Puntos críticos del secuestro en México: Los estados de alto riesgo

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El secuestro es la situación de seguridad más problemática a la que se enfrenta el gobierno de México, y el desglose de un informe sobre el secuestro realizado por un grupo de observación refuerza la idea de que sólo una reforma institucional de largo plazo puede remediar esta situación.

Un análisis (pdf) publicado recientemente por el Observatorio Nacional Ciudadano (ONC) de México que examina los secuestros desde 1997 establece algunas tendencias importantes que permiten desglosar el fenómeno por región.

1. La zona centro de México es la región con el mayor número total de secuestros. En 2013 se presentaron cerca de 700 denuncias de secuestro en la zona centro de México y menos de 400 en cada una de las otras cuatro regiones definidas por el ONC: noroeste, noreste, occidente y sureste. Los secuestros reportados en la jurisdicción federal -generalmente vinculados al crimen organizado- también se han concentrado en el centro de México, con Guerrero, el Estado de México y Morelos presentando las mayores cifras.

2. El noreste de México tiene la tasa de secuestro más alta. En 2013 la región presentó una tasa de poco más de dos secuestros por cada 100.000 habitantes, y estuvo seguida por la región central con un poco más de 1,5 por cada 100.000 habitantes. El estado nororiental con la tasa más alta es Tamaulipas, que en 2013 vio más de 6 secuestros por cada 100.000 habitantes.

México es la capital mundial del secuestro

3. Los secuestros están cada vez más concentrados en un pequeño número de estados. Los siete estados con el mayor número de denuncias de secuestros representaron alrededor del 61 por ciento del total nacional en 2012, pero esta cifra creció a 73,7 por ciento en 2013. En estos estados la cantidad de municipios que reportaron secuestros aumentó. El número de municipios con al menos un secuestro aumentó en 12 por ciento en el mismo período de tiempo (pasando de 311 a 349, frente a 293 en 2011).

4. El Estado de México, Michoacán, Veracruz y Guerrero tuvieron el mayor número de municipios que reportaron al menos un secuestro. En el Estado de México, 61 municipios -de 125- reportaron al menos un secuestro en 2013. Pero Tamaulipas fue el estado con los municipios que reportaron el mayor número de secuestros: Ciudad Victoria, Nuevo Laredo y Tampico registraron colectivamente 139 casos en 2013.

5. Morelia es la capital del secuestro en México. En 2013 este municipio de Michoacán reportó 94 casos de secuestro, casi el doble que el año anterior. Está seguido por el puerto de Acapulco, en Guerrero (66); Ciudad Victoria, Tamaulipas (donde los secuestros también se duplicaron frente a 2012, con 66 casos); Cuernavaca en Morelos (55); y Tampico, Tamaulipas (53).

Análisis de InSight Crime

México es la capital mundial del secuestro. Las tendencias han aumentado desde 2005, y hay pocas señales de que éstas se inviertan en los estados más afectados por el fenómeno. El incremento en el secuestro está vinculado al ataque frontal contra el crimen organizado del expresidente Felipe Calderón que comenzó en 2006, el mismo año en que la tasa de secuestros en todo el país comenzó a experimentar un dramático repunte. Este impulso de seguridad ha decapitado a muchos de los carteles de la droga más importantes de México y limitado su capacidad para obtener ingresos a partir del tráfico de drogas, pero también ha provocado el surgimiento de nuevas organizaciones criminales más pequeñas, que han recurrido a otras formas de ingresos además del tráfico de drogas, aumentando su dependencia a los crímenes localizados, como lo es el secuestro.

En 2005 México registró 278 denuncias de secuestros. En 2013, el primer año de la actual administración, se presentaron 1.698 casos. Esta cifra representa un incremento de casi el 16 por ciento con respecto al año anterior, según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), y a su vez representa un aumento de más de seis veces durante el periodo de ocho años.

Se han presentado pequeños signos de mejora. El 2 de septiembre, mientras presentaba su Segundo Informe de Gobierno, el presidente de México Enrique Peña Nieto, anunció que los secuestros habían disminuido en 6,8 por ciento en lo que iba de 2014, en comparación con el mismo período del año anterior, y atribuyó la reducción a una nueva estrategia de lucha contra el secuestro puesta en marcha a principios de este año.

