Corrupción hace de cárceles en Perú lugares propicios para la criminalidad

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Los fiscales peruanos dicen que un grupo criminal cooptó a agentes judiciales y de policía, para continuar dirigiendo sus operaciones mientras cumplían sentencias de cárcel, lo que ilustra cómo la corrupción ha permitido convertir las cárceles en centros de actividad ilícita en todo Latinoamérica.

Fiscales especializados contra el crimen organizado denuncian que el grupo criminal conocido como “La Gran Familia”, pandilla implicada en una variedad de actividades criminales, corrompió a miembros de la Policía Nacional de Perú en un intento por obtener información de inteligencia y recuperar bienes confiscados, informó Diario Correo. Los fiscales están solicitando un juicio oral a 37 sospechosos que se cree pertenecían al grupo.

Interceptaciones telefónicas realizadas como parte de la investigación penal también revelaron que el grupo penetró el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), lo que según los fiscales permitió a la pandilla ingresar de manera ilícita estupefacientes, teléfonos móviles y otros artículos prohibidos.

Además, el líder en prisión de la Gran Familia, Ángel Román León Arévalo, alias “Viejo Paco”, presuntamente estableció contacto en la Corte Suprema de la ciudad norteña de Lambayeque para obtener sentencias favorables para miembros de su grupo. 

Numerosos secuaces de la Gran Familia han sido arrestados, pero por lo menos dos reconocidos miembros siguen prófugos de las autoridades, de acuerdo con Diario Correo. También se dice que el grupo ha cultivado relaciones con pandillas extorsivas en Colombia y Ecuador.

Análisis de InSight Crime

Manejar sus operaciones desde la cárcel ofrece muchas ventajas a los grupos criminales latinoamericanos. Por un lado, los grupos criminales suelen ganar control de hecho en estos lugares, lo que les permite consolidar su estructura organizacional sin enfrentar represalias violentas de sus rivales. Los grupos en prisión también se las han arreglado para proyectar su influencia en las calles; los criminales quieren estar en buenos términos con los jefes en la cárcel, pues sabe que hay buenas posibilidades de que tendrán que compartir el mismo espacio confinado en algún punto en el futuro.

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En el caso de la Gran Familia, al parecer el grupo dependía de la corrupción de las autoridades para la protección de sus intereses financieros y para garantizar acceso a artículos como teléfonos móviles, que usaban muchas veces para hacer llamadas extorsivas y realizar otro tipo de ilícitos. Pero el grupo no es el único que usa esta táctica, pues un gran número de llamadas extorsivas en países de toda la región salen de los muros de las prisiones.

Las brutales pandillas de la cárcel en Brasil, los cabecillas presos de las pandillas callejeras, o maras, de El Salvador, y los pranes o jefes en prisión, de Venezuela, son todos ejemplos de cómo el crimen organizado irónicamente ha prosperado en las instituciones creadas para castigar y reformar la conducta criminal.

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