Corrupción alimenta los mercados negros en las cárceles de Guatemala

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La corrupción en las prisiones de Guatemala ha creado dentro de éstas un mercado negro en donde todo está a la venta, desde teléfonos celulares hasta transferencias de prisión; otra señal de la muy arraigada debilidad institucional en los sistemas penitenciarios de la región.

La corrupción y debilidad en el Sistema Penitenciario de Guatemala (SP) le han permitido a los presos establecer una brutal jerarquía, donde los reclusos que son capaces de imponer su voluntad sobre los demás, disfrutan de la mayor cantidad de privilegios, dijeron fuentes a La Hora.

Al entrar por primera vez a la cárcel, un preso es sometido a abusos físicos y sexuales. En algunos casos, sin embargo, pueden evitar que esto suceda pagando entre US$380 y US$ 640, informó La Hora.

Guardias y personal de las prisiones a menudo han sido denunciados por ser cómplices en este comportamiento y han sido acusados de aprovecharse del sistema. Según los informes, le cobran a los presos que se encuentran bajo medida de aislamiento por mal comportamiento entre US$12 y US$38 para salir y eliminar el incidente de su registro para evitar una estancia más larga en prisión. También ha habido casos de reclusos que pagan para ser transferido de una prisión a otra -a un costo de más de US$19.000- un proceso que involucra funcionarios de alto rango de la prisión, informó La Hora.

La corrupción también facilita la entrada de contrabando. Los teléfonos celulares, por ejemplo, están disponibles en las prisiones del país, pero pueden costar entre US$65 y US$380, y se utilizan para cometer extorsiones o planificar actividades criminales fuera de los muros de la cárcel.

Análisis de InSight Crime

El hacinamiento, la falta de recursos, la corrupción institucional y el crecimiento de las pandillas en las prisiones, han creado condiciones similares a las destacadas en Guatemala a través de Latinoamérica.

En muchos casos, las prisiones están controladas casi en su totalidad por los mismos presos, ya sea por los capos conocidos como “prans” en Venezuela, los grupos de prisioneros denominados “delegados” en Bolivia, o las pandillas que operan dentro y fuera de los muros de la prisión, como las “maras” de Centroamérica o el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho en Brasil.

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Estos presos, junto con funcionarios corruptos, supervisan lo que pueden ser enormes economías de prisión -en Venezuela, por ejemplo, se cree que el mercado negro de prisión produce cerca de US$3,7 millones al año. A veces, como con los pagos señalados en Guatemala, estas son economías internas, centradas en la venta de drogas o cobrando por todo, desdes camas hasta privilegios. Sin embargo, estas economías a menudo también se extienden fuera de los muros de la prisión. Esto es especialmente frecuente en Centroamérica, donde las pandillas, especialmente la Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18, hacen un amplio uso de los teléfonos celulares para cometer actos de extorsión.

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