Un arma de fuego es incautada cada dos horas en Guatemala

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Desde 2014 a la fecha, se han registrado más armas de fuego incautadas que homicidios cometidos por arma de fuego por cada 100 mil habitantes. Pero Guatemala sigue siendo un país armado. La Policía Nacional Civil ha identificado algunas rutas de traslado dentro del país, pero sus investigadores carecen de información respecto a quiénes las proveen y cómo las facilitan a los traficantes.

Guatemala es un país armado. Para agosto del año pasado unas 574.000 armas de fuego estaban registradas oficialmente, pero según cálculos de organizaciones especializadas, al menos un millón más circulan en las calles de manera ilegal. Entre enero de 2007 y octubre de 2017, la Policía Nacional Civil (PNC) incautó 47.340 armas de fuego a nivel nacional: un promedio de 364 por mes, 12 por día, una cada dos horas. Las autoridades todavía carecen de un mapa de rutas que permita identificar el origen de las armas, y las rutas por las cuales los traficantes las ingresan al país, aunque para 2010 la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) había identificado 45 puntos en las fronteras del país por donde ocurría el ingreso ilegal de armas, municiones y explosivos. Lo que sí está claro, es que por lo menos ocho de cada diez muertes violentas que reporta la PNC son causadas con un arma de fuego.

Francisco Jiménez Irungaray, exministro de Gobernación (2008-2009), y analista del Centro de Investigaciones Económicas y Sociales (Cien), señala que la PNC se ha concentrado en incautar las armas, pero no tiene capacidad investigativa para rastrear el origen y detener el trasiego. “No se está trabajando el tráfico de armas; no es una prioridad”, dice. En parte, porque Guatemala es utilizado como puente para el traslado de armas entre México y el resto de Centroamérica.

Sin embargo, algunas investigaciones periodísticas y estudios de las autoridades revelan que Guatemala es lugar de paso y de compra de armas de fuego. El Centro de Estudios Sociales y Opinión Pública en México y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) publicaron en 2014 y 2015 que por Centroamérica pasan embarques de armas ilícitas que son enviadas desde la región andina en Sudamérica hacia México. El otro origen, en sentido norte a sur, es Estados Unidos. Los puntos de paso, en ambos casos, están en la frontera que México comparte con Guatemala y Belice. Según el Woodrow Wilson Center de EEUU, las armas con destino al sur de México pasaban por Guatemala, y algunos de los embarques llegaban al istmo después de hacer escala en el Caribe.

*Este artículo fue editado y publicado con el permiso de Plaza Pública. No necesariamente representa los puntos de vista de InSight Crime. Vea el original aquí

En Guatemala las autoridades presumen que la mayoría de las armas ilegales es ingresada al país por pasos no autorizados en las fronteras terrestres, aunque también ocurren ingresos de contrabando por vía marítima. También son trasegadas desarmadas, en piezas, para evitar su identificación si la carga es revisada. Algunas de las rutas de traslado interno sí han sido identificadas.

Casos y tendencias

Datos policiales reflejan que la incautación de armas de fuego en 2017, así como de los diez años anteriores, ocurrió principalmente en el departamento de Guatemala, por lo menos 50 por ciento. Un investigador de la División Nacional Contra el Desarrollo Criminal de las Pandillas (Dipanda), de la PNC, afirma que al menos una pandilla usa la costa sur y el suroriente para movilizar las armas que utilizan.

“Las clicas más fuertes de la Pandilla Barrio 18, Solo Para Locos y los Crazy Gangster, operan desde el sur de la ciudad o el Cenma (Central de Mayoreo en Villa Nueva), como punto de referencia, hasta el suroccidente de Guatemala y toda la costa sur”, dice el investigador. “Aprovechan esa ruta para el traslado de armas, desde México hacia Guatemala, y de Guatemala hacia México; asimismo, trasiegan las armas en la ruta hacia El Salvador”. En 2015, un pandillero salvadoreño reveló, bajo condición de anonimato, que la Mara Salvatrucha compraba armas de fuego en el departamento de Guatemala, mientras que los pandilleros en Honduras las compraban en Petén o el oriente del país.

Armas incautadas por la PNC en 2016. Un fusil de asalto en buenas condiciones o nuevo puede costar entre US$1.200 y US$3.000 en el mercado negro. / Fotografía PNC

La PNC no puede estimar qué porcentaje de las armas en el mercado negro es utilizado por las pandillas y cuáles por otros grupos criminales. Sin embargo, con base en las incautaciones, las autoridades pueden estimar que la mayor parte de las armas traficadas y/o en uso son armas cortas que, en 2017, fueron el 75 por ciento de las incautadas. El decomiso de armas cortas también se concentra en el departamento de Guatemala, Petén, el nororiente y la costa sur. En contraste, los fusiles de asalto (de uso legal sólo para militares y miembros de la PNC) no superan el 1,5 por ciento de las incautaciones, lo que no quiere decir que no haya más fusiles en circulación. La mayoría son incautados en el norte y nororiente del país, además de Escuintla y el departamento de Guatemala.

