¿Qué hacer con la corrupción de la policía en Latinoamérica?

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn

Para muchos ciudadanos, la corrupción está asociada con las instituciones del Estado. Y, desafortunadamente, aún más con aquellas que tienen la responsabilidad de asegurar nuestra seguridad.

Un 31 por ciento de los latinoamericanos señalan a la corrupción como el principal problema que enfrenta la policía para combatir la delincuencia revelan estudios (pdf). Según una encuesta realizada en 107 países, el Barómetro Global de la Corrupción (2013), la policía es superada únicamente por los partidos políticos entre las instituciones percibidas como las más corruptas. Casi un tercio de sus encuestados confiesa haber pagado sobornos a un oficial de la ley.

Este artículo apareció originalmente en el blog Sin Miedos del Banco Interamericano de Desarrollo. Vea el artículo original aquí.

Controlar la corrupción policial no es fácil. Por una parte, los policías deben contar con un grado de discrecionalidad para actuar oportunamente, en especial cuando ocurre un delito. Por otra parte, enfrentan actividades delictivas lucrativas que elevan el riesgo de corrupción. A esto se suma una tradición institucional reacia a los sistemas de control, la transparencia y el escrutinio público, sumado a un espíritu de cuerpo que invita a callar la denuncia de las posibles faltas.

VEA TAMBIÉN: Cobertura de la reforma policial.

Más allá de la entendible zozobra de la ciudadanía, la corrupción policial es también un reflejo de sus debilidades institucionales. En muchos casos en Latinoamérica esas debilidades se originan desde su creación, pero más aún por el gran rezago institucional que han tenido a través de décadas, comparado con el nivel de responsabilidad que de ellas se espera, como es la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos. Es en este sentido que fortalecer las instituciones contribuye a combatir la corrupción, para lo cual existen tres líneas de acción que han demostrado contribuir a este propósito.

1: Las políticas de recursos humanos para nuevos policías deben ser más exigentes, requiriendo mayores controles sobre sus antecedentes penales y su entorno familiar, y un mayor rigor en los exámenes de ingreso. La carrera policial debe estar estructurada en todas sus fases -ingreso, desarrollo y retiro- alrededor de objetivos y resultados concretos, con un sistema de ascensos transparente y competitivo. Debe contar con un programa de formación y profesionalización en base a perfiles que cubran las distintas especialidades, complementada con capacitación pedagógica integral y permanente que incluya temas de democracia, derechos humanos y pautas de comportamiento ético. También debe acompañarse de una política de remuneración que garantice el bienestar mínimo para el funcionario y su núcleo familiar.

2: El fortalecimiento de las instancias de prevención e investigación es una de las lecciones aprendidas de las reformas policiales de Hong Kong y de Nueva York. No se puede dejar exclusivamente en manos de la policía el control de corrupción en su propia institución -debe existir un órgano independiente, bajo el mando de un funcionario civil e integrado por equipos mixtos de policías y civiles. Estas instancias desarrollan estrategias preventivas para corregir fallas sistémicas que alientan prácticas corruptas. Estas pueden incluir la teatralización de una situación real en donde los agentes objeto de investigación enfrentan a una oportunidad para corromperse. Esta entidad independiente también puede llevar adelante la investigación de casos de corrupción o maltrato físico, para luego sancionar administrativamente a los responsables.

3: Es importante un mayor control político y social, que incluya comisiones parlamentarias, supervisión y conducción política desde el gobierno. Esto debe combinarse con una política de acercamiento a la sociedad civil que genere mayor rendición de cuentas para la restauración de la confianza y el apoyo necesario a las reformas institucionales. Un caso de éxito es el de la policía británica, que responde a pedidos de acceso a la información en forma rutinaria y participa de reuniones o audiencias con distintos sectores de la sociedad para responder preguntas y evaluar la implementación de distintos programas.

Ninguna policía está exenta del riesgo de la corrupción. Sin embargo, procesos de reforma policial con un enfoque integral contribuyen a minimizar este riesgo en la medida que exista liderazgo político, una política orientadora, coordinación interinstitucional y compromiso articulado de las propias autoridades del sector de seguridad.

*Nicolas Dassen es un especialista en modernización en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este artículo apareció originalmente en el blog Sin Miedos del BID y fue publicado con permiso de los autores. Vea el artículo original aquí.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn