Una mirada al interior de la captura de ‘Cabeça Branca’, el ‘barón’ de la droga en Brasil

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A comienzos de julio, las autoridades brasileñas capturaron a uno de los sospechosos de narcotráfico más buscados del mundo: Luiz Carlos da Rocha, alias “Cabeça Branca”. Con la legendaria figura ahora tras las rejas, InSight Crime analiza lo que puede esperarse del panorama criminal en Brasil.

Una soleada mañana de sábado en Sorriso, pequeño pueblo sojero en el estado brasileño fronterizo de Mato Grosso, un hombre conocido como Vitor Luiz de Moraes entró a comprar pan en su panadería local.

Mientras aguardaba en el mostrador, aparecieron dos hombres de jeans y camiseta negra. Le apuntaron con sus pistolas y le ordenaron tenderse en el suelo, lo esposaron.

La escena debe haberle parecido extraña a cualquier curioso. Vestido con camiseta blanca, pantalones cortos y sandalias, con poco dinero en el bolsillo, poco podría indicar que el hombre capturado fuera realmente uno de los fugitivos más buscados de Latinoamérica.

Tampoco habría sido obvio que sus captores fueran agentes de la Policía Federal brasileña haciendo el mayor arresto de uno de los operativos de mayor alcance en la historia de la organización.

El ‘Pablo Escobar’ brasileño

De hecho, “Vitor Luiz de Moraes” era una de varias identidades falsas usadas por Luiz Carlos da Rocha, más conocido como “Cabeça Branca” o “Cabeza Blanca” —buscado por las autoridades de varios países, durante tres décadas en Brasil por la Policía Federal, y considerado por algunos el narco más poderoso de Latinoamérica.

El mismo día de la captura de Cabeça Branca, en operativos en seis ciudades brasileñas, de los estados de São Paulo y Paraná, se incautaron US$4 millones 500 de dólares en efectivo en conexión con su organización, además de tonelada y media de cocaína, cuyo destino era al parecer Europa.

Elvis Secco, el agente de la Policía Federal que dirigió la operación, comentó en entrevista telefónica con InSight Crime que Cabeça Branca “era sin duda uno de los mayores narcotraficantes del planeta”.

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Secco dijo que Cabeça Branca, de 58 años de edad, llamado el “Pablo Escobar” de Brasil, movía mensualmente alrededor de US$1.200 millones en cocaína, y despachaba cinco toneladas en promedio hacia Europa, y también a África y Estados Unidos. Las autoridades estiman que acumuló cerca de US$100 millones en ganancias, aunque las cifras reales podrían ser mucho más elevadas.

Estas sumas en efectivo hacen parecer a otros famosos capos brasileños, como Fernandinho Beira-Mar, del Comando Vermelho, y Marcola, del Primer Comando de la Capital (Primeiro Comando da Capital – PCC), como insignificantes expendedores.

Pero, Cabeça Branca no se parecía en nada al estereotipo que pintan los medios brasileños. Nacido en medio del bienestar relativo de una familia de clase media en Londrina, Paraná, incluso sirvió en el ejército brasileño, por lo que recibió un Dodge Polara Zero de regalo de su padre al dejar las filas, según informó el brasileño O Globo.

“Los medios brasileños promueven la imagen de que tipos de favelas, como Marcola (PCC) y Fernandinho (CV), son los grandes traficantes, pero en realidad no es así “, comentó el periodista Allan de Abreu.

“El narcotráfico en grandes cantidades requiere tierra, acceso a aviones y vehículos pesados, algo que Cabeça Branca tenía en abundancia”, agregó.

Imperio criminal

Ahora, casi cuatro meses después de su arresto, los fiscales del famoso escándalo de corrupción en Brasil, “Autolavado exprés“, también con un merecido reconocimiento por ser el mayor operativo de la historia del país, fueron llamados a ayudar con la investigación sobre el extenso imperio criminal de Cabeça Branca.

Se cree que lavó enormes cantidades de dinero en cuentas en el exterior, así como en propiedades rurales, incluyendo una granja con 26.000 cabezas de ganado en Paraguay.

La coordinación de una operación tan grande, mientras eludía la captura por tanto tiempo, requería una extensa red de funcionarios corruptos en los estados fronterizos en Brasil y en el vecino Paraguay, apuntan las autoridades.

“La red de corrupción que tenía era ridícula: personal portuario, policía, fiscales, jueces, políticos. Tenía toda la información privilegiada”, comentó a InSight Crime el investigador de la policía Secco.

El operativo para capturar a Cabeça Branca recibió el nombre en código de “Spectrum”, por la capacidad del capo de evitar la captura. (o “espectro” en español). Y solo ocho agentes de la Policía Federal, cuidadosamente elegidos por Secco, conocían los detalles.

