EEUU trata de ponerse al día con estrategia de cooperación en el Caribe

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El nuevo plan de acción de Estados Unidos para el Caribe es una señal de que el principal país consumidor de estupefacientes ha comenzado a tapar el agujero de sus estrategias de seguridad y prevención del narcotráfico en la región.

El 21 de junio, Estados Unidos reveló un nuevo programa de ayuda, Caribe 2020: estrategia plurianual para mejorar la seguridad, la prosperidad y el bienestar del pueblo de Estados Unidos y el Caribe, para una región del continente americano que ha aumentado su importancia como centro del narcotráfico y punto de transbordo de droga en los últimos años.

La estrategia establece las prioridades del Departamento de Estado y de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus iniciales en inglés) “en las áreas de seguridad, diplomacia, prosperidad, energía, educación y salud”.

En el tema de seguridad, el plan es trabajar para “desmantelar las redes de tráfico ilícito, reforzar la seguridad marítima, enfrentar el crimen violento y organizado y ampliar el intercambio de información sobre amenazas entre los países”, según el Departamento de Estado de Estados Unidos.

Para lograr esto, el plan contará con la cooperación bilateral y regional, reforzando alianzas entre el gobierno y la sociedad civil, y fortaleciendo las instituciones de vigilancia del delito.

Análisis de InSight Crime

Con este nuevo enfoque, Estados Unidos finalmente está dando la tan necesaria atención a una región abandonada, que recientemente volvió a ganar enorme importancia en el negocio internacional de la droga.

Una reciente serie de decomisos de drogas de gran volumen confirma el aumento del tráfico: en marzo, la Guardia Costera estadounidense incautó casi 1,5 toneladas de cocaína en dos operativos en las Islas Vírgenes de Estados Unidos y en Puerto Rico, y en junio, las autoridades descargaron 1,1 toneladas de cocaína en Puerto Rico, decomisadas a traficantes dominicanos.

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Además de la mayor producción de coca en Colombia, la región del Caribe ha cobrado mayor importancia como centro de narcotráfico y punto de transbordo gracias, en parte, al aumento del narcotráfico transnacional en Venezuela. El movimiento de cocaína de sus costas occidentales a naciones del Caribe ha aumentado junto con la crisis política y económica que consume al país, que ha acentuado la delincuencia en todo el régimen y creado una mano de obra pobre, desesperada e impaciente, preparada para asumir grandes riesgos por dinero.

La investigación de InSight Crime en República Dominicana muestra que los venezolanos están reemplazando a los colombianos como mulas, que cargan el producto en vuelos o como tripulación de las innumerables lanchas rápidas que llegan a sus costas. Cuatro de las cinco lanchas rápidas que llegan a las costas de República Dominicana con cargamentos de cocaína ahora tienen venezolanos a bordo, según entrevistas con agentes de la fuerza pública en República Dominicana. Verny Troncoso, fiscal jefe a cargo de los casos de narcóticos para la provincia de Santo Domingo, comentó a InSight Crime que cada semana desde finales de octubre de 2016, los agentes han capturado de tres a cuatro venezolanos que llegan a los aeropuertos del país con estupefacientes ingeridos u ocultos en sus maletas.

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Se espera que las organizaciones criminales transnacionales en República Dominicana “sigan siendo una amenaza” para el mercado de drogas en Estados Unidos, según la Estimación Nacional de Amenazas por Drogas de 2016 de la Administración para el Control de Drogas (DEA por sus iniciales en inglés). Fuentes oficiales en la isla señalaron a InSight Crime que el país estaba manejando hasta 130 toneladas de cocaína al año, gran porcentaje de lo cual se destina a los mercados europeos.

Otro factor que está motivando el regreso de los traficantes al Caribe son otras iniciativas antinarcóticos en la región financiadas por Estados Unidos. Un enfoque en México, mediante la Iniciativa Mérida, y en Centroamérica, mediante la Iniciativa Regional de Seguridad para Centroamérica (CARSI) ha obligado a los narcotraficantes a buscar rutas menos vigiladas.

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