Cómo los ‘pequeños ejércitos’ de México llegaron a cometer una masacre

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Dos grupos criminales poco conocidos han acaparado los titulares en las últimas semanas por su presunto papel en la emboscada y el asesinato de mujeres y niños en el norte de México. ¿Cómo surgieron estos grupos, conocidos como “pequeños ejércitos”?

Un grupo de 17 miembros de una prominente familia mormona estadounidense viajaba en tres vehículos cuando hombres armados abrieron fuego contra la caravana el 4 de noviembre. Nueve ciudadanos estadounidenses —tres mujeres y seis niños— murieron en el ataque cerca del municipio de Bavispe, estado de Sonora, en la frontera noroeste de México con Estados Unidos.

El ataque no fue perpetrado por los poderosos carteles tradicionales de México, sino por dos grupos criminales más pequeños: uno conocido como Los Salazar que está vinculado al Cartel de Sinaloa y opera en el estado de Sonora, y otro llamado La Línea, una facción del Cartel de Juárez con fuerte presencia en el estado de Chihuahua.

La familia LeBarón había denunciado durante años la presencia y las amenazas de grupos del crimen organizado en esta anárquica frontera. En 2009, dos de sus familiares fueron secuestrados y asesinados en Chihuahua. Sin embargo, recientemente la familia y Los Salazar convivían de manera pacífica en Sonora.

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“Básicamente, consistía en que ‘No los molestamos si ustedes no nos molestan a nosotros’”, dijo un miembro de la familia a The Washington Post.

Pero todo eso cambió el 4 de noviembre de 2019.

En los meses previos al mortal ataque hubo rumores sobre una escalada de la guerra territorial. Según The Washington Post, Los Salazar, en Sonora, supuestamente le habían pedido a la familia LeBarón, que vivía en La Mora, que no comprara combustible en el vecino estado de Chihuahua, pues decían que ello favorecía las finanzas de sus rivales de La Línea.

Por otro lado, La Línea percibió la posible incursión de Los Salazar en Chihuahua como una amenaza directa a sus operaciones y por lo tanto decidió enviar un mensaje violento, según el general Homero Mendoza, jefe de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Con el ataque, La Línea les dejó claro a sus rivales de Los Salazar que ellos eran quienes controlaban la carretera que parte de Sonora, cruza por Chihuahua y llega hasta la frontera con Estados Unidos. Estas rutas son vitales para el contrabando de drogas y migrantes y para otras lucrativas economías criminales.

Análisis de InSight Crime

El grupo armado que presuntamente cometió la masacre de Sonora surgió hace años como parte de la tercerización de la seguridad por parte de los carteles más dominantes de México. Si bien comenzaron como pequeñas organizaciones de carácter familiar, estas redes finalmente se expandieron, lo que condujo a un aumento de las ganancias y a la militarización de sus actividades de narcotráfico.

Además de asegurar sus áreas de influencia, los carteles también competían por el control de los corredores de tráfico de drogas conocidos como “plazas”. Una vez que gana el control de una plaza específica, el grupo criminal dominante puede empezar a cobrar “piso”, el impuesto que se le cobra a cualquier otro grupo que trafique armas, personas o drogas por dicho territorio. Este sistema de impuestos se convirtió en otra importante fuente de ingresos.

Sin embargo, para ganar estas guerras territoriales es esencial contar con un mayor número de “soldados” rasos dispuestos a luchar hasta la muerte.

Para el Cartel de Tijuana, la familia Arellano Félix buscó a los miembros de la pandilla Logan Street de San Diego, al otro lado de la frontera, a quienes proporcionaron armas y entrenamiento táctico. El Cartel del Golfo contrató a miembros del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales de México (GAFES) para que fuera su ala operativa, que más tarde se llegaría a conocer como Los Zetas.

Por su parte, el Cartel de Sinaloa recurrió a una facción interna del grupo, conocida como Organización Beltrán Leyva, para crear un miniejército apoyado por pandillas callejeras más pequeñas en áreas que el grupo controlaba a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México para combatir a sus rivales. El Cartel de Juárez contrató agentes de policía activos y en retiro para conformar lo que se conoció como La Línea, y además trabajó con una pandilla callejera ubicada en El Paso, conocida como Los Aztecas.

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Con el tiempo, sin embargo, la estructura de los carteles de México cambió y se volvió menos jerárquica. Estas alas armadas se volvieron más autónomas en cuanto a sus finanzas y en la toma de decisiones. A su vez, esto les permitió expandir sus actividades, de modo que ya no solo proporcionaban seguridad sino que además adelantaban sus propias actividades criminales, como extorsionar a las empresas locales y realizar secuestros. Los Zetas, por ejemplo, eventualmente se separarían del Cartel del Golfo y se transformarían en uno de los grupos criminales más despiadados de México.

La Línea también adquirió más prominencia, tanto que llegó a estar en la mira del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (US Federal Bureau of Investigations, FBI). El exlíder del grupo, Carlos Arturo Quintana Quintana, alias “El 80”, fue incluido en la lista de los más buscados del FBI y fue arrestado en mayo de 2018 tras una sangrienta carrera criminal que duró casi una década.

Bajo el mando de Quintana Quintana, La Línea compró varias fuerzas policiales municipales y cooptó operadores políticos en el noroeste de Chihuahua para facilitar las operaciones de narcotráfico del Cartel de Juárez en Ciudad Juárez y a través de la frontera entre Estados Unidos y México.

La guerra territorial por el control de rutas clave para el tráfico y el contrabando en los estados de Chihuahua y Sonora, al norte de México, se ha extendido por más de una década. Pero aunque algunos de los llamados “pequeños ejércitos” del país han surgido y desaparecido, la brutal demostración de fuerza por parte de La Línea contra Los Salazar a expensas de la familia LeBarón indica que ellos podrían ser una pieza fundamental de los planes del Cartel de Juárez para recuperar el poder en su antiguo fortín.

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