Salvaje Oeste de Colombia: Oro, prostitutas y Urabeños

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Hace tres años, Buriticá era un municipio agrícola soñoliento escondido en las montañas de Antioquia, al noroeste de Colombia. Ahora, es un municipio fronterizo de la fiebre del oro lleno de trampas de minas mortales, chozas en ruinas, prostitutas, drogas y narcoparamilitares -una metamorfosis que podrían ser cada vez más común a medida que los mineros de oro ilegales de Colombia, quienes tienen sus raíces en el conflicto civil del país, buscan nuevas oportunidades.

Nadie en Buriticá sabe realmente cómo empezó todo. Algunos dicen que los mineros ilegales siguieron los pasos de la empresa minera canadiense Continental Gold. Otros dicen que se produjo después de que un documental de televisión divulgara la reactivación de la minería de oro legal en la región. Otros dicen que una figura influyente de la zona central de la minería ilegal, al noreste de Antioquia, corrió la voz de las oportunidades que ofrecía. Sin embargo, todos están de acuerdo en un punto: la gente de Buriticá ha perdido su municipio.

Oficialmente, el municipio de Buriticá (en Colombia, la ciudad capital del municipio usualmente lleva el mismo nombre del municipio mismo) tiene una población de poco más de 7.000 personas. No obstante, los funcionarios y los residentes dicen que probablemente la cifra es más cercana a los 12.000. La mayoría de los nuevos residentes han descendido de los municipios de Segovia, Remedios y Amalfi, en el departamento (municipio) noroccidental de Antioquia, que tienen una larga historia de vínculos entre la minería ilegal y el crimen organizado.

Predominantemente hombres jóvenes y solteros trajeron con ellos técnicas peligrosas y perjudiciales de minería ilegal, y la sed del dinero y una vida fácil. Acompañándolos estaban los supervisores de gran parte del comercio de la minería ilegal de Colombia -los grupos narcoparamilitares conocidos como BACRIM (“Bandas Criminales”)-.

Trabajar bajo los Urabeños

Si bien los funcionarios del gobierno local dijeron que no tenían una confirmación oficial de lo que creen -que las BACRIM controla el sector minero- los residentes son más comunicativos.

“Nosotros sabemos que los mineros están con otras personas, que cuentan con el apoyo de otros grupos”, dijo un líder de la comunidad local, que no quiso ser identificado por razones de seguridad. “No podemos decir nada acerca de la situación porque los que están más arriba vendrán, así que tenemos que guardar silencio”.

Según el grupo de monitoreo del conflicto colombiano Indepaz, que produce el desglose anual más detallado sobre la presencia de las BACRIM en el país, dos grupos, los Urabeños y los Rastrojos, aparecieron por primera vez en Buriticá, en algún momento de 2011.

No obstante, en estos días, los Urabeños son el verdadero poder en la región. Antioquia es uno de los bastiones del grupo, mientras que los ahora fracturados Rastrojos no han mantenido una presencia importante en el estado desde que cedieron el control de sus intereses mineros en el norte como parte de un pacto de 2011.

La presencia de los Urabeños en Buriticá también se confirmó en 2012 con la detención de cinco presuntos miembros y la incautación de un alijo de armas y equipo en el municipio.

Los Urabeños surgieron de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Las AUC, una coalición de grupos paramilitares de derecha que sirvieron como un ejército aliado al estado durante casi una década en su lucha contra las guerrillas, se desmovilizados en 2006, pero muchos de sus comandantes y soldados de nivel medio se mantuvieron activos en la parte de la economía criminal. Con el tiempo han diversificado sus portafolios criminales, con actividades como el microtráfico, la extorsión y la minería convirtiéndose en fuentes cada vez más importantes de ingresos.

‘Polvo loco’ y mercurio

En Buriticá, los hombres trabajan bajo los auspicios de los Urabeños en minas conocidas localmente como “huecos”, que son excavados en el territorio titulado para Continental Gold. Las condiciones al interior son estrechas, sin aire y peligrosas.

“Es inhumano”, dijo Antonio María Hidalgo, quien trabaja en la mina de Continental Gold y es miembro de la mesa redonda medioambiental local. “No sé cómo estas personas se preparan psicológicamente para trabajar allí todos los días”.

Los mineros utilizan explosivos ilegales conocidos como “polvo loco” para extraer el producto. Son comunes las quemaduras, la pérdida de extremidades y los accidentes mortales, ya sea porque el polvo explota mientras que los mineros lo están utilizando o porque las explosiones provocan el desplome de las minas.

Oficialmente se han producido 12 muertes y más de 40 heridos en 120 minas ilegales en el último año, según El Colombiano. Sin embargo, los lugareños dicen que ha habido muchos más. Algunos no se denuncian o son cubiertos por los “propietarios” de minas para evitar la atención no deseada. En otros casos, nadie sabe quien se encontraba en una mina cuando ésta colapsó.

Además del polvo loco, los forasteros también trajeron otra técnica dañina asociada al sector de la minería ilegal de Colombia en Buriticá: el uso del mercurio para extraer el oro. Así como se filtra en los suelos y las aguas de la región, el producto químico altamente tóxico también se libera en el aire como un gas cuando el oro se separa del mineral.

