Los vendedores en Caracas han dado una respuesta emprendedora al descenso de la capital venezolana a la guerra criminal: renombrando estatuillas devocionales como El Koki, el jefe de la pandilla responsable del caos.
Las coloridas figuras han sido vistas en puestos comerciales dedicados a la tradición espiritualista en Venezuela y se venden en oferta por solo US$20 se pueden llevar hasta seis figuras, según una imagen compartida en Twitter por Impacto Venezuela el pasado 20 de julio.
Carlos Luis Revete, alias “El Koki”, es el capo criminal de larga data en el populoso distrito Cota 905 de Caracas. Está enfrentado con las fuerzas de seguridad venezolanas desde la agresiva toma del vecino distrito de La Vega a finales de 2020.
La notoriedad de Revete y sus lugartenientes se disparó desde la audaz expansión criminal, y la evasión de su captura mediante la astucia o la corrupción, aun cuando sus imágenes están pegadas por todas partes con avisos policiales de ‘Se busca’.
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Pero estas figuras de acción también pueden revelar un posible cambio de liderazgos en la banda. Se presenta el mismo Koki, junto con su lugarteniente, Carlos Alfredo Calderón Martínez, alias “El Vampi". Pero quien se creía el tercero al mando de la banda, Garbis Ochoa Ruiz, alias “El Garbis", y otros lugartenientes más brillan por su ausencia.
En lugar de eso, la colección incluye a “Delcy” e “Iris V” —una posible manera de burlarse de la vicepresidenta Delcy Rodríguez y de la vicepresidenta de la Asamblea Nacional, Iris Varela.
Rodríguez tuvo una participación esencial en la cesión de control territorial a El Koki en 2017, como parte de la controvertida política de las “Zonas de Paz”, mientras que Varela es conocida por sus turbios arreglos con los jefes de las bandas carcelarias, conocidos como pranes, durante el tiempo en que fungió como ministra de prisiones, entre 2011 y 2020.
Muy convenientemente las figuras se exhiben junto a las velas devocionales.
Análisis de InSight Crime
Con peinados voluminosos de color rubio y camisetas cortas de color rosa, las figuras están lejos de tener un parecido real con el Koki y sus supuestos padrinos políticos. Pero la burlona estrategia de mercado es un testimonio de cómo este capo se está haciendo un lugar en el folclor criminal de Venezuela.
Los modelos tienen su origen en la leyenda contracultural de Caracas sobre la corte malandra —un culto espiritualista que rinde adoración a un grupo de bandidos míticos. Los pandilleros actuales apelan a estos espíritus criminales en busca de protección cuando se enfrenta las fuerzas de seguridad, bandas rivales o sentencias de prisión.
En el centro de la corte malandra está Ismael Sánchez. Se dice que “Ismaelito” fue un ladrón de un barrio marginal de Caracas, que robaba a los ricos para repartir a los pobres, y al momento de su muerte fue llamado al servicio de la diosa indígena María Lionza, según relata El Estímulo.
El reencauche de este sincrético Robin Hood bajo el nombre de El Koki es un reconocimiento de la imagen que proyecta Revete como defensor de los pobres de la ciudad de Caracas. Pese a sus prácticas de violencia y extorsión, algunos ven al capo como un benefactor de la comunidad Cota 905, frente al olvido estatal. En el distrito, El Koki se ha dado a conocer por organizar fiestas para todos los residentes y distribuir alimentos y juguetes.
Por otro lado, la etiqueta satírica de dos miembros de la banda del Koki con los nombres de Delcy Rodríguez e Iris Varela es una muestra de la reputación de estas políticas como protectoras y facilitadoras de los líderes de la banda.
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Los cultos en torno a “santos” del mundo criminal son comunes de la narcocultura en toda Latinoamérica.
Tal vez el más conocido de estos sea Jesús Malverde, un malevo del siglo XIX en Sinaloa, norte de México, que hoy se venera como narcosanto o “ángel de los pobres”.