio puede ser desconcertante para algunos. La intensificación del tráfico de cocaína en todo el país dio lugar a un pronunciado incremento de la violencia, con índices de homicidios de más del doble entre 2001 y 2003. De 2003 en adelante, esta cifra osciló entre 21 y 25,6 por 100.000 habitantes, según números de la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Crimen (ONUDC), tasas que sólo empezaron a bajar después de 2012.

Entonces, ¿qué hay tras esta caída sin precedentes en la tasa de homicidios de la isla? Se imponen tres teorías.

¿Estrategia de seguridad exitosa?

Los analistas del crimen en la región han planteado varias teorías para explicar esta tendencia. La primera es que la caída en las muertes violentas es consecuencia directa de una mejor estrategia de seguridad. En 2013, el presidente Danilo Medina ordenó al ejército dominicano que patrullara junto a la policía en áreas con altos índices de muertes violentas. La policía alegó que esto dio como resultado una caída inmediata en los índices de criminalidad.

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Sin embargo, en un artículo que analiza los grupos ilegales y la corrupción en El Caribe, que pronto será publicado por la Fundación Friedrich Ebert, la socióloga Lilian Bobea refuta la idea de que las fuerzas de seguridad del país, cuya violencia es notoria, puedan haber forzado el descenso del crimen. En Latinoamérica, a lo largo de la historia una presencia policial fuerte no ha hecho más que fomentar las víctimas mortales, mientras que la presencia del ejército difícilmente es novedad en la región y no es suficiente para justificar los recientes cambios en República Dominicana, sostiene Bobea.

Un informe de Amnistía Internacional sobre los abusos de la policía en República Dominicana opina algo similar, y detalla cómo los asesinatos de policías van en aumento en el país. “Los métodos policiales de línea dura están contribuyendo a la escalada en la violencia”, declara el informe de Amnistía —por inferencia, esto hace improbable que la realización conjunta de patrullajes de la policía y el ejército explique el mejoramiento general en el índice de homicidios en República Dominicana.

¿Pax Mexicana?

La segunda teoría propone que República Dominicana tiene menos homicidios, porque los grupos criminales mexicanos y colombianos —y específicamente los carteles de Sinaloa y los Zetas— han tomado el control de las rutas de narcotráfico en todo el país.

“Siempre que las organizaciones traficantes transnacionales mexicanas establecen su dominio en un mercado de droga [hay] una baja en los homicidios”, afirmó a InSight Crime el experto en crimen Daurius Figueira.

Figueira sostiene que, aunque el grupo criminal colombiano Los Urabeños fue durante algún tiempo la organización de tráfico dominante en República Dominicana, ellos cedieron el control de sus redes de tráfico a las organizaciones mexicanas para convertirse en asociados suyos. Los mexicanos han impuesto un orden estricto, que Figueira califica de “Pax Mexicana”, sobre sus asociados, entre los que se cuentan organismos estatales y grupos criminales locales, como Los Trinitarios y Los Tigres. Se dice que el nuevo modelo mexicano ha impuesto la paz entre diferentes facciones criminales en República Dominicana, además de forrarles el bolsillo.

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Un patrón similar puede observarse en Puerto Rico, que también ha visto la incursión reciente de los carteles mexicanos. Aunque en los últimos años hubo un aumento de la violencia junto con una mayor actividad narcotraficante, en 2014 tuvo la menor tasa de homicidios en más de una década.

Bajas en homicidios de policías, bajas en homicidios

Pese a estos cambios, sin embargo, el factor más notable detrás de la reciente caída de los homicidios en República Dominicana puede ser la caída en las muertes de policías.

La investigación de Bobea muestra que al mismo tiempo que se incrementaba la violencia relacionada con narcotráfico, con una quinta parte de los homicidios de 2007, casi una tercera parte de las muertes violentas en todo el país eran cometidas por la policía. Pero en los últimos cuatro años, el número de homicidios cometidos por la policía nacional cayó de 4 y 3 asesinatos por 100.000 habitantes a 1,65 en 2013, según estadísticas de la socióloga.

¿Cuál fue la causa del descenso de estas cifras? Es difícil creer que un cuerpo de policía notablemente represor, que depura sus filas de manera rutinaria sin mucho éxito, haya limpiado su actuar como por milagro.

Esto puede deberse a lo que se consideraría una “Pax Policía”. Bobea plantea que las fuerzas de seguridad corruptas —conocidas por extorsionar a los expendedores de droga— han logrado en gran parte, subyugar a los delincuentes de poca monta, lo que genera menos violencia por parte de las autoridades. Considerando que el 90 por ciento del crimen organizado es cometido presuntamente por la policía y el ejército dominicano (sin mencionar que la mayor parte de asesinatos por contrato se atribuyen a expolicías), esta teoría puede explicar especialmente la notoria disminución del crimen en la provincia de Santo Domingo, de la que Bobea explica que es un centro de extorsión policial.

Pero no es la primera vez que los asesinatos cometidos por la policía caen de manera inesperada, lo que indica que puede haber algo más siniestro detrás de la baja de muertes violentas. Bobea señala que sólo en 2002, el recién nombrado jefe de la Policía Nacional Jaime Marte Martínez reveló una caída “de la noche a la mañana” en las ejecuciones extrajudiciales, de 171 en 2001 a 103 por año. Lejos de ser una señal positiva, Bobea dice que esta pronunciada fluctuación es una señal de que la policía decide a conciencia cuándo necesitan atizar la violencia y cuándo deben imponer “paz”.

“Esta para mí es la evidencia más irrefutable de que estamos ante una decisión racional y que puede ser controlada”, le comentó a InSight Crime.

¿La calma antes de la tormenta?

Si bien República Dominicana experimenta índices de homicidios relativamente bajos en este momento, no parece que la tendencia vaya a mantenerse. Figuiera cree que esta fase de calma terminará una vez los grupos criminales locales inevitablemente entren en conflicto con los carteles mexicanos por las ganancias del tráfico de drogas.

Ya sea que le esté reservado esto o no a la República Dominicana, es seguro que lo que Bobea denomina “estadotropismo” —o la tendencia del crimen organizado a socavar el Estado— puede seguir debilitando y corrompiendo las instituciones gubernamentales en República Dominicana.

En ciertas formas, los agentes corruptos del Estado se están convirtiendo en traficantes genuinos. Abundan ejemplos de funcionarios de alto y bajo rango que siguen los pasos del excapitán del ejército dominicano Quirino Paulino, quien fue extraditado a Estados Unidos en 2005 por lavado de dinero y tráfico de 30 toneladas de cocaína. Entre esos hechos está el robo de más de una tonelada de cocaína, por el jefe de la policía antinarcóticos del país (DICAN) a comienzos de 2015, que lleva a afirmaciones de que las fuerzas de seguridad del país se han convertido efectivamente en sus principales operadores de narcotráfico.

Tales prospectos no son un buen auguro para un país que parece decidido a desempeñar un rol central en el tráfico global de cocaína en el futuro previsible. Aunque las estadísticas actuales pueden traer una paz relativa por el momento, podría ser tan solo cuestión de tiempo antes de que aumenten de nuevo.

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