¿Qué hace de Salvador la ciudad más violenta de Brasil?

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La ciudad más violenta de Brasil, la metrópoli colonial de Salvador de Bahía en la costa norte del país, ha sido golpeada por una oleada de crimen organizado y drogas en los últimos cinco años, lo cual ha causado que la violencia aumente debido a las luchas de las pandillas por controlar los mercados locales.

Las tasas de homicidio en Brasil, país que tiene más ciudades violentas que cualquier otra nación del mundo, en general se han mantenido bastante estables durante la última década. Lo que ha cambiado, sin embargo, es la ubicación de estas ciudades: mientras que en zonas urbanas de los estados del sur, como Río de Janeiro y São Paulo, se ha presentado un descenso considerable en los asesinatos, los homicidios han aumentado drásticamente en el norte.

Salvador, la capital del estado de Bahía, al noreste del país, ha sido una de las más afectadas por esta migración de la violencia. Con cerca de 60 homicidios por cada 100.000 habitantes, la tasa de homicidios de Salvador es más del doble de la capital de Río de Janeiro, que tiene 21,5 homicidios por cada 100.000 habitantes, y cuatro veces la de São Paulo, con cerca de 15 por cada 100.000.

Gran parte de los logros en Río y São Paulo se han atribuido a iniciativas de seguridad como las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), que comenzaron en 2008, y las leyes de control de armas. Entre 2002 y 2012, la tasa de homicidios disminuyó casi en 66 por ciento en Río de Janeiro y 71 por ciento en São Paulo, pero aumentó 161 por ciento en Salvador, lo que la convierte en uno de los lugares más violentos de Brasil.

Una explicación de este repunte de la violencia es que las mejoras en cuanto a seguridad en el sur y un creciente mercado interno de cocaína crack en el norte llevaron al Primer Comando Capital (PCC), el principal grupo criminal de Brasil, a ampliar su influencia hacia el norte. Este ha sido un fenómeno particularmente intenso en Salvador, donde la alianza del PCC con una pandilla local está impulsando una violenta guerra por el control de la ciudad.

Salvador-01Las pandillas de Salvador: Comando de Paz, Caveira y PCC

Como ocurre con la mayoría de las organizaciones criminales de Brasil, las dos pandillas principales de Salvador, Comando de Paz y Grupo de Perna, nacieron en las prisiones de Bahía. Estos grupos se fundaron inicialmente para luchar por mejores condiciones carcelarias y defender los derechos de los presos, así como para vengar los asesinatos cometidos por otros reclusos o personal de la prisión. El Comando de Paz se volvió desde entonces la pandilla de prisión más grande de Bahía y ha controlado gran parte del comercio de drogas de Salvador desde el año 2008.

El Comando de Paz no es la única pandilla que tiene intereses en el mercado de droga local de Bahía. El Grupo de Perna, conocido como “Caveira” (Cráneo) o “Caveirão” (Gran calavera), ha aumentado su poder constantemente desde mediados de la primera década de este siglo y ahora está aliada con la pandilla de prisión de São Paulo, el PCC, que es una de las organizaciones criminales más poderosas de Brasil. Estos dos grupos se han relacionado de tal manera que prácticamente Caveira se ha vuelto sinónimo de la PCC en Bahía.

Caveira también se conoce con el nombre de 1533, que representa el orden numérico de las letras del alfabeto en PCC: P (15); C (3); C (3). Asimismo, el grupo rival de Comando de Paz es conocido como 315. Estos números se pueden ver garabateados en las paredes de algunos de los barrios más hostiles de Salvador. Aunque Caveira parece tener mayor presencia en las redes sociales, tanto Caveira como Comando de Paz utilizan Facebook y otras plataformas de medios sociales para publicar fotos en las que muestran sus armas, defienden sus barrios y se amenazan mutuamente.

Estas constantes tensiones entre Comando de Paz y la alianza PCC-Caveira es una de las principales causas de violencia en Salvador. Aunque los homicidios disminuyeron ligeramente en la ciudad en 2013 y 2014, según cifras oficiales del gobierno, los analistas locales afirman que el conflicto entre estas pandillas estalló otra vez en el año 2014 y que es poco probable que haya un respiro en el futuro cercano.

El creciente mercado local de drogas no permite que las cosas mejoren en Salvador, dado que la capital de Bahía se ha vuelto “cada vez más segregada, dividida y pobre en algunas áreas”, según Luiz Lourenço, experto en seguridad y profesor de Sociología en la Universidad de Bahía, quien afirma que el paisaje criminal de la ciudad “se parece a São Paulo en los años noventa”, cuando las tasas de homicidio en algunos barrios se dispararon hasta más de 110 por cada 100.000 habitantes. Los analistas también atribuyen la creciente violencia de Salvador a una conjunción de factores como presencia de armas de fuego, desigualdad de ingresos, corrupción rampante en el gobierno local y alto flujo de personas que se mudan a la ciudad buscando trabajo.

Un mapa de 2013 muestra que Caveira controla la parte oriental de Salvador, mientras que Comando de Paz se asienta en los barrios occidentales de la ciudad. Sin embargo, ambos grupos se enfrentan constantemente en una batalla cuadra por cuadra por el control territorial. “Marcan las paredes con las iniciales CP y PCC”, le dijo un residente al periódico local Bocão Noticias. “Si uno vive en una calle controlada por el CP no puede ir a la siguiente calle, que le pertenece al PCC. Vivimos aterrorizados y ellos vigilan el territorio. No sabemos a quién acudir.”

Los miembros de Caveira tienden a estar más enfocados en el negocio y son menos violentos, dice Lourenço, quien atribuye este hecho a los vínculos de Caveira con el PCC, el cual prefiere mantener niveles bajos de violencia con el fin de mostrar un bajo perfil. Sin embargo, como el PCC, Caveira emprende episodios calculados de intensa violencia para intimidar a otras pandillas y defender su territorio.

La policía de Salvador ha puesto en marcha varios programas comunitarios con el fin de hacerle frente a la oleada de asesinatos, pero los habitantes de la ciudad desconfían mucho de la policía. Hasta la fecha, los esfuerzos policiales han arrojado pocos resultados, aparte de inundar el sistema penal del estado con presuntos pandilleros.

Tanto el Comando de Paz como Caveira han crecido y se han fortalecido con la enardecida población de prisioneros de Bahía, que aumentó 311 por ciento entre 2000 y 2011. Aunque el estado ha construido más cárceles para ingresar el creciente número de reclusos, la mayoría de ellas están bastante por encima de su capacidad. Las crecientes tasas de encarcelamiento solo han desencadenado las rivalidades entre pandillas, dado que las prisiones se han convertido en centros de reclutamiento de nuevos miembros y sirven como plataforma para planificar operaciones criminales.

Las altas tasas de violencia en Salvador no son solo el resultado del crimen organizado; Lourenço también atribuye el fenómeno al aumento de la “cultura de la violencia” en Brasil, señalando el alto número de asesinatos por disputas domésticas, problemas entre vecinos y otros enfrentamientos menores. Las débiles instituciones gubernamentales y la impunidad generalizada para todo tipo de crímenes han perpetuado esta cultura, que incluso ha llegado a los órganos de aplicación de la ley, dice Lourenço.

A pesar del auge económico de Salvador en los últimos años, persisten problemas como la desigualdad económica, las tensiones raciales y el desempleo, todo lo cual promueve el crimen y la violencia. En la medida en que las tasas de asesinato y consumo de drogas continúen subiendo al norte de Brasil, parece que aquellos que viven en la periferia de la capital de Bahía seguirán siendo vulnerables a los caprichos del hampa.

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