¿Por qué una mayor interdicción no conduce a un menor tráfico de drogas?

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Las rutas y métodos utilizados por los traficantes de drogas están en flujo constante, pero no es fácil identificar las causas de estos cambios. Sin embargo, es evidente que los programas de interdicción no han logrado detener la oferta en los países consumidores y en su lugar parecen haber facilitado la migración del crimen organizado -un fenómeno con importantes implicaciones para las políticas de drogas.

La migración de las operaciones de tráfico de drogas suele ser atribuida al “efecto globo”, una teoría considerada por muchos académicos y defensores de un cambio en la política de drogas, que afirma que los esfuerzos antinarcóticos y una mayor interdicción en un área provocan el desplazamiento de las operaciones de los criminales hacia otra área, en lugar de tener el impacto deseado de reducir las ganancias y aumentar los costos para los traficantes de drogas.

El ensayo “La movilidad del tráfico de drogas” (“The Mobility of Drug Trafficking”), incluido en un nuevo informe (pdf) de London School of Economics  (LSE) sobre los fracasos de la actual política de drogas, considera que, en lo que respecta a las rutas de cocaína, esta metáfora es una simplificación excesiva.

El profesor Peter Reuter, de la Universidad de Maryland, sostiene que la falta de datos fiables sobre el flujo de drogas a lo largo de una ruta, o la intensidad de los esfuerzos de interdicción en un país determinado, hacen que sea extremadamente difícil determinar el grado en el que la intervención al suministro es la responsable de estos cambios.

También es difícil determinar la causalidad, debido a los numerosos factores que influyen en los costos de contrabando y en la elección de la ruta. El atractivo de un país como punto de transbordo puede estar relacionado con su proximidad a un país productor o consumidor, la cultura y la lengua compartida con los traficantes, y la corrupción y debilidad del gobierno, entre otras cosas.

Uno de los casos comúnmente citados del efecto globo es el de la actividad criminal que migra hacia Centroamérica, y en particular la región del Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras), como resultado del ataque frontal del expresidente de México, Felipe Calderón, contra los carteles de droga de su país.

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Reuter dijo que la metáfora del efecto globo se queda corta para explicar esta migración. Aunque las naciones centroamericanas se han convertido en los jugadores más activos en el tráfico de drogas, escribe, el desplazamiento hacia el sur ha sido parcial, y parece haber ocurrido más con operaciones criminales que con rutas de la droga. Centroamérica es un importante punto de paso, pero México sigue siendo el principal trampolín para la cocaína que entra a Estados Unidos, así como un bastión de la actividad criminal, por lo que el cambio puede ser visto más como una expansión y difusión que como una verdadera migración.

Reuter señala uno de los casos en los cuales el efecto globo parece haber ocurrido: en el desarrollo de África Occidental como ruta de la droga. A principios de milenio, las autoridades de Ámsterdam, Países Bajos, comenzaron a inspeccionar a todos los pasajeros de los vuelos que llegaban de las Antillas Holandesas después de que detectaran un alto tráfico de cocaína desde la isla, la cual se encuentra justo al norte de Venezuela.

Después de un aumento inicial, la detección de “mulas” de drogas se redujo drásticamente. Sin embargo, por la misma época, las autoridades comenzaron a descubrir un aumento en la cocaína traficada a través de África Occidental -con Guinea-Bissau siendo particularmente popular- y luego hacia Europa. Al igual que en la ruta de las Antillas Holandesas, Venezuela fue identificada como el punto de salida de la cocaína.

Análisis de InSight Crime

El ensayo de Reuter y el informe de LSE llegan en medio de un movimiento cada vez mayor que aboga por cambios en el paradigma actual de la política de drogas, que es regido en gran medida por Estados Unidos y sus aliados, y que históricamente se ha basado, en gran medida, en programas de interdicción, erradicación de cultivos y en la criminalización del consumo y la posesión de drogas. El llamado se ha incorporado con fuerza en Latinoamérica -poco después de la publicación del informe de LSE, también se llevó a cabo una sesión entre los miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en Guatemala, para discutir cómo podría ser cambiado el modelo liderado por Estados Unidos.

