Disturbios y fugas resaltan crisis del sistema penitenciario de Brasil

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Una reciente huelga de guardias de prisión en el noreste de Brasil provocó motines por parte de los presos, que posteriormente dieron pie a una fuga masiva —una caótica serie de eventos que llaman la atención sobre algunos de los problemas sistémicos de las instituciones correccionales del país—.

El viernes 20 de mayo, el sindicato de trabajadores de centros penitenciarios del estado de Ceará, en el noreste de Brasil, inició una huelga para exigir mejores condiciones laborales.

Según el medio local Tribuna do Ceará, el sábado 21 de mayo los guardias en huelga intentaron impedir las visitas de los familiares de los prisioneros, lo que provocó conflictos entre los guardias, la policía y los familiares de los reclusos afuera de las prisiones, además de generar motines dentro de varias instalaciones.

El sindicato decidió terminar la huelga el sábado en la noche, después de llegar a un acuerdo salarial provisional con el gobierno local.

Sin embargo, los motines continuaron por varios días, pues los prisioneros pedían atención por la grave situación de hacinamiento, entre otras quejas. El martes 24 de mayo los disturbios habían dejado un saldo de 18 muertos, algunos de los cuales sufrieron quemaduras que los dejaron irreconocibles, debido a los incendios iniciados durante los disturbios.

En medio del caos, las autoridades decidieron transferir a algunos reclusos a una prisión que aún estaba parcialmente en construcción. Por lo menos 20 de esos presos escaparon, lo cual generó pánico en un poblado cercano, en donde los residentes informaron que los fugitivos habían entrado a las casas a robar.

Los funcionarios locales han dicho que los motines se han detenido, pero no se sabe todavía el número exacto de prisioneros que escaparon y cuántos aún siguen sueltos.

Análisis de InSight Crime

La situación en Ceará es representativa de algunos de los grandes problemas a los que se enfrenta el sistema penitenciario de Brasil a nivel nacional —específicamente, una gestión deficiente y una delicada situación de hacinamiento—. Estos problemas parecen haberse combinado para crear una situación inestable en Ceará, que dio como resultado el caos que se presentó la semana pasada.

En su más reciente informe sobre derechos humanos en Brasil, el Departamento de Estado de los Estados Unidos señaló que “las malas condiciones de trabajo y los bajos salarios de los guardias de las prisiones” continúan siendo problemas en varias cárceles brasileñas, lo que con frecuencia contribuye a generar la corrupción que permite que pandillas como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho operen con relativa impunidad dentro de las cárceles.

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Además, las prisiones de Brasil están extremadamente sobrepobladas. Según el Instituto para la Investigación de Políticas Criminales (Institute for Criminal Policy Research), ubicado en Londres, hacia junio de 2014 el sistema penitenciario tenía más de 600.000 reclusos, cuando está diseñado para albergar uno 375.000. Como Human Rights Watch detalló en un reporte del año pasado, esto contribuye a las terribles condiciones en las que viven los reclusos, los cuales a menudo no tienen acceso a adecuadas condiciones de alimentación, albergue o atención médica.

Este hacinamiento también puede crear dificultades para las autoridades que intentan mantener el orden dentro de las prisiones. La violencia de las pandillas y los fatales motines como los que se presentaron recientemente en Ceará son frecuentes en Brasil.

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