Robo de petróleo se expande en América Latina por el coronavirus

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El robo de petróleo y combustible en América Latina se ha convertido en una oportunidad de generar ganancias para los criminales en medio de las restricciones por el coronavirus y la pandemia.

El pasado 15 de septiembre, militares ecuatorianos encontraron una refinería clandestina en la provincia de Sucumbíos. En la zona hallaron una válvula ilegal instalada sobre una tubería que cruza la frontera entre Ecuador y Colombia.

El primero de septiembre las autoridades argentinas habían desmantelado un gran esquema de robo de petróleo a YPF, la petrolera estatal del país. Una organización criminal, conformada incluso por un concejal y trabajadores de la petrolera, extraían el crudo sin autorización, lo trasladaban en camiones cisterna hasta destilerías clandestinas y finalmente lo vendían en gasolineras sin bandera o ilegales.  Este negocio dejó pérdidas de alrededor 5 millones de dólares anuales para la compañía.

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Estos no son los únicos casos reportados en los meses de cuarentena. Por ejemplo, el 15 de septiembre, en Venezuela, la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (Futpv) denunció el comercio ilegal de la limitada producción que está a cargo de empresas petroleras locales. Además, con el aumento de los precios de gasolina anunciado en mayo de este año, se disparó el mercado paralelo de gasolina. Incluso con gasolina colombiana que llega de contrabando.

En Colombia, Ecopetrol alertó del aumento de las válvulas ilícitas en los poliductos entre enero y agosto de 2020. De acuerdo con la empresa, se han retirado cerca de 900 válvulas, un aumento comparado con las 747 detectadas en 2019 en el mismo periodo de tiempo. La mayoría de los pinchazos ocurren en el oleoducto Caño Limón-Coveñas, ubicado mayormente en Norte de Santander, donde es común encontrar destiladoras clandestinas que producen un combustible barato, conocido como Pategrillo, para los laboratorios de cocaína ubicados en la subregión de Catatumbo.

En Paraguay, supuestos clanes familiares se dedican a robar el combustible de las barcazas que transitan el río Paraná y su posterior distribución en las poblaciones fronterizas. Medios locales explican que tienen la capacidad para descargar más de 70.000 litros de combustible por noche. El 13 de agosto de este año, una mujer fue asesinada aparentemente por las mafias de ordeño, como se les conoce, y desde entonces los fiscales involucrados en el caso han recibido amenazas.

Ha sido común en los últimos meses escuchar del huachicoleo en México, pero esta economía criminal va mucho más allá en ese país. Desde abril de 2020 se han incrementado los ataques de piratas a las plataformas de extracción ubicadas en el Golfo de México. De acuerdo con New York Times, hasta junio de 2020 se habían presentado 19 ataques, comparados con 20 episodios en 2019 y 16 en 2018 a plataformas petroleras en alta mar. La situación se ha deteriorado tanto que en julio la embajada de Estados Unidos emitió una alerta especial sobre los piratas en las aguas mexicanas.

Análisis de InSight Crime

El robo de combustible ha sido una de las actividades criminales más afectadas por el encierro y las restricciones de movilidad, lo que ha llevado a los grupos criminales a diversificarse.

En cada país, las técnicas de extracción son variadas, lo que deja ver la capacidad que tienen los grupos para adaptarse y abrirse espacio en los mercados ilegales de cada territorio. Los modos de operar van desde las pequeñas mafias Paraguay o Venezuela, que intensificaron sus actividades en los últimos meses, y las grandes estructuras dedicadas a procesos complejos de extracción, destilación y comercialización del petróleo o combustible en Argentina y Colombia.

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A diferencia de otros productos, el petróleo es un bien necesario para las actividades cotidianas; también es un insumo clave para llevar a cabo otras actividades criminales, como la producción de cocaína, por lo que grupos criminales se han aprovechado de la alta demanda para aumentar sus ganancias.

Con las autoridades concentradas en controlar las violaciones a las restricciones de movilidad, ha sido fácil para los criminales encontrar los espacios para desarrollar sus actividades, como dijo a InSight Crime un investigador que conversó bajo reserva de su identidad. Estas actividades ilegales van desde narcotráfico hasta extraer el petróleo de las tuberías y luego comercializarlo.

En la actualidad, en la mayoría de la región se están levantando las restricciones, por lo que es posible que el robo de combustible vuelva a niveles pre-pandemia o se consolide como una alternativa de financiación para los grupos criminales, como se ha visto en México y en Venezuela.

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