Coronavirus resquebraja la estructura del Barrio 18 en Guatemala

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La policía de Guatemala afirma que las presiones económicas producidas por el confinamiento a causa del coronavirus están profundizando las divisiones al interior de la pandilla Barrio 18, un síntoma de las debilidades estructurales que han afectado al grupo durante mucho tiempo.

Dado que gran parte de la economía guatemalteca ha estado cerrada desde que comenzó la pandemia de coronavirus a mediados de marzo, algunas pandillas han suspendido los cobros de extorsiones, lo cual ha afectado a los miembros de bajo rango del Barrio 18 que dependen de estos ingresos para llegar a fin de mes, según explica David Boteo, director de la División Nacional contra el Desarrollo de las Pandillas (DIPANDA).

La extorsión sistemática a empresas locales, al transporte público y a las tiendas de barrio, entre otras víctimas, es la principal fuente de ingresos de la pandilla, que cuenta con alrededor de 3.000 miembros activos y una vasta red de colaboradores repartidos en 19 de los 22 departamentos de Guatemala, según información de DIPANDA.

Necesitados de dinero, los pandilleros rasos están conformando grupos disidentes que se dedican a las mismas actividades criminales, pero ya no bajo la bandera de Barrio 18, dijo Boteo a InSight Crime.

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“Se han visto en la necesidad de salir a realizar asaltos, robos a camiones repartidores de productos, robos de vehículos, robos a domicilios”, dijo el director de DIPANDA. “Han querido extorsionar en lugares en que opera la pandilla, lo que implica ‘jugarse la vida’, porque lo hacen sin autorización”.

A diferencia de lo que ocurre en El Salvador, donde el Barrio 18 se ha dividido por mucho tiempo en dos facciones rivales, los grupos disidentes de la pandilla en Guatemala han seguido siendo hasta ahora actores criminales menores, según Mario Bosos, exasesor de DIPANDA.

No obstante, la policía antipandillas de Guatemala está concentrando sus esfuerzos en evitar una mayor fragmentación de las pandillas y el crecimiento de nuevas redes de extorsión, según informó Prensa Libre.

Análisis de InSight Crime

La cuarentena por el coronavirus en Guatemala parece estar acelerando las fracturas existentes en Barrio 18, una pandilla activa en toda Centroamérica y conocida por su estructura indisciplinada y descentralizada.

La pandemia ha puesto de relieve las frustraciones económicas que sienten los integrantes de la pandilla, muchos de los cuales están tratando de subsistir sin el sustento de las extorsiones, mientras que los líderes de las pandillas utilizan los ingresos de los negocios legales mientras la economía se reactiva, explica Boteo.

Estas tensiones no son nuevas, y ya estaban causando la fragmentación de la pandilla desde antes de que apareciera el coronavirus en Guatemala, como señala Mario Bosos.

El exasesor de DIPANDA le dijo a InSight Crime que los líderes del Barrio 18 comenzaron a perder autoridad después de que la mayoría de sus integrantes se resintieran por la falta de movilidad ascendente en el grupo, y la percepción de que los miembros de alto rango vivían en mejores condiciones carcelarias después de que las autoridades guatemaltecas comenzaran a llevar a los líderes a otras cárceles desde principios de la década de 2010.

Esa erosión gradual de la legitimidad de los dirigentes entre los miembros de rangos inferiores y la necesidad de supervivencia económica allanaron el camino para que surgieran grupos independientes, una dinámica que parece haberse acelerado por la desesperación económica provocada por los aislamientos debidos al Covid-19.

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Parece además que las necesidades económicas están por encima del respeto a los líderes de la pandilla, a pesar del riesgo de muerte que conlleva traicionarlos.

“Muchos [pandilleros rasos] fingen ya no ser miembros activos porque no comparten los lineamientos de la organización”, explica Bosos. Y agrega que los grupos separatistas ya casi igualan la cartera criminal de Barrio 18 y que “una vez tienen el control territorial, buscan la independencia”.

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