¿Por qué Latinoamérica tiene las tasas de feminicidios más elevadas del mundo?

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Latinoamérica es la región donde más se asesina a mujeres en el planeta, fenómeno motivado en parte por actividades del crimen organizado, como la trata de personas y la violencia de pandillas. ¿Cómo estas actividades criminales aumentan la victimización de las mujeres?

Un  reciente informe de varias organizaciones internacionales (pdf) reveló que siete de los diez países con las mayores tasas de feminicidios en el mundo se encuentran en Latinoamérica. El Salvador encabeza la lista con una tasa de 8,9 homicidios por 100.000 mujeres en 2012, seguido de Colombia, con 6,3; Guatemala, con 6,2; Rusia,  con 5,3; y Brasil, con 4,8. México y Surinam que también se encuentran entre los diez primeros.

Aunque se considera que los índices generales de violencia y abuso doméstico son los principales factores en las altas tasas de feminicidios, el crimen organizado también tiene un rol enorme, pero pasado por alto en la victimización de las mujeres en Latinoamérica. Como declaró la fiscal general de Guatemala Thelma Aldana a InSight Crime, 50 por ciento de las 854 mujeres asesinadas en Guatemala en 2015 cayeron como resultado directo del crimen organizado.

Trata de personas y feminicidios

“El único caso en que puede argumentarse que el feminicidio vaya en aumento es como resultado del crimen organizado transnacional en la de personas”.

La trata humana es una inmensa economía ilegal en Latinoamérica, que afecta de manera desproporcionada a mujeres y niñas.

“El único caso en que puede argumentarse que el feminicidio vaya en aumento es como resultado del crimen organizado transnacional en la trata de personas… en Centroamérica y El Caribe”, señaló a InSight Crime el Representante de la Oficina de las Naciones Unidas para Droga y el Delito (ONUDD) Oficina Regional para Centroamérica y El Caribe, Amado Philip de Andrés.

Las víctimas de estas redes que llegan a la región y salen de ella —la mayoría de las cuales tienen entre 18 y 28 años de edad— cobran cada vez más números mayores junto con victimas mortales.

“El índice de feminicidios en casos de trata de personas es muy, muy alto para las víctimas”, afirmó de Andrés. “En especial en los casos de explotación sexual, que… podría representar el 91 o 92 por ciento de los casos”.

Las mujeres víctimas de toda la región, así como las de otras lugares, como Europa oriental, son atraídas mediante engaños a la prostitución, donde son torturadas, violadas y muchas veces asesinadas.

Uno de los aspectos más preocupantes de esta forma de crimen es que, como lo hace notar de Andrés, la “victimización [de la mujer] nunca termina”. Aun si las víctimas logran escapar o son rescatadas, muchas son asesinadas en represalia, o pueden volver a prostituirse si no se les brinda atención y alternativas laborales suficientes, lo que rara vez reciben.

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La impunidad generalizada en los casos de trata de personas, el temor a denunciar los crímenes y la gran rentabilidad del mercado —hasta US$320 millones al año solo en la región, según el funcionario de la ONUDD— hace de la victimización femenina una realidad sin resolver. Mujeres y niñas son cada vez más víctimas de otras variaciones del crimen, como una lucrativa y muchas veces letal industria de tráfico ilegal de órganos y transporte ilegal de migrantes.

Violencia de pandillas

Otro fenómeno latinoamericano que puede servir para explicar la elevada tasa de feminicidios es la presencia de pandillas.

Las Maras se convierten en la “familia” real de un pandillero, mientras que sus parientes pasan a ser “propiedad” de la pandilla.

Si bien la mayoría de muertes relacionadas con las pandillas son de hombres, una de las amenazas fundamentales para las mujeres es que se las considera propiedad de los pandilleros.

Se presume que esto es resultado de los orígenes de las pandillas mismas. Según de Andrés, de la ONUDD, puede rastrearse los feminicidios ligados a las maras de Centroamérica hasta la década de 1980 en Los Angeles, cuna de las Maras.

En el desarrollo de las Maras, surgió una nueva forma de cohesión social —que sigue siendo un rasgo esencial de estos grupos hoy en día— en el que las Maras se convirtieron en la verdadera “familia” de un pandillero, mientras los parientes pasaban a ser “propiedad” del grupo, explicó de Andrés a InSight Crime.

Como consecuencia de ello, cuando hay disputas entre pandillas, es frecuente que las mujeres caigan en el fuego cruzado, con novias, hermanas y madres consideradas blanco de las pandillas rivales. En muchos casos, las parientes de mareros en la cárcel son blancos fáciles para vendettas, pues el hombre no puede protegerlas.

