Brasil considera despenalizar las drogas

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La Corte Suprema de Brasil ha comenzado a discutir posibilidad de despenalizar el consumo personal de drogas, una importante medida que podría ser de gran ayuda para descongestionar el sobrepoblado sistema penitenciario del país.

El 19 de agosto, la Corte Suprema de Brasil comenzó a debatir el caso de un recluso en una cárcel de São Paulo que fue acusado por la posesión de tres gramos de marihuana, informó Associated Press. Los abogados del preso impugnaron la acusación, asegurando que el veredicto violaba el derecho a la privacidad, que es protegido por la Constitución de Brasil.

El fallo de la Corte Suprema podría despenalizar la tenencia de drogas en Brasil, uno de los últimos países en Latinoamérica donde todavía es considerado un delito penal, según Associated Press. En 2006, una serie de reformas despenalizaron parcialmente el consumo de drogas y proporcionaron penas alternativas a la prisión, como la rehabilitación y el servicio comunitario.

El fiscal general de Brasil, Rodrigo Janot, ya se ha manifestado en contra de las posibles reformas. Janot dijo que los grupos criminales simplemente empezarían a traficar cantidades más pequeñas con el fin de eludir penas más severas, informó Estadão.

Análisis de InSight Crime

Si Brasil despenaliza totalmente la posesión de drogas, esto podría dar lugar a una reducción considerable en la población carcelaria del país, la cual, según cifras del gobierno, actualmente representa casi el doble de la capacidad máxima de reclusos. Además del frecuente uso de la detención preventiva, la dura legislación contra las drogas en Brasil también ha contribuido al alto nivel de hacinamiento penitenciario.

La legislación actual de drogas en el país les otorga a los tribunales discrecionalidad para diferenciar entre un consumidor y un traficante de drogas, lo cual implica una pena mínima de cinco años de prisión. Esto habría llevado a que muchos consumidores hayan sido condenados como traficantes de drogas. Según el Transnational Institute, el porcentaje de reclusos en prisiones brasileñas encarcelados por cargos relacionados con drogas aumentó de menos del 10 por ciento en 2005 (el año previo a la reforma de la ley de drogas) a casi el 20 por ciento en 2009.

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Las estrictas leyes de drogas están estrechamente relacionadas con la sobrepoblación carcelaria en los países de la región. “En toda Latinoamérica, las políticas de drogas son un factor primario que alimenta […] las crisis poblacionales en el sistema penitenciario”, le dijo recientemente al Christian Science Monitor Coletta Youngers, investigadora principal en la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA por sus iniciales en inglés).

Sin embargo, la abierta oposición del fiscal general Janot a la despenalización de las drogas es indicativo del tipo de resistencia que enfrentan este tipo de reformas. En muchos sentidos, esta tensión en Brasil refleja un panorama de la política antidrogas generalizado en de toda Latinoamérica. A pesar de varios logros notables para los defensores de la reforma de la política de drogas en los últimos años, muchos gobiernos han continuado abordando el consumo de drogas como un crimen, en lugar de considerarlo un problema de salud pública.

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