Los efectos a largo plazo del uso del mercurio -daños al sistema nervioso central y los pulmones, problemas de salud mental, defectos de nacimiento- todavía no se han manifestado en Buriticá, pero la polución por el uso del mercurio y otra contaminación relacionada con la minería ya tiene devastada la industria agrícola, el pilar tradicional de la economía local. Un granjero local dijo a InSight Crime cómo sus cultivos ahora sólo crecen a una altura atrofiada antes de marchitarse y morir. Otros han repetido esta afirmación, aunque hasta el momento no se ha hecho ninguna investigación científica para determinar los niveles de mercurio en el suelo.

Controlando todos los aspectos

Según los residentes, los Urabeños controlan todas las facetas del comercio de la minería ilegal, cobrando a cada mina una cuota mensual de protección, la cual varía en función del tamaño de la mina, y controlando la venta del mercurio y los explosivos, los nuevos negocios -legales e ilegales- creados para abastecer a los mineros, y las actividades de las empresas oscuras que compran el oro de los mineros –los “compras de oro”.

Los compras de oro, en particular, son ahora una de las principales fuentes de preocupación para los locales. Antes de la llegada de la minería ilegal sólo había más que un puñado de compras de oro, que eran bien conocidos por los lugareños y vendían el oro que compraban directamente al Banco de la República -el Banco Central de Colombia. Ahora, hay alrededor de una docena de este tipo de empresas ubicadas en el municipio y alrededor de las minas, y nadie sabe quiénes son los dueños o dónde venden su oro.

“Sigue siendo un misterio”, dijo Diego Guzmán, el Secretario del Interior de la alcaldía de Buriticá”. Estos lugares financian la minería de oro; compran el oro, pero no sé cuándo lo sacan del municipio, o cómo lo sacan, o si lo venden en Medellín, Bogotá, o donde sea”.

Aunque los residentes también dicen que no pueden estar seguros de quién está detrás de los compras de oro, están convencidos de que las empresas están en el centro del comercio de la minería ilegal, y que las BACRIM están detrás de su propagación.

“La versión es, aunque no está probada, que se trata de operaciones de lavado de dinero -[los narcotraficantes] tiene una gran cantidad de dinero en efectivo y los compras de oro la legalizan”, dijo el líder de la comunidad.

Si las sospechas de los lugareños son correctas, entonces esto encajaría en un patrón visto a lo largo de Antioquia y en otros puntos de extracción de oro de Colombia. Desde hace mucho tiempo ha sido común para los grupos criminales comprar oro de los mineros ilegales, a menudo a precios más altos que los oficiales establecidos por el banco, luego lo venden a puntos de venta oficiales afirmando que es un producto de las minas que en realidad no son más que una fachada.

Es probable que la influencia de los grupos criminales en Buriticá se expanda aún más ya que los buritiqueños dicen que todos los días llegan más hombres a buscar fortuna en las minas ilegales de la zona. En esto el municipio no está solo. Actualmente, la minería -legal e ilegal- está proliferando rápidamente por todo el país.

El sector de la minería ilegal ya supera el tráfico de drogas como la principal fuente de ingresos criminal para los grupos armados en ocho de los 32 departamentos de Colombia, según un estudio publicado el año pasado, y es probable que se expanda, en particular a medida que los grupos criminales nacionales siguen fragmentándose y las facciones locales recurren a fuentes de ingresos locales.

En esta nueva fiebre del oro, la situación en Buriticá bien puede representar el futuro de muchas otras ciudades y pueblos cerca de Antioquia y otros puntos calientes de la minería.

N obstante, para los buritiqueños es difícil imaginar un futuro. Muchos residentes son refugiados de la lucha pasada entre las AUC y las guerrillas.

“Todo lo que podemos hacer con estas cosas que vemos es salir o permanecer en silencio y resistir, cada vez un poco más”, dijo Amparo Jiménez, miembro de la mesa redonda medioambiental.

“Tal vez los buritiqueños se verán obligados a desplazarse”, dijo. “Fuimos desplazados una vez antes, y ahora podríamos volver a serlo por segunda vez, porque esto nos está golpeando duro”.

‘Fuerzas oscuras’ acompañan las nuevas llegadas

La avalancha de mineros ilegales también ha creado una serie de problemas sociales. Han surgido redes locales de tráfico de drogas y prostitución en los alrededores de las minas. Nuevos bares se alinean en las carreteras cercanas a las minas y los problemas asociados con el consumo excesivo de alcohol, tales como la violencia casual y los accidentes de tráfico, ahora son comunes.

“Ellos trabajan, y venden el oro. Allí por las minas están los bares, shows de striptease, restaurantes”, dijo Hidalgo. “Es una vida dura. Trabajan para beber. Ellos no piensan en mejorar su calidad de vida”.

El rápido aumento de la población también ha puesto una enorme presión sobre los servicios públicos y ha dado lugar a graves problemas de hacinamiento. Ahora hay más basura de la que los camiones de basura municipales pueden recoger, el agua tiene que ser racionada en los períodos secos, y las escuelas y los hospitales están desbordados.

Muchos de los mineros viven en chozas levantadas apresuradamente que consisten en poco más que palos y hojas de plástico, que ahora cubren las laderas de las montañas y la carretera que conduce fuera del municipio. Otros han asegurado alojamiento en el municipio, a menudo ofreciendo pagar un anticipo en efectivo y luego moviendo a un máximo de 30 personas a una sola casa.

Una vez expira el avance, el dinero del alquiler de las propiedades a menudo se agota, pero los dueños de casa están muy intimidados como para desalojar a los inquilinos supuestamente violentos.

“La gente les tiene miedo porque uno nunca sabe con quién se está metiendo”, dijo Hidalgo. “Hay fuerzas oscuras que vienen con ellos”.

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