Más aún, según el “código de honor” de la Mara, si un miembro traiciona o abandona su pandilla se atacará su “posesión” más vulnerable —lo que por lo general significa la violación o el asesinato de su hermana o su esposa, añade de Andrés.

Las novias también son vulnerables. Mientras que rara vez se castiga a los hombres por infidelidad, las mujeres pueden ser asesinadas por un comportamiento similar.

El muy caso estudiado de Juárez, en México, donde hubo 400 feminicidios entre 1990 y 2005, ilustra cómo los feminicidios muchas veces traen consigo efectos “simbólicos”. Se halló que las mujeres asesinadas en Juárez habían sufrido tortura, violación, mutilación, en especial de sus órganos sexuales y senos, así como decapitación.

Pero esas señales de tortura son más anomalías en el patrón que la regla. De los 400 casos documentados en Juárez, se resolvieron todos menos 100, y la mayor parte de aquellos involucraban compañeros del hogar o conocidos de la víctima.

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Sin embargo, las brutales tácticas observadas en algunas de las víctimas sí parecen ser un medio de transmitir un mensaje y siguen siendo comunes hoy en día, en particular en el Triángulo Norte de Centroamérica. Según Aldana, estas tácticas brutales no solo llevan la marca clara del crimen organizado, sino que también son una expresión de misoginia.

“La diferencia en Guatemala entre la muerte de un hombre y la de una mujer es que la mujer es violada antes de su muerte, es mutilada… Esto no sucede con los hombres… Es claro ver cóm la misoginia está presente hasta en el momento de la muerte de una mujer”, comentó a InSight Crime.

Mujeres que trabajan en el crimen

Los feminicidios también son elevados entre las mujeres que hacen parte de organizaciones criminales.

“En el crimen organizado, siguen reproduciéndose las estructuras patriarcales y los roles tradicionales de género”, dijo a InSight Crime el ministerio de justicia de la Unidad de política criminal. Sin duda, es raro que las mujeres ocupen posiciones más altas en una organización, y más bien se las usa para tareas insignificantes, pero muchas veces peligrosas.

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 Mujer de Barrio 18 en el documental de 2008 “La Vida Loca”, sobre las pandillas en El Salvador

Quizás el más alto perfil de estos roles en su mayoría femeninos sea la “mula” —o “mula” de drogas—. Esta tarea puede llevar con mucha frecuencia a la muerte si las drogas entran a la sangre de la portadora, y también puede ser asesinada como castigo por ser descubierta.

En otras estructuras criminales, pueden usarse las mujeres como miembros prescindibles, y trabajan como recolectoras de extorsiones o como distribuidoras de droga.

Cerrar el ciclo

El feminicidio y la abrumadora impunidad que lo rodea es un tema de actualidad para las fuerzas de orden público en toda la región.

“La ley no protege a las mujeres que están involucradas en el crimen organizado”.

Un problema fundamental que impide el progreso es que, como lo señala la Fiscal General de Guatemala Aldana, “La ley no protege a las mujeres involucradas en el crimen organizado”.

Esto a pesar del hecho de que muchas mujeres son cooptadas para ingresar a las estructuras criminales. Según la fiscal general, debe disciplinarse lo suficiente a los fiscales para que comprendan la diferencia entre las mujeres que ingresan voluntariamente a las organizaciones criminales de aquellas que son obligadas a hacerlo por su dependencia económica o por otras razones.

De Andrés admite que, aun cuando la legislación que define y penaliza los feminicidios es fuerte en muchos países latinoamericanos, lo que falta es la condena y la prevención. La revictimización es un tema crítico que puede resolverse incrementando la atención a las víctimas, así como protegiendo a quienes se ponen en riesgo al convertirse en testigos.

Dada la naturaleza del crimen organizado, es esencial la acción internacional en la prevención de feminicidios. Una respuesta a este problema es una nueva campaña avalada por la ONUDD, “corazón azul”, que busca crear conciencia sobre el trata de personas en vuelos transnacionales.

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Thelma Aldana, fiscal general de Guatemala

 

En Guatemala, el gobierno formuló una ley específica sobre el feminicidio en 2008; lanzó una campaña donde creó un tribunal especial para tratar esos casos, y creó un centro en el que las víctimas pueden rendir testimonio y recibir tratamiento psicológico en el mismo lugar.

Más recientemente, Aldana anunció la creación de una Fiscalía para los feminicidios que debe inaugurarse en marzo de 2016. Y sin embargo, admite que sigue habiendo una resistencia desalentadora respecto al tema de los feminicidios en su país.

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