Ruta 34: La ‘Ruta Blanca’ Argentina de Tráfico de Cocaína

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Una investigación del diario argentino El Clarín reveló los pocos controles que existen a lo largo de la carretera norteña, la Ruta 34, identificada por los oficiales como el principal punto de entrada de la cocaína a Argentina, y hogar de uno de los mercados domésticos que está creciendo más rápidamente en Latinoamérica.

La Ruta 34 argentina comienza en la frontera norte con Bolivia en la provincia de Salta, pasando por las provincias de Jujuy y Santiago del Estero, antes de recorrer toda la provincia de Santa Fe, para terminar en la ciudad de Rosario. Es una de las más importantes carreteras del país y uno de los principales corredores de transporte de carga que conecta con el norte del continente. Pero, también sirve para otro propósito. Las autoridades creen que los 1.488 kilómetros de carretera son usados por organizaciones narcotraficantes para llevar cocaína a las tres ciudades más grandes del país: Rosario, Córdoba y Buenos Aires. Juntas, estas ciudades y sus áreas metropolitanas representan casi la mitad (aproximadamente el 46 por ciento) de la población del país, y una gran parte del mercado de la cocaína.

El 17 de noviembre el diario bonaerense El Clarín publicó una investigación después de hacerle seguimiento a las declaraciones del exgobernador de Santa Fe, Hermes Binner, que dijo en octubre que el estatus de la Ruta 34 como la principal fuente de cocaína del país es un secreto a voces. Según el periódico, la importancia de la Ruta 34 para el narcotráfico es bien sabida entre los lugareños de las provincias de Jujuy y Salta, quienes se refieren a ella como la “ruta blanca” en referencia a las grandes cantidades de cocaína que son transportadas hacia el sur por la carretera.

Sin importar si el producto está destinado a consumidores locales o para el mercado europeo (del cual, Argentina se está volviendo un punto de tránsito cada vez más importante), la cocaína entra a través de la frontera con Bolivia, ya sea por Jujuy o Salta. El Clarín reporta:

“Por allí bajan los grandes cargamentos de cocaína desde Bolivia, que los narcos logran ingresar a la Argentina burlando los pasos fronterizos salteños de Salvador Mazza y Aguas Blancas, así como también el de La Quiaca (Jujuy), cuya ruta 9 se une con la 34 a pocos kilómetros del límite interprovincial entre Salta y Jujuy, sobre el río Las Pavas.

Hacia el norte de Salta, cuando la ruta atraviesa la localidad de Pichanal, se le une la maltrecha ruta nacional 50, que baja de Aguas Blancas. Forman un punto estratégico: si el narco logra pasarlo, sabe que los controles de la frontera ya quedaron atrás y tiene un 80% de posibilidades de llegar al destino con su cargamento de cocaína.”

Al igual que sus contemporáneos en la frontera de México con Estados Unidos, los narcotraficantes en el norte de Argentina usan diferentes métodos para mover clandestinamente su producto. Los corresponsales de El Clarín encontraron que los camiones con cargamentos de cocaína viajan a través de la Ruta 34 en convoyes para evitar entrar en contacto con las autoridades:

“Las organizaciones narco –dice una persona que sabe del tema–, cuando envían un cargamento de cocaína mandan adelante un vehículo que va ‘barriendo’ la ruta y otro que va atrás a modo de custodia, ambos a una distancia de uno o dos kilómetros. El que va adelante, al ver un control rutero de los gendarmes, mediante teléfono satelital da alerta y el coche que está llevando la droga se detiene, o regresa al pueblo más cercano a esperar”.

No obstante, los encuentros con la policía son inusuales en la Ruta 34. En las seis horas que viajaron los reporteros de El Clarín, sólo vieron dos retenes de la policía, uno de los cuales estaba únicamente interesado en monitorear que los vehículos no excedieran el límite de velocidad.

Incluso en las raras ocasiones en las que los narcotraficantes se encuentran con las autoridades, usualmente son vistos más como competidores que como agentes encargados de hacer cumplir la ley. Según un oficial judicial de alto rango consultado por el diario, hay “muchos” policías federales y provinciales involucrados en el tráfico de cocaína en el área. “El ‘chapeo’ (mostrar una credencial para evitar la requisa) siempre dio buenos resultados porque hace que la droga camine sola a Buenos Aires”, dice el oficial. En junio, por ejemplo, un policía federal fue arrestado en Salta por intentar traficar 110 kilos de cocaína.

No toda la cocaína que pasa por la ruta 34 entra en vehículos. Según la investigación de El Clarín, el tramo entre Colonia Dora y Selva en Santiago del Estero (ver mapa) es un lugar clave para el aterrizaje de vuelos con cargamentos de droga. El diario describe esta área como “crítica” en términos de control, señalando que los patrullajes de la policía empezaron apenas hace cuatro años, y que los sistemas de monitoreo aéreo son relativamente nuevos en el área.

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Como resultado, aeronaves con cargamentos de cocaína son capaces de aterrizar en pistas clandestinas cerca a la Ruta 34, y descargan en camiones que continúan hacia el sur por la carretera. Como reportó El Clarín, estas pistas se encuentran dispersas en ambos lados a lo largo de la carretera, y su pobre construcción hace que sean reemplazadas fácilmente si son descubiertas.

“Las “pistas” son improvisadas extensiones de unos 500 metros por 15, de tierra apisonada con un riel de 12 metros que pesa casi media tonelada (y que, en caso de apuro, suele quedar tirado al costado). Su extensión es suficiente para que pueda aterrizar (y luego despegar) una avioneta con hasta 500 kilos de droga.

Una vez lo cargamentos llegan a Rosario, en Santa Fe, están libres. Como reportó InSight Crime, la policía en Santa Fe es notablemente corrupta y los narcotraficantes encuentran poca resistencia en la provincia. El Clarín señala que los oficiales de Santa Fe llevaron a cabo una única incautación de droga en la Ruta 34 en todo 2011, y apenas han incautado 63.1 kilos de cocaína en lo que va corrido del año. Desde ahí los traficantes llegan con facilidad a Córdoba y a Buenos Aires.

El caso de la Ruta 34 arroja luces sobre las dinámicas a través de las cuales los narcotraficantes mueven su producto hacia Argentina, la cual se está convirtiendo cada vez más en un mercado importante de cocaína en la región. El consumo de cocaína en el país –especialmente el derivado producto, similar al crack, llamado “paco”– ha aumentado en los últimos años, duplicando desde 2007 el número estimado de consumidores. Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Argentina representa el 25 por ciento de la demanda doméstica local de cocaína en América Latina, haciéndola el segundo mercado más grande de la región, que representa el 33 por ciento.

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