“Rambo” está de regreso y muestra su propia versión del crimen organizado en México

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El venerado héroe de acción John Rambo está planeando regresar a la pantalla gigante, y esta vez sus talentos para el caos y la venganza lo llevarán a México. Si bien muchos de sus fanáticos disfrutarán la película, lo más probable es que esta no muestre una imagen matizada de los problemas relacionados con el crimen organizado en el país.

A principios de mayo surgieron los primeros informes de que Sylvester Stallone estaría planeando comenzar a trabajar en una nueva película de “Rambo” en el mes de septiembre. En esta quinta parte de la serie, que se estrenará en 2019, el personaje de ficción, un exsoldado de las fuerzas especiales, se dará a la búsqueda de la hija de un amigo que fue secuestrada por un cartel de la droga en México.

Después de mostrar la destrucción en zonas rurales del estado de Washington, así como en Vietnam, Afganistán y Birmania, la siguiente película representará la primera incursión de Rambo en Latinoamérica. El filme también da cuenta del reciente interés en los grupos criminales —en las primeras cuatro partes, los principales adversarios del héroe han sido las fuerzas gubernamentales autoritarias—.

El proyecto de Rambo en México se presenta tras años de gran interés de Hollywood en el crimen organizado mexicano, que se ha dado en el contexto de una gran cantidad de productos de entretenimiento basados en temas de la narcocultura.

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Durante más de una década después del estreno de la innovadora película “Tráfico” (“Traffic”) en el año 2000, el cine estadounidense tuvo relativamente pocos acercamientos al tema de los problemas de inseguridad en Latinoamérica relacionados con las drogas. Pero en años recientes, los estudios estadounidenses han llevado películas como “Salvajes” (“Savages”) y “Sicario” a los teatros de todo el mundo, y Netflix ha sacado buen provecho de series de televisión como “Narcos” y “El Chapo“.

Esta oleada es un indicio de que aquello que durante mucho tiempo ha sido un tema de la más alta prioridad en México se está reflejando también en la cultura popular dominante en Estados Unidos.

Análisis de InSight Crime

La creciente atención popular a temas de gran interés público puede dar lugar a cambios, como ocurrió en 1983 tras la emisión de “El día después” (“The Day After”), una película de televisión que muestra las desastrosas consecuencias de un altercado nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La reacción del público después de su transmisión renovó el movimiento de abolición de la carrera nuclear y llevó al Gobierno de Estados Unidos a impulsar una serie de acuerdos de desarme durante esa década.

Es por lo tanto posible que una película popular sobre la inseguridad en México lleve a los espectadores estadounidenses a reconsiderar el énfasis de su Gobierno en la cooperación excesivamente militarizada con México, a explorar formas de reducir la demanda interna de drogas y a apoyar los esfuerzos por reducir la disponibilidad de armas estadounidenses —que promueven gran parte de la violencia al otro lado de la frontera—.

Sin embargo, la serie de “Rambo” es más conocida por sus secuencias de acción violenta que por la reflexión que provoca la observación de asuntos multifactoriales, por lo que la nueva película de la saga puede caer en las mismas trampas en la que han caído otros filmes recientes enfocados en el crimen organizado mexicano.

Si se toman las otras partes de la serie como referencia, en esta los enemigos de Rambo serán una serie de monstruos sádicos y grotescos, que no les dicen a los espectadores nada sustancial sobre los problemas mexicanos —y que la veterana estrella de las películas de acción evadirá con habilidad cinematográfica—.

En lugar de cuestionar viejas narrativas y estereotipos, la nueva película de Rambo probablemente será el culmen de un proceso de varios años en el cual las representaciones populares de México se han vuelto cada vez más simplistas.

“Tráfico” propone una compleja reflexión en torno a las tensiones y los conflictivos intereses inherentes a la estrategia estadounidense de la guerra contra las drogas. Las escenas más impactantes de la película exploran cómo la incoherencia de la política estadounidense generó una mezcla de retorcidos incentivos para los ostensibles aliados del país en México. Casi dos décadas después de su estreno, la película sigue siendo tan relevante como en el año 2000.

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Las películas “Salvajes” y “Sicario”, de más reciente aparición, se distancian de dicho estilo. Ambas películas presentan narrativas mucho más superficiales y las construyen en torno a personajes que no suelen parecerse a figuras de la vida real del gobierno o los grupos ilegales cuyas acciones promueven la criminalidad. La nueva versión de “Rambo” quizá se acerque aún más a lo caricaturesco.

Hollywood y otros representantes de la cultura popular no deberían asumir la tarea de abanderarse de temas públicos sensibles; son los gobiernos electos y sus entidades burocráticas los encargados de abordar los asuntos de interés público.

Pero la cultura popular promueve y refleja las tendencias que ayudan a definir las prioridades oficiales. Y no parece casualidad que el regreso de Rambo a las pantallas, esta vez en México, coincida con el momento más álgido de las relaciones de Washington con su vecino del sur.

La administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha dedicado a demonizar a los mexicanos, recurriendo a simbolismos divisorios como el muro fronterizo, y anulando algunos de los recientes avances, si bien irregulares y tardíos, en la exploración de estrategias diferentes a la prohibición generalizada de las drogas. También ha mostrado pocas señales serias de intentar aliviar la crisis de opiáceos que afecta a ambos países.

La lucha de Rambo contra un desconocido cartel de la droga podría convertirse en un adecuado símbolo de este momento histórico.

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