Bandas dedicadas a la extorsión en Honduras sufren una violenta crisis de liderazgo

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La policía de Honduras dice que las medidas para bloquear la señal de celular en las prisiones, ha debilitado el control de los líderes encarcelados de las pandillas dedicadas a la extorsión, lo que ha conducido a un aumento en la violencia, a medida que las pandillas se fragmentan y los operadores de nivel medio compiten por el control del mercado.

Oficiales de la unidad anti-extorsión de la policía de Honduras dijeron a El Heraldo que muchos líderes de pandillas han perdido el control de sus subalternos en libertad, debido al aislamiento generado por el bloqueo de la señal de los celulares en las cárceles.

Según la policía, pandilleros de menor nivel han estado manejando sus propias operaciones de extorsión no autorizadas, además de retener dinero de sus líderes. Esto ha provocado la fragmentación de algunas de las principales pandillas dedicadas a la extorsión, así como los asesinatos por venganza debido a deudas de dinero.

Un problema adicional es que los pandilleros que están en libertad tienden a ser mucho más jóvenes, menos experimentados y más propensos a cometer errores que los líderes, según la policía.

Las tres principales pandillas detrás de la extorsión en Honduras fueron la Mara Salvatrucha (MS13), Barrio 18 y Los Chirizos. Sin embargo, en los últimos meses Los Chirizos se han fragmentado y grupos disidentes están compitiendo por lo que era su territorio.

Análisis de InSight Crime

Luego de que las autoridades hondureñas comenzaran a bloquear la señal para teléfono celular en febrero, el gobierno afirma que las extorsiones bajaron un 75 por ciento, ilustrando hasta qué punto los prisioneros han estado controlando este crimen en Honduras. Sin embargo, estas operaciones de extorsión requieren de personal fuera de las cárceles para recolectar los pagos y llevar a cabo ataques contra aquellos que no paguen.

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Por esta razón, era muy probable que el aislamiento de líderes en prisión tuviera efectos secundarios. Aquellos en libertad han visto la oportunidad de aumentar su propio poder y de recibir una parte de las ganancias, incitando a la violencia mientras los líderes tratan de retener el control y grupos disidentes luchan por una parte del territorio de la organización.

Este patrón es común en todas las áreas de crimen organizado. Las políticas de decapitación que remueven a los principales líderes a menudo provocan un aumento en la violencia y el caos, mientras operarios de nivel medio luchan por los ingresos criminales que alguna vez fueron controlados por una organización unificada.

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