Trata de personas en el Triángulo del Norte: el delito que no se combate

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Con miles de víctimas y muy pocas condenas, está por verse aquello de que el crimen no paga para el caso de los tratantes de personas en el Triángulo Norte.

De mantener el comportamiento que la justicia ha tenido frente al delito de la trata de personas, los verdaderos responsables de la banda  que con engaños reclutaba menores como modelos y edecanes pero que terminaban forzadas a entregar su virginidad seguirán en la impunidad. El Tribunal Cuarto de Sentencia de San Salvador sólo condenó a cuatro de siete colaboradores de esa estructura a diez años ocho meses de prisión. El caso ocupó durante semanas las primeras planas de los medios en El Salvador cuando se conoció que por US$150 los delincuentes vendían la castidad de las menores, y tomo más revuelo cuando circularon versiones que aseguraban que entre los clientes había prominentes empresarios, profesionales y políticos.

Esta resolución solo viene a contribuir a los altos índices de impunidad que hay frente a este delito en las naciones del Triángulo Norte. El Informe de Desarrollo Humano del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estableció desde hace ya varios años como estos países son altamente vulnerables a las organizaciones criminales transnacionales complejas y sofisticadas, tales como las redes de trata de personas.

Esta es la primera parte de un artículo que apareció originalmente en Connectas en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas del International Center for Journalists (ICFJ), y fue editado y publicado con permiso. Vea el artículo original aquí.

Los gobiernos de estos países firman tratados internacionales, crean leyes, instituciones, comparten experiencias y conocimientos para combatir este flagelo, pero pareciera que esta guerra la están ganando las bandas delictivas que tienen atrapado el Istmo y no las acciones que de forma individual o transnacional impulsan las autoridades.

Las cifras lo confirman. En El Salvador, por ejemplo, la Policía Nacional Civil (PNC) sólo registra 96 detenciones por este delito en los últimos cuatro años. De estos 35 casos terminaron en condenas.

En Honduras, las autoridades reportan 74 casos en investigación por trata de personas en los últimos dos años, de los cuales, sólo 16 han llegado a los tribunales de justicia donde la batalla se ha vuelto más férrea, ya que los jueces sólo en cuatro diligencias impusieron una condena a los implicados.

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Una víctima de trata es rescatada por las autoridades en Honduras. Foto: Xiomara Orellana para Connectas

En Guatemala la situación es similar. A pesar que el Ministerio Público de ese país reveló que de 2009 a 2013 la Policía detuvo a 604 tratantes, únicamente en 183  casos las autoridades reunieron las evidencias necesarias para abrirles un proceso judicial. De estos, sólo en 33 casos hubo condena judicial.

Las redes de tratantes se valen de todo lo que hay en el entorno de sus víctimas: familia, vecinos, amigos, anuncios clasificados en periódicos de gran circulación nacional, programas televisivos, redes sociales e Internet.

Con estos resultados, no en vano el Departamento de Estado de Estados Unidos en su informe anual en el que evalúa los esfuerzos para combatir y erradicar este delito sitúa en el nivel 2 a estos países de acuerdo al décimo cuarto informe de 2014. Esa calificación implica que los gobiernos no cumplen plenamente con las normas mínimas de la Ley de Protección de Víctimas del Trata (TVPA por sus iniciales en inglés). Dicha normativa fue promulgada en 2000, para la eliminación del flagelo.

Esta lista de Estados Unidos ha estimulado reacciones por parte de los países. Es el caso de Honduras, que según el informe de 2014 ha desplegado “un notable esfuerzo” de cambio. Este país tiene dos años de estar en la lista TVPA, lo que lo ha obligado a algunos avances: aumentó el número de agentes de la ley dedicados a combatir la trata de personas e incluso se inauguró una nueva agencia que aparte de los asistentes técnicos de investigación son los responsables de identificar a las redes que utilizan a menores con el fin de explotarlas.  Esto no es gratuito. Son dos años consecutivos que el país ha sido restringido en la asistencia bilateral que da Estados Unidos.

Esta lista demanda “que ante cualquier acto de una de las formas graves de la trata de personas, los gobiernos deberían estipular una pena que sea lo suficientemente severa como para disuadir y que corresponda adecuadamente a la índole atroz del delito”. La pregunta es ¿qué tan en serio se están tomando este tema los países?

En contraste a los moderados avances de los países, las redes de tratantes se valen de todo lo que hay en el entorno de sus víctimas: familia, vecinos, amigos, anuncios clasificados en periódicos de gran circulación nacional, programas televisivos, redes sociales e Internet.