Los tentáculos de corrupción del capo tenían tal penetración que Secco solo reveló la verdadera identidad del objetivo de la operación al resto de los agentes involucrados luego de hacer la captura.

“La red de corrupción que tenía era ridícula: personal portuario, policía, fiscales, jueces, políticos. Tenía toda la información privilegiada” – Investigador de la Policía Federal brasileña Elvis Secco

Además de la corrupción, la estrategia de Cabeça Branca de evitar la violencia y centrarse en el negocio se considera clave para su éxito; sus sutiles métodos de operación tendían a no llamar la atención de las autoridades.

El capo también cambió varias veces de identidad, como parte de sus esfuerzos por evadir la captura, usando cirugía plástica para modificar su apariencia en tres ocasiones.

En el momento de su arresto, se hacía pasar por cultivador de soja. Tenía por lo menos cuatro identidades falsas: dos brasileñas, una uruguaya y una paraguaya. Incluso su esposa, la cuarta al momento de su arresto, declaró no conocer su verdadera identidad.

La ‘ruta campesina’

Las autoridades dicen que la cocaína que manejaba la organización de Cabeça Branca llegaba por avión desde Bolivia, Perú y Colombia, y se almacenaba en grandes propiedades rurales en los estados fronterizos de Brasil y Paraguay. Luego se ocultaba en pisos falsos de camiones y se llevaba por tierra por la vasta zona rural de São Paulo, un modelo de tráfico conocido como la “ruta campesina” (“Rota Caipira”).  

En su libro sobre el flujo de drogas a lo largo de esta ruta, el periodista Allan de Abreu señala la importancia de la geografía en el desarrollo de dicha ruta.

“A un lado de la ruta están los países proveedores importantes: Bolivia, Perú, Colombia, Paraguay. Al otro, los centros de consumo, São Paulo y Rio”, anota.

La cocaína de Cabeça Branca se almacenaba posteriormente en bodegas de São Paulo o Paraná, a la espera de su exportación, generalmente por medio del puerto de Santos, el de mayor tráfico en Latinoamérica.

Conocido como “barón” de las drogas, también abastecía a los mayores actores del mercado doméstico en Brasil, como el Comando Rojo de Rio y el PCC de São Paulo. 

Impacto incierto

Los expertos están divididos sobre el impacto que tendrá la captura de Cabeça Branca en el tráfico de drogas en Brasil y el exterior.

El agente de la Policía Federal Secco comentó a InSight Crime que a las autoridades les preocupa que el PCC, la pandilla más grande y poderosa de Brasil, trate de llenar el vacío creado con la detención de Cabeça Branca.

Con la falta de conocimiento y experiencia de Cabeça Branca, Secco dice que teme que la incursión del PCC pueda conllevar un aumento en la violencia, en especial alrededor de la frontera de Brasil, mientras las facciones rivales se disputan el control de las rutas logísticas.

“Nos preocupa que el país entero que llamamos Brasil pueda convertirse en otro México”, dijo con un toque de humor. “Pero estamos tomando medidas preventivas para evitar que esto ocurra”.

Sin duda, el PCC parece haber emprendido recientemente una agresiva campaña de expansión regional. Y la guerra de pandillas con el que fuera su aliado, el Comando Rojo, fue culpado por un aumento súbito de las muertes en enfrentamientos en las cárceles de Brasil a comienzos de este año.

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Un reciente brote de violencia en los estados del noreste de Brasil también se ha atribuido a las guerras entre franquicias del grupo con facciones locales aliadas con el Comando Rojo.

Algo similar se observó en la región de la frontera con Paraguay. La policía acusó al PCC de ordenar la muerte del capo local Jorge Rafaat Toumani el año pasado. El homicidio de Rafaat, socio comercial de Cabeça Branca hace más de una década, fue ejecutado con armas de fuego de alto poder capaces de derribar un helicóptero, y se pensó que era un esfuerzo por consolidar el dominio del PCC en la frontera con Paraguay.

Por otro lado, algunos observadores dicen que la dinámica del tráfico regional de drogas puede no cambiar de manera radical, al menos en el corto plazo.

“Existe por supuesto la hipótesis de que también sigue controlándolo todo desde dentro de la prisión”, dijo Rafael Saliés, consultor sénior del servicio de inteligencia privada Southern Pulse.

Y el periodista de Abreu comentó que el arresto de Cabeça Branca acabaría con el uso de la “Ruta campesina”.

“Las vías son extensas, bien pavimentadas y poco vigiladas por la policía”, comentó. “Para los aviones, el clima es bueno y la tierra relativamente plana. Todo esto, más la ubicación estratégica indica que el flujo de drogas nunca parará”.

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