Arresto de capo panameño muestra ambiciones internacionales de pandillas

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Una operación binacional afirma haber disuelto una de las organizaciones criminales más buscadas de Panamá, y pone al descubierto una intrincada red de narcotráfico que indica que las pandillas locales podrían estar dando un salto al crimen transnacional organizado.

El 6 de septiembre, autoridades panameñas y la policía colombiana capturaron a uno de los hombres más buscados de Panamá, Héctor Moisés Murillo Barberena, conocido con diferentes alias, como “Moi”, “El Pulpo” y “El Viejo”.

Un comunicado de la Policía Nacional de Colombia señaló que el hombre de 40 años era el cabecilla de la banda Kill the Nasty, y tenía estrechos vínculos con figuras importantes de la organización criminal colombiana Los Urabeños, como Dairo Antonio Úsuga, alias “Otoniel“, Roberto Vargas Gutiérrez, alias “Gavilán”, y Carlos Antonio Moreno Tuberquia, alias “Nicolás“.

Según El Tiempo, las autoridades determinaron que Los Urabeños abastecían de cocaína a Kill the Nasty enviándola por barco de la costa Pacífica de Colombia a Panamá. Allí, Kill the Nasty coordinaba con organizaciones mexicanas el traslado de los narcóticos fuera del país centroamericano, según el medio noticioso.

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Durante una investigación llamada en clave “Operación Omega”, de ocho meses de duración, se interceptaron 10 cargamentos de cocaína en Panamá, para un total de más de 4 toneladas. Los investigadores descubrieron que los cargamentos ilícitos que ingresaban a Panamá eran transportados a los puertos de Balboa, Manzanillo, Colón y Cristóbal, desde donde se contrabandeaban a México, Estados Unidos y España.

Murillo fue arrestado junto con otros 18 sospechosos de pertenecer a la red narcotraficante. Entre los detenidos había sospechosos identificados con los alias de “Jeimar” y “Betty” —de ciudadanía colombiana, que según la policía suministraban cocaína a la organización de Murillo—.

Dos individuos de nacionalidad india fueron capturados también por su presunta participación en el lavado de las ganancias ilícitas de Kill the Nasty, mientras que un panameño identificado como “M.M.” fue acusado de sobornar a las autoridades para evadir los controles.

Las autoridades colombianas también notificaron el decomiso de dos armas de fuego, 14 propiedades y 150 vehículos. El Tiempo informó que el grupo usaba un concesionario automotriz como empresa fachada.

Murillo ya había sido detenido en Panamá en febrero de 2012 por el asesinato de una profesora en un tiroteo de la pandilla. Sin embargo, quedó en libertad en junio de 2015 después de que se declarara inválida su detención en un fallo judicial, que el presidente panameño Juan Carlos Varela calificó de sospechoso.

En 2014, notas de medios locales afirmaron que Kill the Nasty había sido desmantelada luego de la captura de su presunto cabecilla Jorge Zurita, alias “Pibe”. En ese tiempo, las autoridades señalaron que el grupo desarrollaba actividades de narcotráfico en colaboración con la organización guerrillera Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Análisis de InSight Crime

La detención de Murillo ilustra varios aspectos de la evolución de la dinámica criminal local en Panamá. En los últimos años, las pandillas callejeras del país han ido consolidándose en dos bloques rivales principales: “Bagdad” y “Calor Calor”. Kill the Nasty es una de varias bandas que operan en Panamá, y algunos informes señalan que es una facción de Calor Calor.

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La descripción de la red criminal de Murillo parece confirmar informes anteriores que indican que los criminales panameños están manejando las llamadas “oficinas de cobro“. Esas organizaciones ofrecen servicios, como protección de rutas de drogas y asesinato a sueldo para otros grupos criminales, y actúan como puente entre organizaciones criminales colombianas, como Los Urabeños y traficantes que llevan estupefacientes a otros destinos, según un informe de 2014 (pdf) del Sistema Nacional Integrado de Estadísticas Criminales (SIEC) del Ministerio Público de Seguridad de Panama.

Sin embargo, la amplia red puesta al descubierto por la Operación Omega cuestiona sí los grupos panameños siguen actuando simplemente como prestadores de servicios para organizaciones criminales colombianas y mexicanas, o sí han comenzado a establecer sus propias operaciones de tráfico transnacional.

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