Chile militariza guerra contra las drogas a pesar de malas experiencias en la región

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El gobierno de Chile ha enviado su ejército a la frontera norte del país con el fin de detener el flujo de drogas que abastece el creciente mercado interno. Es una estrategia muy similar a las que han tenido inconvenientes graves en otros países latinoamericanos.

A principios de julio, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, ordenó el despliegue de tropas en las fronteras del país con Perú, Bolivia y Argentina. Según un comunicado de prensa oficial, el mandatario dijo que las fuerzas armadas ayudarán a la policía de frontera en tareas de vigilancia y logística, además de proporcionar apoyo tecnológico.

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Piñera sustentó su decisión de recurrir a las fuerzas armadas aduciendo que estas se requieren “para prevenir el inmenso daño que las drogas y el narcotráfico les causan a los niños, los jóvenes, las familias y a la sociedad [del país]”.

Según un comunicado oficial, la medida también se toma, entre otras razones, por el aumento en la producción de drogas en países vecinos, el repunte de las incautaciones de drogas en Chile, y las porosas fronteras terrestres y marítimas que facilitan el tráfico de drogas en el país.

Análisis de InSight Crime

La decisión del presidente de Chile de desplegar el ejército para combatir el narcotráfico es preocupante, sobre todo si se tiene en cuenta el fracaso que esta táctica ha tenido en toda la región.

El consumo de drogas ha estado aumentando en Chile. Un informe de 2019 de la Organización de Estados Americanos (OEA) indica que uno de cada cuatro jóvenes de secundaria ha consumido drogas. Según el informe, el país figura además como el cuarto consumidor de cocaína per cápita en la región, solo por debajo de Estados Unidos, Uruguay y Argentina.

Por otro lado, Chile ha sido tradicionalmente uno de los países más seguros de América Latina, por lo que la decisión de militarizar los programas antidrogas parece aún más drástica, sobre todo si se considera que el ejército del país no tiene formación especializada para enfrentar a los narcotraficantes, como señala El Mostrador.

El ministro del Interior de Chile, Andrés Chadwick, indicó que él no estuvo de acuerdo con usar el ejército para esta función, y en un informe de CNN Chile señala que “las policías tienen las competencias, la preparación y el trabajo profesional para combatir el narcotráfico”.

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En países como Brasil, México y Colombia, los despliegues militares para combatir el narcotráfico no siempre han tenido los resultados esperados. Incluso a veces han llevado al aumento de la violencia. La militarización de la guerra contra las drogas en México acentuó el conflicto y condujo a un círculo vicioso de violencia. En 2018, Brasil volvió a desplegar tropas para “pacificar” las principales ciudades del país, pero el narcotráfico y los crímenes violentos aumentaron, o bien se reactivaron una vez las fuerzas del orden se retiraron.

Esta estrategia también puede implicar un costo para las fuerzas de seguridad. En México se presentó un aumento en las tasas de deserción del ejército cuando este fue desplegado para combatir el narcotráfico. Además, los soldados, entrenados para la guerra, han estado implicados en violaciones a los derechos humanos y en asesinatos extrajudiciales.

Por último, el propio ejército chileno ha sido acusado de corrupción. En 2018, la institución admitió que 900 oficiales habían estado vendiendo armas a narcotraficantes.

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