Vacío en ley sobre armas en Estados Unidos abre puerta a carteles de México: informe

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Un nuevo informe asegura que la mayoría de armas de fuego traficadas a México podrían no ser fabricadas en Estados Unidos, lo cual pone bajo la lupa la necesidad de que el gobierno estadounidense cierre una brecha jurídica que permite que armas extranjeras de grueso calibre terminen en manos de los carteles de la droga en México.

El informe (pdf), escrito de manera conjunta por la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) y el Centro de Políticas sobre Violencia (VPC), señalaba que el número de armas de fuego de fabricación extranjera traficadas en la frontera entre Estados Unidos y México podría ser muy superior a lo que indican las estadísticas oficiales.

Usando expedientes judiciales de Estados Unidos, el estudio afirma que el 59 por ciento de las armas confiscadas con destino al tráfico en Latinoamérica entre 2008 y 2014 eran de factura extranjera. (Ver gráfico siguiente de WOLA-VPC) Por su parte, la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) dice que se descubre que sólo el 25 por ciento de todas las armas de fuego incautadas por las autoridades mexicanas, enviadas para su rastreo, han sido fabricadas por fuera de Estados Unidos.

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Esta discrepancia entre las dos series de datos puede deberse a la incapacidad de las cifras del gobierno estadounidense de reflejar las tendencias actuales en tráfico de armas, puntualizan WOLA y VPC. Muchas armas incautadas por las autoridades mexicanas y enviadas para su rastreo fueron ingresadas ilegalmente a México hace años. Esto quiere decir que incluso los datos más recientes de la ATF sólo ofrecen “una imagen mixta del tráfico a lo largo de varios años”, asegura el informe.

En contraste, los datos de los tribunales corresponden al año en el que ocurrió la operación de tráfico de armas, y por ende pueden brindar una instantánea más actualizada de las tendencias del contrabando. Los datos del VPC de hecho podrían servir como indicador del cambio de dinámica en el tráfico ilícito de armas entre las fronteras, donde las armas de fabricación extranjera constituyen la mayoría de armas de fuego traficadas hacia México.

“Yo predeciría que dentro de pocos años los datos de la ATF comenzarán a parecerse a lo que halló el VPC”, comentó a InSight Crime Clay Boggs, funcionario del programa de la WOLA y coautor del informe.

Potentes y económicas armas de fabricación extranjera —en su mayoría variaciones del AK-47— son comunes entre los dueños de armas en Estados Unidos y entre los narcotraficantes mexicanos por igual, según el informe. Estas armas se importan principalmente de Rumania y Bulgaria.

Los fabricantes locales y extranjeros han encontrado maneras de eludir la prohibición de importación, usando las brechas en la legislación para garantizar que siga abierto el canal de armas que comienza en los Balcanes y termina en México

InSight Crime ha informado anteriormente sobre el alto número de armas de fabricación rumana que se importan legalmente a Estados Unidos y luego se trafican por la frontera a los carteles mexicanos de la droga. Sin duda, este es un problema de larga data que sólo se ha abordado con una legislación poco sistemática y escasa imposición de la ley o respaldo judicial.

En 1989, la ATF prohibió la importación de rifles de asalto semiautomáticos, incluyendo las variantes del AK-47. Estados Unidos prohibió en su totalidad los rifles de asalto en 1994 y endureció aún más las restricciones al ingreso de armas extranjeras al país en 1998.

Sin embargo, la prohibición a las armas de asalto terminó en 2004, y los fabricantes locales y extranjeros han encontrado maneras de eludir la prohibición de importación, usando las brechas en la legislación para garantizar que siga abierto el canal de armas que comienza en los Balcanes y termina en México.

Entre esos vacíos los más importantes son los que permiten la importación de armas para lo que se considera “prácticas deportivas”. Sin embargo, “prácticas deportivas” tiene una interpretación muy amplia e incluso cuando se cuestiona el fin “deportivo” de un arma, los autores del informe señalan que falta la imposición de la ATF.

