Violencia urbana y el futuro de la seguridad en Latinoamérica

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Dado que las ciudades latinoamericanas continúan creciendo, la violencia urbana se ha convertido en uno de los principales indicadores del nivel general de seguridad en los países. InSight Crime analiza la situación en Colombia, que se ha convertido en un caso exitoso a nivel regional, pues ha logrado reducir los homicidios en sus principales ciudades.

En una de las conferencias TED en enero de 2015 (vea el video abajo), el director de investigaciones del Instituto Igarape de Brasil, Robert Muggah, dijo que son las ciudades del mundo, no los poderosos Estados-naciones, las que “definirán el futuro del orden y el caos”. Muggah señaló que un factor clave en la generación de la violencia no es necesariamente el tamaño o la densidad de las ciudades, sino más bien la velocidad a la que éstas crecen, lo que él denomina “turbo urbanización”.

Esto es probablemente cierto sobre todo en Latinoamérica, que tiene la mayor concentración de habitantes urbanos en el mundo, según un informe de El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, ONU-HABITAT, en 2012. En un correo electrónico, Muggah le dijo a InSight Crime que las ciudades latinoamericanas “crecen mucho más rápido que sus contrapartes del norte”, y que por lo menos el 75 por ciento de los habitantes de la mayoría de los países de la región viven actualmente en entornos urbanos. Durante su conferencia, Muggah agregó que Nueva York necesitó 150 años para llegar a tener 8 millones de habitantes, pero mencionó los casos de São Paulo y Ciudad de México, que en solo 15 años llegaron a tener la misma cantidad de población. ONU-HABITAT estima que, para el año 2050, el 87 por ciento de todos los latinoamericanos estarán viviendo en ciudades.

Sin embargo, no es claro si algunos gobiernos latinoamericanos están pensando en mecanismos para reducir la violencia urbana, o al menos si tienen la capacidad de hacerlo. Cerca del 86 por ciento de las ciudades más violentas del mundo en 2014 estaban en Latinoamérica, según listado de la ONG mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (CCSP-JP). Este alto porcentaje es consistente con clasificaciones de años anteriores.

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Recientes estadísticas de seguridad en Honduras destacan el impacto que sólo unas pocas ciudades pueden tener en los niveles de violencia nacional. Tegucigalpa y San Pedro Sula son las ciudades más grandes de Honduras, y ambas son golpeadas por la violencia. Según el CCSP-JP, San Pedro Sula ha sido la ciudad con la mayor tasa de homicidios en el mundo durante los últimos cuatro años, y Tegucigalpa nunca ha estado por debajo de las seis primeras. Dado que estas estadísticas sólo tienen en cuenta las ciudades con más de 300.000 habitantes, la dimensión del problema y su naturaleza urbana no se aprecian con claridad. Según cálculos locales, la tercera ciudad de Honduras, La Ceiba, tiene una tasa de homicidios reportados de 140 por cada 100.000 habitantes —cifra por encima de 49 de las ciudades de la lista—, pero, dado que tiene menos 200.000 habitantes, esta ciudad no se tiene en cuenta. A pesar de todo, Honduras es clasificado como el país más violento del mundo, o por lo menos uno de los más violentos.

En contraste, al examinar los patrones de violencia en las ciudades más grandes de Colombia se puede observar que el país redujo su tasa de homicidios a sólo un tercio de los niveles que tenía hace 25 años.

 

Dado que las áreas urbanas albergan una porción cada vez mayor de la población de la región, el destino de las ciudades determinará el futuro de la seguridad en Latinoamérica.

En 1991, Medellín era la capital mundial del crimen, con una asombrosa tasa de homicidios reportados de 381 por cada 100.000 habitantes. Ese mismo año, los asesinatos alcanzaron un récord histórico en Colombia: una tasa de homicidios de 78 por cada 100.000 habitantes. Las tasas de homicidios en Cali también superaron regularmente los 100 por cada 100.000 habitantes en los años noventa.

Colombia disminuyó su tasa de homicidios hasta cerca de 26 por cada 100.000 habitantes en 2014, la tasa más baja que ha tenido en tres décadas. Esta reducción se dio a la par con una disminución aún mayor en Medellín, que al parecer registró una tasa de homicidios más baja que el promedio nacional el año pasado. Por su parte, los asesinatos en Cali alcanzaron el menor nivel en veinte años. En Bogotá, la capital del país, también se han presentado reducciones significativas de los homicidios. (Las estadísticas en el siguiente gráfico pueden ser distintas a las tasas de homicidio mencionadas arriba debido a las diferencias que presentan los organismos en el recuento de las estadísticas de homicidio. El gráfico utiliza datos de la policía en el año 2014, consultados por el centro de estudios Finiterank y por el autor).

¿Cómo logró Colombia esta drástica reducción de la violencia urbana? Muggah le dijo a InSight Crime que los nuevos métodos en la lucha contra la violencia por parte de alcaldes innovadores en las tres ciudades más grandes de Colombia, conocidas como el “Triángulo de Oro”, fueron factores clave.

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“Alcaldes como Enrique Peñalosa en Bogotá (1998-2001), Rodrigo Guerrero en Cali (1992-1994, 2012-2015) y Sergio Fajardo en Medellín (2003-2007) son ejemplos de que es posible hacer un cambio radical en la manera de abordar el asunto. Estos alcaldes tomaron con decisión ideas científicas y prácticas de todo el mundo y trabajaron hábilmente con diferentes niveles del gobierno para diseñar estrategias multisectoriales de prevención de la violencia”.

En particular, Guerrero, el alcalde de Cali, ha sido pionero en la elaboración de un enfoque epidemiológico para comprender y reducir la violencia. Muggah también le dijo a InSight Crime que los criminólogos y economistas de Bogotá descubrieron que cerca del 100 por ciento de todas las muertes violentas ocurrieron en apenas el 1 por ciento de las calles de la ciudad. Esto facilitó que Bogotá pasara de ser lo que Muggah llamó “la que alguna vez fue considerada la ciudad más peligrosa del mundo”, a registrar una tasa de homicidios casi 10 puntos por debajo de la media nacional en el año 2014.

Otros factores que están más relacionados con cambios en la dinámica criminal que con estrategias de seguridad innovadoras (como la tregua que se dio en Medellín en 2013 entre los grupos criminales rivales Los Urabeños y la Oficina de Envigado) quizá también cumplen un papel significativo en la disminución de la violencia urbana en Colombia. Sin embargo, sería aconsejable que otros países de la región estudien de cerca la manera como Colombia redujo los homicidios en ciudades que alguna vez estuvieron entre las más violentas del mundo. Dado que las áreas urbanas albergan una porción cada vez mayor de la población de la región, el destino de las ciudades determinará el futuro de la seguridad en Latinoamérica.

 

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