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Hachís, 'wax' y aceite de THC: la diversidad de mercados de marihuana en América Latina

CHILE / 25 AGO 2021 POR ALESSANDRO FORD ES

Una serie de redadas e incautaciones de drogas en toda América Latina han demostrado que los productos de marihuana de alto poder, que antes estaban dirigidos a ciertos nichos, se están estableciendo en los mercados de drogas de la región.

Estos productos, conocidos como “concentrados”, utilizan técnicas de separación mecánica o química para obtener formas mucho más potentes de marihuana mediante la extracción de altos niveles del principal ingrediente psicoactivo de la droga: el tetrahidrocannabinol (THC).

Así, mientras que la marihuana barata y de baja calidad que se cultiva abundantemente en México y Paraguay suele contener entre 2 y 10 por ciento de THC, estas formas concentradas de marihuana contienen entre 20 y 30 por ciento en el caso del “hachís” o resina de marihuana, y del 60 al 90 por ciento en el caso de extractos muy procesados como el “aceite de THC” o el “wax” (“cera”).

Los resultados son diversos, pero se combinan para formar una economía criminal que se desarrolla rápidamente. Desde el aceite de THC, supuestamente producido por los carteles en el desierto mexicano, hasta la ruta internacional del tráfico de hachís a través del principal aeropuerto de Paraguay, estos productos se están volviendo cada vez más atractivos para el crimen organizado latinoamericano. Su bajo peso y alto valor hacen que sea más fácil obtener mayores ganancias de esta droga, cuya producción es la más barata del continente.

A continuación, InSight Crime examina cinco países que van a la vanguardia en este sentido.

México

El pasado mes de mayo, como informó el medio local Zeta Tijuana, la policía mexicana desmanteló una cocina de drogas clandestina que producía “wax” en la ciudad de Ojos Negros, estado de Baja California. Ese mismo mes, las autoridades del estado de Chihuahua desmantelaron un laboratorio de drogas que, entre otras, producía wax y aceite de THC.

Ambas operaciones fueron pequeñas, pero dan cuenta de una ola del crimen organizado mexicano, que ha descubierto al potencial de los productos de marihuana de alto poder, como señala la Evaluación Nacional de Amenazas de las Drogas 2020, publicada por la oficina de Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés).

“Como respuesta a la creciente demanda de productos concentrados de marihuana en Estados Unidos, [las organizaciones criminales transnacionales] de México han comenzado a producir y traficar aceite de THC”, señala el informe de la DEA.

Por ejemplo, “entre mayo de 2019 y enero de 2020, se realizaron cinco incautaciones de aceite de THC en el corredor oeste del desierto de Arizona, por un total de 275 kilogramos. En cada caso, el aceite de THC era transportado por mochileros a través del desierto oeste de Arizona”.

Esto contrasta con la práctica tradicional de utilizar mochileros para contrabandear plantas de marihuana. Sin embargo, según una investigación de CBS5 en 2019, este cambio tuvo sentido desde el punto de vista financiero por varias razones.

No solo se trata de una forma de marihuana inherentemente más compacta y de alto valor —comparable a traficar cocaína en lugar de hojas de coca—, sino que, después de la legalización de la marihuana y posteriormente de su producción en varios estados de Estados Unidos, también significó poder procesar marihuana mexicana, menos apetecida y de menor calidad, para transformarla en un nuevo producto que los consumidores estadounidenses estaban demandando.

Su precio exacto aún se desconoce: un informe de CBS5 señala que aproximadamente 115 kilos de hierba de marihuana producen unos 10 kilos de aceite de THC crudo, que una vez refinados valen entre US$80.000 y US$100.000. Otro medio estadounidense pone un precio mucho más alto, y estima que un paquete de 19 kilogramos, una vez procesado y vendido al por menor en vapeadores, puede generar hasta US$500.000.

En México hay además un mercado más pequeño y menos lucrativo de concentrados de marihuana. Este año se han incautado varios kilos de hachís en aeropuertos mexicanos; y ya en 2018 se sabía que La Unión Tepito vendía hachís y cera en la Ciudad de México.

Honduras

En junio, según La Información, las autoridades hondureñas descubrieron otra cocina de procesamiento de wax en la capital del país, Tegucigalpa.

El medio informó que, si bien la venta y el consumo de la droga comenzaron hace varios años, el aumento de las admisiones hospitalarias indica que su uso ha aumentado en 2021. InSight Crime no pudo verificar esta información.

En el país ya se habían descubierto instalaciones de producción de wax desde por lo menos 2016, y los correspondientes grupos de microtráfico dedicados a su expendio fueron identificados en 2017. Para entonces, la droga ya estaba de moda, como afirma Yuri Mora, portavoz del Ministerio Público de Honduras.

“El wax se vende en el mercado local a US$150 el gramo. [La] Dirección investigó y verificó que se vende en fiestas electrónicas [organizadas por estudiantes] de escuelas de clase media y alta”, dice Mora en un informe de El Universal de México en 2016.

Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos o México, dado el precio aparentemente astronómico de la droga, es muy poco probable que en Honduras se amplíe la base de consumidores más allá de los jóvenes ricos o conocedores de la marihuana, y que quede relegada a la periferia de los mercados nacionales de drogas.

