RAND: México no es Colombia

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Un nuevo informe de un importante centro de pensamiento argumenta que los desafíos de la guerra contra las drogas a los que se enfrenta México no son iguales a los de Colombia, y busca describir un nuevo paradigma que sirva como reemplazo.

El reciente informe, titulado “México no es Colombia: Analogías históricas alternativas para responder al desafío de las organizaciones de narcotráfico violentas” (Mexico Is Not Colombia: Alternative Historical Analogies for Responding to the Challenge of Violent Drug-Trafficking Organizations) fue publicado por RAND a principios de este mes. El punto principal de los autores Christopher Paul, Colin P. Clarke y Chad C. Serena está claramente indicado en el título.

Como señalan los autores, las diferencias que separan a México de Colombia son múltiples e influyentes: “[En Colombia], las circunstancias y las amenazas diferían del México contemporáneo en varios aspectos importantes: la naturaleza de los autores, el territorio, la geografía, los objetivos, y las tácticas; el carácter de la violencia, y la capacidad del Estado para responder”. Más específicamente, durante mucho tiempo, México ha tenido un Estado más fuerte, que ejerce un mayor control sobre el territorio nacional que el que ha ejercido el Estado colombiano en sus peores momentos; los grupos de México son mucho menos agresivos con los actores estatales y con el público en general; y las organizaciones mexicanas no cuentan con el gran santuario que son las selvas controladas por insurgentes.

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Al mismo tiempo, no es claro que Colombia haya superado sus demonios en un nivel que pueda servir a México como umbral de éxito. Colombia sigue estando mucho mejor que a finales de los años ochenta y principios de los noventa, pero el país todavía está lleno de poderosos y violentos grupos criminales. La tasa de homicidios en 2013 marcó 32 por cada 100.000 habitantes. En contraste, el año más violento en la memoria reciente de México fue 2011, cuando registró 24 por cada 100.000 habitantes.

Las causas de la violencia en México tienen corolarios en otros lugares, pero son en gran medida específicas para México. Los autores escriben extensamente sobre los dos Méxicos, en el que una economía moderna y de gran tamaño puede coexistir con zonas de pobreza extrema, en el que una democracia sólida puede tener agencias cuya venalidad y corrupción se adaptarían mejor a una república bananera. Discuten la persistente corrupción, que ha obligado a las repetidas purgas de agencias de seguridad federales y locales, y que ha limitado el conocimiento institucional y la continuidad. Los retos recientes de México también están muy influenciados por el cambio en el hampa, que se ha alejado de monolitos con estructura vertical hacia  grupos más pequeños con tácticas más diversificados para hacer dinero.

Estos representan los temas en los que la experiencia de otros países pueden ayudar a guiar las respuestas de México, pero ninguna otra nación ha vivido problemas idénticos, y por consiguiente, ningún país en una situación comparable podría ofrecer una receta mágica. En otras palabras, México es único, así como todos los países lo son. 

Análisis de InSight Crime

Desde hace años, el análisis que confunde a Colombia y a México ha dado forma al enfoque de Estados Unidos frente a su vecino del sur. Es evidente en la masa de artículos de influyentes analistas que abogan por el uso de las tácticas que provocaron la caída de Pablo Escobar para calmar a México. Es evidente en los comentarios de los responsables políticos de alto nivel, entre ellos Hillary Clinton, quien en 2010 dijo:

“Se ve cada vez más como Colombia hace 20 años, donde los narcotraficantes controlaban ciertas partes del país… Estos carteles de la droga están mostrando cada vez más índices de insurgencia”.

Por consiguiente, la mentalidad de “Colombia igual a México” ayudó a guiar la cuota inicial de la Iniciativa Mérida, que el presidente Bush pactó con el presidente Calderón en 2007. Al igual que en el Plan Colombia, la Iniciativa Mérida se basó en gran medida en la transferencia de material militar, como helicópteros Blackhawk. Este material es útil para asaltos en remotos escondites de la selva, pero tienen un valor limitado en acabar con la corrupción en un cuerpo de policía municipal, que es una cuestión mucho más urgente para los legisladores mexicanos.

Alejarse del modelo de Colombia ha permitido y seguirá permitiendo a México dar un enfoque más eficaz. Pablo y sus compañeros autores también sugieren modelos alternativos para la comparación con México: los Balcanes, Tayikistán, Somalia, Perú, el Cáucaso, Birmania, Afganistán, Angola y África Occidental.

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Colectivamente, estas naciones y regiones ofrecen una serie de lecciones importantes que tienen valor en México. Entre otras:

“La reforma y la mejora toman tiempo.

El apoyo externo realmente puede ayudar.

Mejorar la gobernanza y la capacidad del gobierno puede ayudar a abordar múltiples desafíos.

La reforma policial puede ayudar a reducir la violencia y apoyar una mejor gobernabilidad.

Los esfuerzos eficaces para luchar contra el crimen organizado equilibran tanto la prevención como la represión.

Dar prioridad a las organizaciones más peligrosas y violentas puede ayudar a reducir la violencia”.

Todas estas son conclusiones muy sabias, una comprensión más profunda de lo que representaría un paso adelante para México.

Todas estas son conclusiones muy sabias, una comprensión más profunda de lo que representaría un paso adelante para México.

Sin embargo, como con Colombia, los desafíos de ninguna otra nación proporcionarán una réplica exacta de lo que México enfrenta. El peculiar fetichismo de los ejecutivos mexicanos, especialmente de los presidentes, de reformar su aparato de seguridad al asumir el cargo, complica los esfuerzos en una variedad de categorías. Dar prioridad a los grupos más peligrosos es también un paso lógico, pero los esfuerzos de México por hacer precisamente eso, se han visto obstaculizados tanto por las dificultades en la determinación del grupo más violento como en la reacción cuando esto conduce a mayores cantidades de violencia.

Está claro que hay lecciones que aprender de las luchas de otras naciones contra la inseguridad y los grupos criminales, pero el estudio de RAND expone el caso claro de que México debe ser tratado en sus propios términos. Una lección muy frecuentemente ignorada.

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