Renuncia de líder de la FARC al Congreso de Colombia amenaza aún más el proceso de paz

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El anuncio de que un importante miembro del partido FARC no ocuparía el escaño en el Congreso de Colombia, que se le ofreció como parte del acuerdo de paz firmado en 2016, podría comprometer aún más el tambaleante acuerdo de paz.

Luciano Marín Arango, quien todavía usa su nombre de guerra “Iván Márquez” y es actualmente el segundo hombre en el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), anunció durante una entrevista con Canal 1 este 24 de abril que renunciaría a la curul que se le ofreció en el Senado.

Márquez, que ocupaba uno de los puestos más altos en el grupo guerrillero en proceso de desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), había sido elegido por el partido político de la FARC para ocupar uno de los diez escaños del Congreso —cinco en la Cámara de Representantes y cinco en el Senado— concedidos a los guerrilleros desmovilizados, como se estipuló en los acuerdos de paz de 2016.

La decisión de Márquez de renunciar al cargo público se produjo luego del arresto del excomandante de las FARC Seuxis Paucis Hernández Solarte —quien también usa todavía su nombre de guerra “Jesús Santrich”—, acusado de narcotráfico.

“Cómo hago yo para ir a ejercer como senador y que me vayan a decir que soy un narcotraficante”, argumentó Márquez, haciendo eco de comentarios anteriores según los cuales el caso contra Santrich es una jugada política para evitar que llegue a ocupar un cargo público.

El fiscal general de Colombia, Néstor Humberto Martínez, afirmó que, aparte de Santrich, no hay ningún otro exintegrante de las FARC en la mira de las autoridades. Sin embargo, es posible que Márquez también sienta temor por el arresto de su sobrino, Marlon Marín, quien ha sido acusado de participar en la presunta red de tráfico de drogas de Santrich, según informó Semana.

Cuando Márquez hizo pública su decisión, se encontraba trabajando en la implementación de los acuerdos de paz en una de las zonas de concentración en Miravalle, al oriente de Colombia, donde los exguerrilleros se encuentran agrupados durante el proceso de desmovilización.

A principios de esta semana, Márquez anunció que Hernán Darío Velásquez, alias “El Paisa”, quien solía ser el jefe de una de las alas militares más poderosas de la guerrilla de las FARC, había abandonado la zona de concentración de Miravalle, como protesta por el arresto de Santrich.

Si bien acusa al Gobierno por incumplimientos en la implementación de los acuerdos de paz, Márquez insiste en que El Paisa continúa involucrado en el proceso de paz.

“A mí me gustaría seguir viendo a El Paisa en esta situación y no en otra, no en la confrontación. Él no está pensando en guerra, él no está pensando en disidencia, él está pensando en que suelten a Santrich y que se vengan con los recursos para financiar los proyectos productivos, porque esos (recursos) no han llegado todavía… Aquí (a la zona de concentración) no ha llegado absolutamente un peso”, aseguró Márquez.

Análisis de InSight Crime

La captura de Santrich y la solicitud de extradición por parte de Estados Unidos amenazan los acuerdos de paz, ya de por sí debilitados por denuncias de corrupción y falencias en la implementación.

El caso de Santrich tiene divididos a los dirigentes de la FARC. Algunos de sus integrantes más importantes, como Márquez y El Paisa, están pidiendo la liberación de Santrich. Sin embargo, Rodrigo Londoño, el máximo líder de la FARC, anteriormente conocido como “Timochenko”, ha tratado de aliviar las tensiones y salvar los acuerdos.

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Por otro lado, no se sabe qué pasará con las curules de Santrich y Márquez en el Senado. En este sentido, el Consejo Nacional Electoral navega en aguas desconocidas.

Incluso si la FARC conserva ambos escaños, las grietas al interior del partido pueden causar su desarticulación permanente, lo que tendría nefastas consecuencias para el panorama criminal colombiano.

A pesar de las afirmaciones de Márquez de que El Paisa continúa en el proceso de paz después de haber abandonado la zona de concentración, es posible que este último pierda los beneficios estipulados en el acuerdo.

Esto lo conduciría hacia la mafia de las ex-FARC, que puede estar buscando ansiosamente engrosar sus filas con nuevos disidentes de las FARC.

* Ángela Olaya contribuyó a la investigación para este artículo.

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