La diferencia en los precios es una de las razones para la mayor circulación de armas cortas en contraste con las de alto calibre. Los precios de las armas en el mercado negro varían según el lugar de venta, el lugar de fabricación y las condiciones de las armas. Un fusil de asalto en buenas condiciones o nuevo puede costar entre US$1.200 y US$3.000, o mucho menos si no es nuevo ni está en óptimas condiciones, según datos extraoficiales. El precio de una pistola ronda los US$400.

En 2016 la Superintendencia de Administración Tributaria también descubrió diversas armas de fuego, o piezas de armas, y municiones no declaradas, en diez ocasiones en contenedores provenientes de EEUU, Panamá y México, desembarcados en el Puerto Santo Tomás de Castilla, en Izabal.

El Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego de EEUU (ATF, por sus siglas en inglés) estableció que 40 por ciento de las armas incautadas en Guatemala entre 2006 y 2009 provenían de EEUU. El rastreo se realizó por medio de e-Trace, un sistema para rastrear la manufactura de un arma cuando su compra ocurrió en ese país. Pero hace siete años el uso de este sistema se interrumpió y luego pasó a manos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), y desde entonces la PNC no tiene acceso a los datos, según una fuente policial.

El control de armas

Jiménez, exministro de gobernación, afirma que el problema de Guatemala es el control de armas.  Cifras de la Dirección General de Control de Armas y Municiones (Digecam), muestran que para enero de 2017 había 537.747 armas de fuego registradas, y para agosto, según una nota de prensa se había incrementado a 547.000. La Digecam también reporta 60.658 licencias de portación vigentes en 2017 (permisos para portarla en la calle), aunque entre 2009 y 2016 reportaba 267.029, y otras 553.028 licencias de tenencia.

Entre enero de 2007 y octubre de 2017, la Policía Nacional Civil (PNC) incautó 47.340 armas de fuego a nivel nacional / Fotografía PNC

En 2011, las autoridades, y organizaciones como el Instituto de Enseñanza para el Desarrollo (Iepades), estimaban que cerca de 1,5 millones de armas ilegales circulaban en el país, casi el triple de las registradas. El número de armas incautadas en 2011 es similar al de las incautaciones de 2017 (rondando las 4.500), la mayoría, ilegales.

        VEA TAMBIÉN: Cobertura de tráfico de armas

Un investigador de la PNC afirma que diversos grupos criminales se rotan las armas, y las mueven de una región a otra del país, para evitar su rastreo cuando han alcanzado un alto volumen de uso. El director de la PNC, Nery Ramos, estima que 92 por ciento de los asesinatos ocurren con armas de fuego ilegales, y el resto, con armas legales. Datos del Inacif refieren que la mayoría de muertes por arma de fuego son perpetradas con arma corta, aunque la entidad no tiene datos públicos de muertes por tipo de calibre.

Incautaciones, homicidios y narcotráfico

Desde 2014, y con un par de excepciones en años anteriores, el número de incautaciones de armas de fuego, así como la tasa de incautaciones por cada 100.000 habitantes comenzó a superar el número y la tasa de homicidios anuales. Por ejemplo, en 2017 hubo 3.883 muertes por arma de fuego y 4,315 armas incautadas (cifra que excluye diciembre). En 2016, el segundo año de mayor incautación después de 2009 en el último decenio, hubo 4.007 muertes y 4.940 incautaciones. La diferencia es relativa porque una sola arma de fuego podría haber sido utilizada en docenas de muertes violentas, y otra arma, en una sola. Además, el descenso en la tasa de homicidios nacional, que inició en 2010, no empezó de forma paralela el mismo año que la tasa de incautaciones comenzó a subir, aunque en 2017 muestran tendencias similares.

En Guatemala, varios casos por tráfico de armas están vinculados al narcotráfico porque son armas que incautan a los traficantes. En 2014, el narcotraficante guatemalteco José “Che” Manuel López Morales supuestamente traficaba armas para los hermanos Valle Valle en Honduras, además de trasladar sus embarques de cocaína hacia México.

Para 2012, una fuente del Ministerio Público afirmaba que las armas pasaban de manos de pandillas a narcotraficantes o al revés, sin que las estructuras tuvieran contacto, porque se valían de diversas redes de intermediarios. El Iepades señala que una parte de las armas ilegales en circulación son robadas a personas particulares o guardias de seguridad, aunque en porcentajes bajos.

Entre enero de 2007 y octubre de 2017, la Policía Nacional Civil (PNC) incautó 47,340 armas de fuego a nivel nacional. / Fotografía PNC

Para finales de 2017, el Secretario de Política Criminal del MP, Rootman Pérez, señaló que las armas de fuego, más que ser objeto de tráfico ilegal internacional, se habían convertido en una moneda de cambio, o una forma de trasladar ganancias de narcotráfico, una explicación de por qué los casos se relacionan más con narcotráfico.

Pérez dijo que es común el pago de traslados de droga con armas, porque pueden ser vendidas en su destino final, o en el trayecto. Así, para recuperar el dinero, los traficantes las venden a otros grupos delictivos.

*Este artículo fue editado y publicado con el permiso de Plaza Pública. No necesariamente representa los puntos de vista de InSight Crime. Vea el original aquí

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