En menor medida, lo mismo podría ocurrir con el hachís, que, si bien parece ser una de las drogas “sintéticas” más populares en Honduras, no cuenta con zonas de producción cercanas ni con enormes mercados regionales de marihuana.

Perú y Chile

El 13 de julio, el medio peruano La República informó que las autoridades nacionales habían hecho su primer descubrimiento de una cocina de procesamiento de wax en Santiago de Surco, un distrito de Lima.

El mismo medio señala que el general Jorge Angulo, de la Policía Nacional de Perú, dijo a la prensa que el químico encargado de dicho laboratorio había viajado a Chile para aprender a hacer concentrado de marihuana, y que un gramo de wax costaba alrededor de US$25.

Sin embargo, aunque esta haya sido la primera planta de producción desmantelada en Perú, es probable que no sea el primer caso de tráfico de wax —o por lo menos es el primero del que las autoridades han tenido conocimiento.

En septiembre de 2020, dos personas provenientes de Perú fueron detenidas en la frontera chilena; la aduana les encontró más de un kilo de hachís escondido en tres botellas de champú, según informó La República. La droga era una “emulsión viscosa y amarillenta” —lo que difiere completamente del hachís, que es un comprimido sólido color marrón.

Por eso es mucho más probable que esta droga fuera wax, y por tanto representaría la primera incautación de este tipo en la historia de Chile. Para marzo de 2021, las autoridades chilenas anunciaron el primer caso de tráfico de aceite de THC en su país, cuando desmantelaron un grupo del estado de California, Estados Unidos, que importaba vapeadores llenos de la droga.

Ese mismo mes, la Armada de Chile realizó su mayor incautación de drogas en los últimos 20 años, cuando descubrió, entre otras drogas, 442 kilos de marihuana de alto poder, incluido wax, en un barco pesquero peruano. En abril, en Concepción, Chile, se anunció la que sería la segunda incautación de aceite de THC en el país, nuevamente en vapeadores.

Chile ha sido por mucho tiempo un importante destino para los traficantes de marihuana suramericanos, que ya cuentan con una clientela para la marihuana “cripy”, variedad de alto poder que se cultiva en Colombia. Este parece ser un mercado de gran potencial para los productores extranjeros de concentrados de marihuana, ya sea en Perú o en Estados Unidos.

Paraguay

El pasado mes de julio, funcionarios del Aeropuerto Internacional Silvio Pettirosi de Paraguay inspeccionaron un paquete procedente de California que contenía una estufa portátil. En ella descubrieron cinco paquetes de marihuana con alto contenido de THC “de consistencia pastosa y coloración oscura”, y con “sabores a fruta añadidos”.

Aquella parecía una confiscación aduanera como cualquier otra, pero las autoridades aeroportuarias habían hecho una incautación casi idéntica el mes anterior: más de 3 kilogramos de la llamada marihuana “jugo de limón” ocultos en latas de duraznos procedentes de California. En noviembre de 2020, se repitió la escena: al menos 17 kilogramos de “marihuana VIP” y “jugo de limón” en latas de duraznos de California.

Esto hizo parte de la Operación “Gorilla Blue” en septiembre de 2020, que tenía como objetivo un grupo que operaba cultivos caseros de marihuana en las ciudades de Asunción y Fernando de la Mora, en donde se producía lo que las autoridades denominan “marihuana VIP”: una variedad de marihuana genéticamente modificada con niveles de THC de 20 a 30 por ciento.

En el video de la “marihuana VIP” encontrada en noviembre de 2020 se ve un elemento sólido pardusco desmenuzado, por lo que probablemente no se trate de hierba de marihuana de alto poder, como la marihuana “cripy”, sino de hachís.

Paraguay es uno de los principales productores de plantas de marihuana en el mundo, y abastece a los vastos mercados brasileños y argentinos. Sin embargo, aparentemente debido a la demanda del mercado en Brasil, la producción de hachís ha surgido recientemente en el estado fronterizo de Amambay, que ya produce plantas de marihuana con concentraciones de THC comparativamente altas; además, cada vez se incautan más kilos de hachís junto con los paquetes de yerba. También se ha descubierto que los laboratorios de procesamiento de cocaína fabrican hachís.

Es comprensible que los productores se sientan atraídos por el hachís, dado que, como afirman las autoridades antidrogas de Paraguay, un kilo de esta droga se vende en el país por US$500, mientras que un kilo de yerba tradicional cuesta US$30. Ese precio se multiplica varias veces una vez que la droga cruza la frontera y se fragmenta para ser vendida al por menor.

En cuanto a la marihuana californiana “jugo de limón”, las autoridades paraguayas afirman que su costo “excede el de la cocaína”, y según el medio ABC News, la policía dice que se transa por US$4.000 el kilo.

Al parecer, el destino final de la droga es Brasil o Argentina, y las autoridades creen que las continuas incautaciones en aeropuertos indican que los traficantes están haciendo pruebas para establecer una ruta aérea hacia la conocida Triple Frontera.

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