Una tregua en Medellín acerca a los grupos a una hegemonía criminal

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La mafia de Medellín, fragmentada a consecuencia de una incesante lucha interna, ha hecho el llamado a una tregua y ha logrado un acuerdo con sus rivales, los Urabeños, tratando de reconstruir la hegemonía criminal establecida otrora por el legendario criminal conocido como “Don Berna”. No obstante, puede ser difícil crear una réplica de Berna, quien poseía fuertes conexiones con la élite del país.

La última guerra de la mafia en Medellín parece haber llegado a su fin luego de que las diferentes facciones de la Oficina de Envigado -la cual ha controlado el hampa de la ciudad desde las épocas de Pablo Escobar- y los Urabeños hicieran las paces. El eje formado entre la Oficina y los Urabeños busca restituir a Medellín como capital criminal de Colombia, empleando el modelo creado por Diego Murillo Bejarano, alias “Don Berna”.

Don Berna gobernó sobre todas las pandillas de la ciudad (llamadas localmente “combos”), y era uno de los integrantes de mayor peso dentro de las grandes ligas del narcotráfico, expandiendo su poder desde Medellín hacia las zonas rurales donde controlaba los cultivos ilícitos, los corredores estratégicos y los puntos de embarque de los cargamentos de cocaína.

Tras la extradición de Don Berna a Estados Unidos en 2008, los líderes de la Oficina de Envigado se enfrentaron para obtener su trono criminal. No obstante, ninguno de ellos poseía el poder o la autoridad para unificar a los diferentes grupos criminales de la ciudad. La guerra se desató y la tasa de homicidios, junto con las cifras de desplazamiento interno, se dispararon entre el año 2009 y el 2011.

La fragmentación y la violencia también se extendieron a las zonas rurales, donde las diferentes “bandas criminales”, o BACRIM, como se les conoce, lucharon por hacerse al control de las propiedades más importantes del narcotráfico.

Si bien no hubo ningún ganador en Medellín, la BACRIM conocida como los Urabeños se convirtió en la organización criminal más poderosa de Colombia. Centró su atención en Medellín, el “premio gordo” para los criminales del país, y desde su base rural empezó a rodear los barrios periféricos de la ciudad, apoderándose de algunos de ellos y estableciendo alianzas con las facciones disidentes de la Oficina de Envigado.

Esta guerra tuvo consecuencias negativas para los negocios criminales en Medellín, ya sea el narcotráfico transnacional, el microtráfico, la extorsión, el secuestro, los juegos de azar o el lavado de dinero. Un poderoso grupo de delincuentes de cuello blanco, denominado por Luis Fernando Quijano, exmiliciano de izquierda y actualmente experto en la violencia de Medellín, como “La Comisión”, decidió que la violencia debía terminar.

La Comisión ha existido de una forma u otra, desde antes del ascenso de Escobar y el Cartel de Medellín en los años ochenta. Está compuesta principalmente por miembros de la élite social y económica de Medellín que operan tanto en el mundo legal como en el ilegal, es decir, en el mundo criminal y en las “altas esferas”.

Algunos miembros de este grupo superior del mundo criminal ya han sido identificados. Uno de ellos es Guillermo Valencia Cossio, ex director seccional de Fiscalías en Medellín, hermano de un ex ministro del Interior y miembro de la “aristocracia” de Medellín. Fue condenado en 2011 a 15 años de prisión por colaborar con los Urabeños. Otro fue Marlon Javier Vergara, quien llegó a ser uno de los jóvenes empresarios más prometedores y bien conectados de Medellín, hasta su arresto en 2010. Fue condenado a 37 años de prisión por un asesinato que le encargó la Oficina de Envigado.

Estas élites, en términos generales, no han participado por sí mismas en la violencia. Para ello se han valido de hombres como Pablo Escobar y, más adelante, Don Berna. Desde la extradición de Don Berna, han estado buscando un nuevo hombre fuerte para imponer disciplina en el mundo del hampa y facilitar así sus intereses, que son el tráfico de drogas, el lavado de dinero y sus negocios en las altas esferas, donde obtienen una ventaja a través del uso discreto de la violencia y la intimidación.

Tras la detención en agosto de 2012 de Erickson Vargas Cárdenas, alias “Sebastián”, tal vez el último líder de la Oficina de Envigado con la capacidad para unificar a las diferentes facciones, la Comisión se reunió en mayo de 2013 en una casa del centro histórico de la ciudad de Cartagena, según informó una fuente criminal. En esta reunión fue creado un grupo de cinco “facilitadores” para acercarse a las cinco facciones principales de la Oficina de Envigado y los Urabeños, que estaban fortaleciendo su control en las afueras de la ciudad. El objetivo era negociar una tregua antes de la “Feria de las Flores” de Medellín, en agosto de este año, cuando la ciudad se abre al turismo nacional e internacional.

