Ataque con granadas en Colombia aumenta el espectro de una nueva guerra de esmeraldas

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El hombre que se cree que ha reemplazado al “Zar de las Esmeraldas”, Víctor Carranza, como la figura más poderosa en el comercio de esmeraldas en Colombia, ha nombrado a sus rivales como los culpables de un reciente intento de asesinato, moviendo a Colombia más cerca de una nueva “guerra verde”.

El 9 de noviembre, cuatro personas murieron y nueve resultaron heridas en un ataque con granadas en la región minera de esmeraldas de Boyacá, que las autoridades creen que estaba dirigido a Pedro Rincón, alias “Pedro Orejas”.

En entrevistas de radio, Rincón culpó a enemigos en el comercio de esmeraldas del ataque, sugiriendo que los clanes Murcia y Cañón eran los culpables más probables.

Rincón agregó que no cree que la familia de Víctor Carranza, quien hasta su muerte en abril había dominado el comercio de esmeraldas, hubiera estado detrás de la violencia. Agregó que otra familia minera de esmeraldas, los Molina, también estaban rompiendo el pacto entre los principales clanes de esmeraldas y estaban buscando expandir su influencia.

Análisis de InSight Crime

El comercio de esmeraldas de Colombia, ligeramente regulado, ha sido un sector que durante mucho tiempo se ha extendido sobre la línea entre los mundos legales e ilegales. Las ventas reguladas representan sólo una fracción de las ganancias que se ofrecen, con las ventas ilegales y las oportunidades para lavar las ganancias de la droga siendo la verdadera atracción para muchos.

Durante décadas, el comercio incontrolado ha atraído a personajes oscuros, desde el propio Carranza, que era sospechoso de operar su propio ejército privado y de tener vínculos con los grupos paramilitares, y narcotraficantes como Pablo Escobar y su socio José Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”.

La mezcla explosiva de poderosos criminales y enormes ganancias condujeron a una frecuente carnicería, que estalló en los años ochenta en una serie de “guerras verdes”, las cuales cobraron la vida de más de tres mil personas.

En 1990 se negoció un acuerdo de paz entre Carranza y otros actores importantes en el comercio de esmeraldas, que frenó la violencia y dejó a Carranza con un firme control sobre el sector y un papel fundamental como garante de la paz.

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Incluso antes de la muerte de Carranza había señales de que esta paz se estaba fracturando, y en uno de sus últimos actos, Carranza escribió a su principal rival Rincón –a quien culpó por un asesinato y unos ataques– rogándole respetar el acuerdo de paz.

Sin Carranza en el panorama, se cree ampliamente que Rincón es la figura más poderosa en el comercio de esmeraldas. No obstante, su influencia es insignificante en comparación con la de Carranza, y han aumentado los temores de que clanes rivales desafiarán su estatus. El último atentado reivindica estos temores, y bien puede llegar a ser la salva de apertura de una nueva “guerra verde”.

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