Para la trata sexual se interesan por que sus víctimas reúnan cierto perfil: bonitas, ingenuas, menores de edad que muchas veces son contactadas por “amigas” y en todo caso engañadas.  Estas provienen de los estratos sociales más humildes, zonas marginales y rurales del país, quienes en busca de una solución de empleo caen en manos de la delincuencia.

La agencía de modelaje que no era lo que parecía

Es el caso de dos menores de 15 y 16 años que se dedicaban a modelar para una marca de cerveza en Guatemala y que fueron contratadas para hacer lo mismo en El Salvador.

Las jovencitas fueron reclutadas en un centro comercial de la capital guatemalteca cuando una mujer las ubicó y les hizo una atractiva propuesta. La mujer las puso en contacto con una supuesta agencia de modelaje salvadoreña donde las niñas ganarían mucho dinero.

La persona que las contactó se hizo pasar como una buscadora de talentos para su novio, propietario de una agencia de modelaje de prendas de vestir y quien urgía de los servicios de modelos juveniles. Esta falsificó los documentos de las niñas para hacerlas pasar por la frontera terrestre de El Salvador.

Todo el trabajo fue bien hecho que no hubo problema en la travesía de Guatemala a El Salvador, hasta llegar al lugar, donde días después las chicas supieron su triste realidad: estaban en manos de una de las redes internacionales de trata de personas.

Una semana nos mantuvo encerradas en uno de los cuartos donde no nos daba nada, ni agua, y solo nos tiraba cajas de condones”

Una semana pasaron las niñas privadas de libertad en casa del tratante, “una semana nos mantuvo encerradas en uno de los cuartos donde no nos daba nada, ni agua, y solo nos tiraba cajas de condones”, declararon. El hombre buscaba que las niñas se prostituyeran.

Según la Fiscalía, el proxeneta se movía en las esferas política y gubernamental, lo que le había permitido tener muchísimas influencias.

Uno de los lugares de encuentro, era la Zona Rosa, situada al poniente de San Salvador y de la colonia San Benito. Las guatemaltecas aseguraron que iban obligadas y una de ellas comenzó a gritar sin lograr mayor resultado.

Un día se quedaron solas y abandonaron la casa, salieron rumbo a la terminal y tomaron un bus hacia Guatemala.

Camino hacia el vecino país, las jóvenes se encontraron con funcionarios del Instituto Nacional de Protección a la Niñez y Adolescencia (ISNA) quienes al interrogarlas y al ver que portaban documentación falsa, supieron la verdadera razón de lo que pasaba.

Las víctimas relataron que tenían una semana de haber sido secuestradas y que el sujeto que las tenía privadas de libertad quería que tuvieran relaciones con varios hombres en distintos momentos.

Con la información que las niñas dieron a las autoridades, inició una investigación que terminó con la captura de Nelson Orlando Campos Chacón, alias “El Pelón”, quien utilizando como fachada las agencias “Modelos Exclusivas” y “Modelos y Edecanes Internacionales”, explotaba a menores desde 2004, provenientes de Centro y Sudamérica.

Las cifras

Según datos de 2010 de IPSVT [Integrating Protection Services for Victims of Trafficking in Honduras] en el estudio “Violencia y trata de personas en Centroamérica, oportunidades de intervención regional”, de Save the Children, 2012, el 60 por ciento de los casos en Honduras se da en la modalidad de explotación sexual comercial, seguido por la explotación laboral, trabajos y servicios forzados y servidumbre. Además establece que el 71 por ciento de las víctimas son mujeres y 29 por ciento hombres; estos últimos con fines laborales principalmente.

En Guatemala la situación es parecida, pues el 70 por ciento de las víctimas de trata son mujeres y el 22 por ciento hombres y en un 8 por ciento no se identificó el sexo, según el informe 2013 de la Procuraduría de Derechos Humanos. Además la institución puntualizó que el 32.47 por ciento son menores. Las modalidades más detectadas son explotación sexual comercial, pornografía infantil y turismo sexual. Autoridades investigan otras modalidades como adopciones fraudulentas, venta de niños.

Según la PNC de El Salvador, el 97 por ciento de los casos de trata de personas que se ha registrado en los últimos años ha sido en la modalidad de explotación sexual. Organizaciones no gubernamentales como Save the Children, sostienen que también se da la trata de personas en las modalidades de mendicidad de menores, matrimonios forzados, adopciones fraudulentas, servidumbres entre otros de las cuales no hay detenciones, estadísticas, ni procesos judiciales.

Esta es la primera parte de un artículo que apareció originalmente en Connectas en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas del International Center for Journalists (ICFJ), y fue editado y publicado con permiso. Vea el artículo original aquí.

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