Los facilitadores fueron muy exitosos, principalmente al concertar reuniones por medio de la intermediación de miembros encarcelados de la Oficina y los Urabeños, tanto en Colombia como en Estados Unidos. El resultado, según fuentes policiales y criminales consultadas por InSight Crime, fue una cumbre criminal, celebrada el 13 de julio en una casa de lujo en San Jerónimo, un pequeño y pintoresco pueblo a menos de una hora de Medellín.

A la cumbre asistieron representantes de las cinco facciones principales de la Oficina de Envigado, aunque los anfitriones fueron los Urabeños, liderados por alias “Don Daniel”, cuyo verdadero nombre es desconocido, pero quien es al parecer el responsable de las operaciones de ese grupo en Medellín. Junto a él había cuatro mandos medios de los Urabeños, encargados de algunos barrios de la ciudad. De parte de la Oficina de Envigado, estaban presentes los representantes de las cinco facciones más poderosas, entre ellos, muchos de los alias que se oyen en las calles: “Tuto”, “Tom”, “Fredy Colas” y “Diego Chamizo”.

Dichas facciones representan, en su conjunto, unas diecisiete de las más poderosas “oficinas de cobro” o, como las llama la policía, “ODIN” (Organización Delincuencial Integrada al Narcotráfico), y hasta 120 “combos” diferentes, o pandillas callejeras de Medellín. Estas oficinas de cobro son estructuras criminales desarrolladas bajo el mando de Don Berna; organizaciones a través de las cuales ejerció el control sobre el mundo criminal de la ciudad.

Por definición, las oficinas de cobro tienen bajo su mando a varios combos, ejercen control territorial en algunos sectores metropolitanos, poseen sus propias estructuras de lavado de dinero y un grupo de “sicarios” o asesinos. Se involucran en una variedad de actividades criminales que van desde la extorsión hasta el homicidio, y son lo suficientemente sofisticadas como para aceptar trabajos subcontratados a organizaciones criminales nacionales e, incluso, transnacionales.

Un pacto de no agresión se negoció en San Jerónimo, con una clara delimitación territorial dentro de la ciudad. Los Urabeños se comprometieron a detener su ofensiva y a facilitar las operaciones externas de narcotráfico de la Oficina de Envigado, haciendo uso de su control sobre las zonas rurales. A su vez, los miembros de la Oficina se comprometieron a dejar de pelear entre ellos e imponer disciplina a las pandillas callejeras en sus territorios.

La tregua tuvo un efecto inmediato. El 15 de julio, en el barrio Belén Rincón, los líderes de seis poderosos combos se reunieron a departir y tomar cerveza, mientras sus pandilleros jugaban al fútbol juntos. Esto se repitió en todo Medellín en julio, a medida que los combos acataron las reglas establecidas en la cumbre. Desde entonces, la tasa de homicidios en Medellín ha disminuido drásticamente.

No obstante, esta tregua está lejos de replicar el poder que alguna vez ejerció Don Berna. A la Comisión le encantaría poder encontrar a alguien capaz de forjar el tipo de relaciones con las élites burocráticas que tenía Don Berna.

Don Berna comenzó su carrera criminal como parte del Cartel de Medellín. Cuando su jefe fue asesinado por Pablo Escobar, Don Berna se convirtió en un miembro clave de los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar) y desde ese momento su objetivo fue derrotar al líder del Cartel de Medellín.

Durante la época de los Pepes, según Chris Feistl, un veterano agente de la DEA con varios años de experiencia en Colombia, Don Berna actuó como enlace del Bloque de Búsqueda de la policía y estableció vínculos con los altos mandos de la fuerza pública; enlaces que se convertirían en uno de los pilares de su poder criminal. Más tarde, como miembro de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Don Berna estableció vínculos con las altas jerarquías del ejército.

Aunque los Urabeños han intentado crear alianzas con las élites burocráticas en las instituciones públicas, como Valencia Cossio de la Fiscalía, hasta ahora no han podido establecer una red comparable a la de Don Berna. Sin embargo, si el acuerdo entre la Oficina de Envigado y los Urabeños se transforma en una verdadera alianza, su poder combinado podría ser capaz de infiltrar los rangos más altos de las élites burocráticas y volver a crear un sindicato criminal capaz de controlar gran parte del tráfico de cocaína en Colombia.

La investigación presentada en esta publicación es, en parte, el resultado de un proyecto financiado por el International Development Research Centre de Canadá.

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