“No están aplicando el cuestionario de prácticas deportivas como debe ser”, indicó Kirsten Rand, de VPC, a InSight Crime. “Básicamente están permitiendo que ingrese cualquier cosa”.

Análisis de InSight Crime

En la guerra contra el tráfico armamentista, la ATF es un blanco fácil. Como lo ha señalado InSight Crime, la agencia tiene cerca de 2.400 agentes, mucho menos que sus contrapartes. De ellos, sólo unos 700 son inspectores. Dado el enorme volumen de importaciones, el trabajo de inspección de esas armas es casi imposible.

El colegio de abogados establecido para procesar a compradores insignificantes y otro personal logístico en el contrabando de armas es también muy alto: casos muy sólidos con evidencias basadas en videovigilancia y testigos cooperadores suelen descartarse; fiscales en estados favorables a la tenencia de armas, en especial a lo largo de la frontera de México y Estados Unidos, son reacios a asumir esos casos, que consideran papas calientes en términos políticos.

Al mismo tiempo, el tráfico armamentista sigue siendo un problema serio. Los grupos del crimen organizado en México tienen un apetito voraz por las armas del mercado negro. Las autoridades mexicanas incautaron aproximadamente 29.000 armas por año entre 2010 y 2013, más del doble del número de armas confiscadas en Irak en guerra. Aunque los estimativos de cuántas armas cruzan la frontera de Estados Unidos y México varían bastante, los expertos dicen que casi la mitad de todos los distribuidores de armas en Estados Unidos dependen financieramente de la demanda mexicana.

Existe evidencia de que este enorme tráfico ilegal de armas se está convirtiendo en una fuente creciente de violencia al sur del Río Grande. Según un informe de 2014 (pdf), realizado por el grupo de la sociedad civil mexicana [Des]Arma, el número de homicidios cometidos con armas de fuego se disparó en 184 por ciento entre 2001 y 2013. De 2001 a 2014, los asesinos usaron armas de fuego en más de 90.000 homicidios en todo el país, según el informe.

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Determinar el país de origen de las armas en México es también importante porque esta información nos da una expectativa realista del papel que pueda desempeñar el gobierno de Estados Unidos en la contención al contrabando de armas transfronterizo. Según el informe de WOLA-VPC, sólo el Congreso de Estados Unidos puede prohibir la manufactura de estilos específicos de armas domésticas. No es probable que esto suceda, dada la división política en el tema de los derechos de porte de armas en Estados Unidos.

Pero las restricciones del país a las armas de fabricación extranjera no requieren esa acción del congreso. Según el informe, la rama ejecutiva tiene la potestad de imponer prohibiciones a cualquier arma importada que no tenga como fin “prácticas deportivas”. Esto da al presidente de Estados Unidos un poder sustancial para evitar que armas importadas como los AK-47 lleguen a Estados Unidos y, por extensión, a los carteles de la droga en México.

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La idea de que un presidente de Estados Unidos firme una orden ejecutiva para prohibir las armas de uso no deportivo es no sólo plausible, sino que ha sido implementada dos veces antes, tanto por presidentes demócratas (Bill Clinton) como republicanos (George H.W. Bush). En términos simples, los obstáculos políticos a la prohibición de las armas extranjeras son mucho menores que la imposición de una medida similar a la industria doméstica de armas.

Si el tráfico a México de armas fabricadas fuera de Estados Unidos va en aumento, como lo señala el informe de WOLA-VPC, la urgencia sobre la prohibición del ejecutivo sobre armas de estilo militar procedentes de otros países sólo se hace mayor. De un plumazo, el presidente de Estados Unidos podría mermar de manera considerable la lucrativa industria del contrabando transfronterizo de armamento. Puede haber aún algo de cierto en el antiguo dicho de que “la pluma es más poderosa que la espada”, o en este caso que el arma.

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