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El efecto globo es una explicación de por qué esas políticas no han funcionado, y en su lugar, han resultado ser perjudiciales y costosas, sobre todo para los países productores y de tránsito.

Uno de los ejemplos más destacados de este efecto es en lo que se refiere a los esfuerzos de fumigación y erradicación de coca en Colombia con recursos de Estados Unidos, lo que ayudó a volver a impulsar la producción en el vecino Perú en la década pasada, país en el que se dispone de menos recursos, y donde la fumigación aérea es ilegal. Perú se ha convertido en el mayor productor de coca y cocaína del mundo.

Según Daniel Mejía de la Universidad de los Andes, y Pascual Restrepo, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), este efecto también explica el cambio en la violencia del narcotráfico de Colombia hacia México –la interdicción exitosa en el primer país desplazó el tráfico de cocaína a México. En otro ensayo en el informe de LSE, se señala que este fenómeno fue el responsable de un aumento de hasta 46 por ciento en los asesinatos relacionados con drogas en México después de 2007.

Sin embargo, como argumenta Reuter, el efecto globo es probablemente una simplificación, ya que rara vez son solo los esfuerzos de interdicción los que determinan la migración criminal. Otra metáfora, quizá incluso más apta, usada para describir los movimientos del comercio de drogas como resultado de las operaciones de las fuerzas de seguridad es la del “efecto hidra“: cuando una “cabeza” (capo, zona de producción o ruta de droga) se corta, dos más crecen para ocupar su lugar. Las organizaciones de narcotraficantes están constantemente transformándose y evolucionando para maximizar las ganancias, refinando las técnicas de tráfico, reorganizando las operaciones, ganando nuevos reclutas y cambiando las rutas. La complejidad de la determinación de los costos y ganancias podría ayudar a explicar los patrones, como escribe Reuter sobre la actividad del narcotráfico moviéndose hacia Centroamérica, mientras que el punto de salida principal a Estados Unidos sigue siendo México.

Si bien las causas directas de la migración son difíciles de identificar, los motivos de por qué los narcotraficantes seleccionan nuevos destinos no lo son, y es evidente que los Estados débiles en los que hay poco riesgo de interdicción, constituyen decisiones de primera para la creación de puntos de tránsito y bases operativas. Un ejemplo es Nigeria, un país que geográficamente no está cerca de ningún país productor o de tránsito tradicional, así como tampoco está ubicado en medio de ninguna de las rutas tradicionales de cocaína. Sin embargo, además de que el país se ha convertido en un centro de tránsito, los nigerianos se han convertido en actores importantes en el comercio de drogas, un fenómeno facilitado por la grave corrupción en el gobierno, además de factores tales como su naturaleza “empresarial”, según Reuter.

Independientemente del grado en el que el efecto globo pueda ser probado, la migración criminal tiene implicaciones importantes para la política de drogas, ya que está, sin duda, conectada a los efectos negativos no deseados que pueden tener las estrictas políticas de prohibición e interdicción. A medida que el tráfico de drogas migra debido al aumento de las prohibiciones o a los cambios en las operaciones de las organizaciones como resultado de las acciones de las fuerzas de seguridad, esto a menudo trae consigo un alto nivel de violencia y la capacidad de corromper, lo que resulta en un aumento en la inseguridad y en el debilitamiento de las instituciones estatales en una cantidad de países cada vez mayor.

Esta migración también pone de relieve las limitaciones de la actual política de drogas. Hasta ahora las fronteras han demostrado ser imposibles de sellar completamente, y los traficantes han demostrado ser muy hábiles para crear nuevas rutas y métodos de transporte en respuesta a las oportunidades y a los riesgos. Las estrategias de interdicción podrán llenar las cárceles con criminales de bajo nivel y transportadores de drogas, tener un impacto en las ganancias y generar cambios estratégicos en las operaciones de tráfico, pero han demostrado ser incapaces de detener el flujo de las drogas.

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