Decomisos en Costa Rica indican creciente actividad en corredor de droga del Pacífico

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Desde que se inició 2020, importantes operaciones a lo largo de la costa oeste de Costa Rica han dejado casi 1.000 kilogramos de cocaína en decomisos, una muestra del aumento de las iniciativas nacionales por afrontar el trasiego de drogas en el Pacífico.

Descrito por el ministro de seguridad Michael Soto como un “día intenso de operaciones”, el 3 de enero las autoridades costarricenses y estadounidenses realizaron dos decomisos de drogas por separado.

El alijo más grande se descubrió durante un patrullaje de la guardia costera nacional en el Golfo Dulce en una lancha rápida encallada. En una casa cercana, las autoridades encontraron cerca de 700 kilos de clorhidrato de cocaína, un revólver, equipos de radio, varios teléfonos satelitales y rastreadores con GPS. Uno de los sospechosos, que huyó de la propiedad ante la llegada de la guardia costera, fue aprehendido más tarde en un control de carretera puesto por la policía nacional, como informó CRHoy.

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Otro operativo ocurrió en el océano Pacífico, a 116 kilómetros de la costa de la población de Quepos. Siguiendo avistamientos de un avión de búsqueda estadounidense, un barco patrulla de la guardia costera interceptó un semisumergible piloteado por tres ecuatorianos, que llevaba 300 kilos de cocaína. Este decomiso se registró como el segundo semisumergible capturado en aguas costarricenses en menos de dos semanas, luego de una operación similar el 25 de diciembre, según CRHoy.

Según Soto, en esta época no son raros los operativos a gran escala. “Desde el 25 de diciembre, hemos estado realizando una labor muy intensa, porque la experiencia nos dice que en los días festivos los criminales aprovechan para introducir y trasladar cantidades importantes de droga”, afirmó en una conferencia de prensa realizada el 4 de enero.

Análisis de InSight Crime

El hecho de que Costa Rica hiciera dos decomisos tan rápidamente en 2020 indica un posible redoble en los esfuerzos de las autoridades luego de que el año pasado se intensificara la atención sobre el país como punto de trasbordo de narcóticos. En su litoral Atlántico, el puerto de Limón fue llamado punto de salida para los narcóticos con destino a Europa y experimentó un crecimiento del flujo de drogas desde Honduras. En el litoral Pacífico, se descubrió que una red de pescadores había amasado grandes fortunas con el trasiego de estupefacientes costa arriba en “flotas de narcolanchas”.

Según las cifras oficiales, 2019 marcó un récord en decomisos de cocaína, con un total de casi 30 toneladas incautadas en noviembre, que representan un incremento de 20,9 por ciento sobre el mismo periodo de 2018.

Dicho incremento puede atribuirse a dos factores. Por un lado, mejorar la efectividad de los operativos antinarcóticos es una meta de seguridad a largo plazo para Costa Rica, para lo cual se incorporó al Plan estratégico institucional del país para el periodo 2019-2023. Como lo demostraron los operativos realizados el 3 de enero, Costa Rica no está sola: ha buscado la cooperación de organismos de policía nacionales y el apoyo de Estados Unidos, país que mantiene presencia de guardacostas en la región.

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De otro lado, Costa Rica ha ganado importancia como punto de transbordo en el narcotráfico internacional. Al igual que sus vecinos, los grupos criminales en Costa Rica han dado muestra de una creciente sofisticación, con el uso de dispositivos de comunicación con tecnología avanzada, GPS y semisumergibles para coordinar esfuerzas y evadir la detección. Al mismo tiempo, una creciente atención de los organismos de seguridad en las rutas caribeñas ha llevado a cada vez más traficantes a usar la costa Pacífica de Centroamérica.

Aunque los importantes decomisos realizados a comienzos de este mes representan un golpe importante contra estas economías criminales, también refleja una lamentable situación de seguridad en Costa Rica. La tasa de homicidios en el país alcanzó un récord de 12,1 por 100.000 habitantes en 2017, aunque bajó a 11,7 en 2018.

Ahora, el desafío para las autoridades es combatir el tráfico en dos frentes: contener la ruta dominante del Pacífico, sin perder de vista el Caribe y sus lucrativas conexiones con Europa.

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