Opinión | Venezuela: ¿El Irak de Latinoamérica?

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¿Soy solo yo quien piensa que Nicolás Maduro se parece mucho a Saddam Hussein? Luego de la intervención estadounidense en otra nación rica en petróleo, Irak, vimos un país sumido en una guerra civil, desplazamientos masivos y un sufrimiento que superaba la imaginación.  ¿Va Venezuela en la misma dirección?

En primer lugar, pensemos en lo positivo: un escenario en el cual el señor Maduro se da cuenta de que su posición es insostenible y convoca al pueblo venezolano a decidir su futuro en elecciones plenas y libres, que permiten abrirle paso a la reconciliación y a la reconstrucción nacional. Con esas elecciones se levantan las sanciones, fluyen la ayuda internacional y la inversión, mientras que Colombia y Venezuela restablecen sus relaciones diplomáticas y comerciales para beneficio de todos. Y muchos venezolanos, expulsados de su patria, retornan para reconstruir su maltrecho país.

* Este artículo fue publicado originalmente por la Revista Semana y fue reproducido por InSight Crime con permiso.

Ahora pasemos al extremo opuesto del espectro y analicemos algunos de los peores escenarios. Pocos analistas serios piensan que cualquier acción militar de Estados Unidos en Venezuela traería algo distinto a efectos negativos. Venezuela no es Panamá, y la exitosa acción militar efectuada en 1989 no puede replicarse en Venezuela, un país con un área más de doce veces mayor, y con una verdadera plétora de grupos armados antiestadounidenses. Hay que recordar que la maquinaria propagandística chavista se ha pasado las últimas dos décadas advirtiendo que los yanquis, confabulados con los oligarcas venezolanos de derecha, están planeando un operativo militar para tomarse las reservas petroleras del país. Sería una pena mostrarles que tenían razón.

Al régimen de Maduro no le faltan aliados extranjeros, y una intervención estadounidense podría tener repercusiones internacionales también para Colombia. Eso puede ser lo que una a diferentes elementos venezolanos bajo la dirección de Maduro. Rusia también se ha mostrado muy decidido a seguir del lado de sus aliados contra viento y marea, como en el caso de Siria. China tiene intereses financieros en Venezuela por un monto cercano a los US$60.000 millones. Como siempre, el tablero de ajedrez internacional tiene actores complejos y antagónicos.

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Ya ha habido mucha violencia política con cientos de venezolanos asesinados durante protestas. El riesgo de más violencia política en Venezuela es muy alto. Hace mucho, las fuerzas armadas venezolanas cedieron el monopolio sobre el uso de las armas. Dentro de la amplia gama de grupos armados, están las pandillas carcelarias dirigidas por “pranes”, además de “megabandas” y “colectivos”, mientras que la milicia, la Guardia Nacional y la Fuerza Armada tienen elementos altamente criminalizados y corruptos, listos para usar la violencia con miras a lograr sus fines y proteger sus intereses. Añádase a estos la presencia del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, los disidentes de las ex-Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y grupos ilegales, como Los Rastrojos. Con cinco décadas de experiencia insurgente y presencia hasta en la mitad de los 24 estados venezolanos, los grupos armados colombianos por sí solos harían sangrar a cualquier invasor.

La pregunta es cuántos de los grupos armados de esta lista estarían dispuestos a defender al régimen de Maduro hasta el amargo desenlace, o a involucrarse en la resistencia armada contra un nuevo gobierno respaldado por Estados Unidos. Es inevitable que haya algo de violencia, y sin duda las actuales tasas de homicidios en Venezuela ya están a la par de muchos países envueltos en guerras civiles.

El crimen organizado ha permeado las ramas más altas del régimen de Maduro. Este gobierno ha recurrido cada vez más a fuentes ilegales de ingresos para engrosar su menguado flujo de caja, lo que incluye el oro y la cocaína. Incapaz de saquear las arcas del Estado, anteriormente su principal actividad criminal, la “Boligarquía” se ha visto obligada a recurrir a otras fuentes ilegales de ingreso. Gracias a los precios estables del oro y a los volúmenes sin precedentes de la producción de cocaína en Colombia, esos fuentes ilegales se encuentran al alcance de la mano.

El régimen de Maduro tenía problemas para pagar sus cuentas antes del último embate de sanciones sobre su industria petrolera. El bloqueo de fondos al actual gobierno, combinado con la presión diplomática internacional, forzará la caída del actual régimen. Puede que requiera tiempo, pero eso puede ser lo que se necesita para encaminarse a una transición más pacífica. Ya están apareciendo fisuras y para todos, con excepción de los fanáticos más acérrimos, debe estar quedando claro que ese estado de cosas no puede continuar. Sí, entretanto seguirá el sufrimiento de los venezolanos, pero aún en el mejor de los casos, Venezuela necesitará años para recuperar una posición en la que el gobierno esté en capacidad de proteger, educar y atender a sus ciudadanos. Es preciso evitar a toda costa un conflicto civil, y para hacerlo hay que encarar y neutralizar los intereses del crimen organizado que actualmente sostienen a Maduro.

* Este artículo fue publicado originalmente por la Revista Semana y fue reproducido por InSight Crime con permiso.

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