La cifra de Peña Nieto está basada en estadísticas del SNSP, que documentó 909 reportes de secuestro en las procuradurías estatales durante los primeros siete meses de este año, en comparación con 975 en el mismo período del año pasado.

Pero la llamada “cifra negra” -casos que no se denuncian por el miedo de las víctimas a las represalias, o debido a la falta de confianza en el sistema- cobra gran importancia en los casos de secuestro. Un estudio gubernamental de 2012 sobre las percepciones de seguridad estimó que el número real de secuestros en ese año podría haber sido superior a 100.000. Más recientemente, la organización no gubernamental Alto al Secuestro aseguró que durante los primeros seis meses de 2014 se presentaron 1.766 secuestros, en comparación con 1.130 en el mismo período de 2013.

Dejando los problemas con las cifras a un lado, lo que sí queda claro con el análisis estadístico del ONC es que los estados con el mayor número de secuestros se encuentran entre los más afectados por los grupos criminales y los crímenes violentos. Muchos de los estados con el mayor nivel de secuestro -Estado de México, Guerrero, Michoacán y Tamaulipas- también están entre los más violentos de México.

Los secuestros han ido en aumento en Tamaulipas al menos desde 2005, pero se dispararon desde 2010, el mismo año en que los Zetas declararon la guerra a sus progenitores, el Cartel del Golfo. A pesar de que los secuestros se redujeron ligeramente durante un período de dos años, ahora están aumentando de nuevo y están en camino a superar las cifras del año pasado, con 158 investigaciones preliminares registradas hasta julio. Esto ha estado acompañado por un renovado aumento de la violencia en Tamaulipas durante este año, a raíz de la caída de algunos jugadores criminales clave.

En Michoacán -hogar de Morelia, la capital secuestro- actualmente el gobierno central tiene que lidiar con un movimiento de autodefensas fuerte pero dividido, y con el grupo criminal de los Caballeros Templarios, que se nutre de crimenes como la extorsión y el secuestro. Los elementos criminalizados de las fuerzas de autodefensa y el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) -los rivales de los Caballeros Templarios- también representan una amenaza importante.

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En el vecino estado de Guerrero existe actualmente un movimiento de autodefensas que está mostrando signos de división, y también está tomando lugar la proliferación de grupos criminales más pequeños, con una fuerte presencia en lugares como Acapulco. Recientemente, Morelos, que tenía la tasa de secuestros más alta de México en 2013, también ha visto como los grupos escindidos de carteles se disputan el control, aunque tradicionalmente este ha sido uno de los estados más pacíficos -y solía tener las cifras de secuestros más bajas de la región central.

Mientras tanto, el Estado de México es presuntamente el lugar de una sangrienta lucha de poder entre cuatro carteles rivales.

También vale la pena observar que podría existir una correlación entre el número de secuestros denunciados y el grado en que una comunidad confía en las fuerzas de seguridad. Cuanto menos confíe el público en la policía menos probable es que vaya a denunciar un secuestro, lo que podría reforzar la percepción de los criminales de que el secuestro es un negocio de bajo riesgo con altas recompensas. En Tamaulipas, por ejemplo, las altas cifras de secuestro en 2013 estuvieron correlacionadas con una falta de confianza en la policía. Alrededor de un tercio de los encuestados en la más reciente encuesta de victimización del gobierno dijeron que veían a la policía como completamente ineficaz.

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Mientras Peña Nieto declara un éxito en la reducción de los secuestros, algunos estados siguen representando los principales focos de conflicto. El gobierno debería revisar sus estrategias de seguridad en este sentido. Acciones como la intervención de las fuerzas de seguridad federales -que se han implementado en Tamaulipas, Michoacán y Estado de México- no han demostrado tener resultados positivos de larga duración, y no consiguen hacer frente a los factores estructurales que permiten que crímenes como el secuestro prosperen.

También es claro que a pesar de la implementación de una estrategia antisecuestro, a México todavía le queda un largo camino por recorrer en cuanto a mejorar la comunicación interinstitucional y en cuanto a su transparencia en terminos de documentar mejor el secuestro, para así poder enfrentar mejor la impunidad con la que goza este crimen.

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